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¿Dónde está el Museo Antropológico?


En 1976, luego de ingente esfuerzo y gastos, el Instituto Nacional de Cultura inauguró el entonces llamado Museo del Hombre Panameño en la antigua estación del ferrocarril, a un costado de la Plaza 5 de Mayo.
Recuerdo perfectamente que en su discurso de ocasión, el primer director general del INAC, profesor Jaime Ingram expresó que la terminal de la vía férrea, signo de lo fugaz y transitorio, se convertía en hogar de los valores permanentes de la Nación panameña, entendiéndose por ello su historia y multivaria cultura.
Aún tengo vívida la imagen radiante de la doctora Reina Torres de Araúz en aquel acto inaugural. Tal era su júbilo que asperjaba con gotas de champán a sus inmediatos colaboradores porque se veía plasmado un sueño de décadas: dotar al hombre de Panamá de una visión de su recorrido de siglos, de las expresiones de las etnias que nos conforman, del entronque hispano-indígena, nuestra lítica, orfebrería y cerámica precolombinas.
El Museo del Hombre Panameño se convirtió pronto en centro de inquietudes intelectuales, generador de investigaciones de gabinete y de campo, promotor de los Symposia y Congresos de Arqueología, Etnografía y Etnohistoria de Panamá, de la Revista Hombre y Cultura, la Revista de Patrimonio Histórico...para qué seguir añorando lo que ya se fue y, al parecer, definitivamente.
Así estuvieron las cosas durante muchos años. Luego vino la infamante invasión, el Museo fue depredado y permaneció cerrado durante 19 meses. Cuando estuve al frente del INAC fue reabierto y, según reza la placa, la reapertura simbolizaba la reconstrucción de nuestro país luego de las épocas difíciles que nos asolaron.
Sin embargo- aquí viene el aspecto tétrico del Museo Antropológico, hace más de dos años que está cerrado, arguyendo "remodelaciones" que jamás se han hecho. El elegante edificio neoclásico, se halla sumido en el más completo abandono y los espacios entre las columnas son el dormitorio de orates, vagabundos y personas entregadas al vicio. Un muladar que desdice de nuestra condición de país soberano. Bien se hubiera podido remodelar la museografía sin clausurarlo, lo cual priva a propios y extraños de apreciar la riqueza cultural que aloja, especialmente a las jóvenes generaciones.
Cual señal contradictoria, aún brilla en letras doradas el nombre de Reina Torres de Araúz lo cual no es más que una afrenta a su memoria de panameña insigne, creadora del Patrimonio Histórico Nacional y quien entregó hasta su último aliento para impulsar las instituciones culturales en nuestro medio. Gracias a ella, Panamá fue conocido y reconocido fuera de sus fronteras, mencionado en los altos organismos de cultura por su labor y proyección inigualables.
Si se pasa en las noches frente al Museo, más parece una casa de espanto: sucio, en tinieblas, rodeado de basura, los polvorientos jardines marchitos, la fetidez que emana desde el pórtico.
Todo parece encaminado a desmantelar o dejar destartalada la instancia estatal encargada de velar por la integridad de nuestro patrimonio valorativo e histórico.
Cuando más debemos reafirmar la nacionalidad en las postrimerías del siglo XX y cuando más nos jactamos de la entrega del Canal y sus áreas adyacentes, se olvida que el elemento cultural es el que verdadera y hondamente nos define y afianza. Es como si la cultura fuera a la deriva, a tientas y sin claro derrotero.
La Constitución vigente y todas las Cartas Magnas anteriores insisten en que la cultura, y en ella la historia, los bienes patrimoniales, han de ser objeto especial de los esfuerzos del Estado. Un país pequeño y frágil no tiene dónde recurrir para encontrar su propio rostro sino sólo a su historia. Así estaremos en capacidad de demostrarle al mundo que nadie inventó Panamá y que constituimos una Nación con todos los atributos que tal condición exige.
Sería interesante conocer los emolumentos que perciben los funcionarios encargados del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz porque los resultados del trabajo han sido nulos, absolutamente nulos hasta el momento.
¿Cuándo se piensa devolver a esta institución su esplendor? Se ha apagado la lección de panameñidad que la insufló su autora y el equipo de museógrafos, historiadores, sociólogos, trabajadores manuales que estuvieron con Reina por años para dotar al país de la principal instalación museográfica.
La situación lamentable que contemplamos ha de ser subsanada cuanto antes. El personal ha de ser apolítico, entregado a la creación cultural y pensar más en Panamá que en intereses personales o de grupos.
¡Cuánto nos falta en Panamá un periodismo cultural, sensible a estos menesteres del espíritu y que denuncie tanto desafuero y anomalías!
Lo más curioso de todo es que las vallas gubernamentales que proclaman el nuevo Museo se refieren al "rescate" cuando deberían decir más bien hundimiento, negligencia, total descuido.
Y con esa flagrante deficiencia esperamos el nuevo milenio cuando Panamá perfecciona su independencia y soberanía. Por contraste, en cultura retrocedemos. El estado lastimoso del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz ofende la memoria de esa mujer excepcional y es una afrenta a cuantos creemos que mediante la historia y la cultura podemos reafirmar el futuro de la Nación con optimismo y confianza.

101 años de Panamá América

 
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