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Docencia y CSS


Mucho se ha dicho desde la publicación del estudio titulado "Envejecimiento sin crisis: Políticas para la protección de los ancianos y la promoción del crecimiento" por el Banco Mundial en relación con qué hacer con los sistemas de seguridad social alrededor del mundo. El diagnóstico es común entre todos, las alternativas son las mismas y sólo el transcurrir del tiempo probará si las reformas adoptadas por cada país resultarán oportunas y eficaces para prevenir la crisis en sus respectivos sistemas.
Luego de reconocer que los cambios económicos y demográficos ponían en peligro los sistemas vigentes basados en el reparto (el nuestro), ese estudio sugirió que los sistemas de seguridad para la vejez y crecimiento económico podrían descansar sobre tres pilares: primero, un sistema público, de participación obligatoria cuyo principal objetivo debe ser reducir la pobreza durante la jubilación; otro, que sería un sistema privado, también de participación obligatoria que promoviera el ahorro; y un último sistema de ahorro voluntario. De hecho, la gran mayoría de los países del mundo tenían y tienen los tres pilares, ya que cuentan con un sistema básico, administrado por el Estado, otro complementario, usualmente voluntario, funcionando en régimen de capitalización, administrado mayoritariamente por el sector privado, y dejan al arbitrio de los asegurados si desean realizar ahorros voluntarios. Menos de una docena de países descansan en el segundo pilar, con Chile como el más conocido y fuente de inspiración de todos los demás por haberlo adoptado en 1981.
En vez de ser interpretado como un diagnóstico e inventario de alternativas, el enjundioso estudio, primero en su clase, fue recibido como el recetario del Banco Mundial. Sin embargo, luego de casi una década de discusiones, ha quedado claro que más que un recetario el estudio tenía como objetivo servir de plataforma para promover un amplio debate que facilitara la consideración y adopción de reformas para prevenir la crisis que inevitablemente se produciría sin ellas.
Como bien apuntó en 1999 el principal economista del propio Banco Mundial y premio Nobel de economía en 2001, Joseph E. Stiglitz, las complejidades inherentes de todo sistema de previsión social nos advierten en contra de pensar que las mismas recomendaciones serían apropiadas para todos los países. Stiglitz, quien dedicó todo un estudio para advertir sobre los diez mitos macroeconómicos, microeconómicos y de política económica de las reformas fundamentadas en el segundo pilar, a saber, un sistema privado de participación obligatoria, reconoce que las reformas al sistema actual basado únicamente en el primer pilar (un sistema público de reparto, el nuestro) son necesarias. A cada país le corresponde analizar su sistema, reconocer sus deficiencias, estudiar los demás y adoptar una mezcolanza de medidas tendientes a evitar el colapso del sistema.
Los panameños llevamos al menos dos años analizando y discutiendo intensamente el tema. Todavía la información recabada y los análisis efectuados durante ese período no han sido compartidos a cabalidad con el resto del país. Ese proceso ha comenzado, pero tomará algo de tiempo lograr niveles de comprensión que permitan escoger alternativas inteligentemente con algun grado de consenso ciudadano. Todavía hay oportunidad para liderazgo, pero ahora lo que se requiere es docencia.

101 años de Panamá América

 
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