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Dos presidentes


En una transición de gobierno, todos lidiamos mentalmente con dos presidentes: el saliente y el entrante. El contraste es manifiestamente injusto, porque en un caso ya casi todo está en el pasado, que no se puede cambiar, y en el otro casi todo está en el futuro, que puede augurarse, pero no adivinarse, mas esto sirve para comenzar a evaluar a los dos mandatarios.

¿Qué tipos de hombres son? A mi juicio, el presidente saliente es un hombre calmado que evita los pleitos, mientras que el otro es un activista que no rehúye la confrontación directa y ve las crisis como posibilidades de ejecutar ‘su solución’. Uno me parece por momentos, inseguro y además capaz de cambiar sus posiciones, y el otro sagaz, a veces hasta el oportunismo.

En los primeros tiempos el presidente saliente tuvo aciertos indudables. Inició una reforma impositiva que era necesaria, pues el Estado por diversas limitaciones de recursos, incluso por despilfarro y corrupción, era débil para enrumbar el país con la política fiscal vigente.

Además manejó el referéndum de 2006 sobre el Canal, sensatamente, siendo aprobado por 76.83%. La participación de todo el electorado fue baja, 43.32%. Este resultado debe compararse con el referéndum de 1992 cuando votó únicamente el 40.1%. El electorado panameño responde poco a asuntos institucionales, pero en cambio en el caso del referéndum de 1998 cuando el presidente de turno buscaba la reelección a través de una consulta popular, la participación fue de 65.4%, demostrando así un alto interés si se trata de consultas que involucran directamente a personalidades políticas.

El presidente saliente contó con una plataforma política del partido más grande y probablemente el mejor organizado del país, mientras que el presidente entrante tendrá que gastar tiempo en negociaciones con los partidos que lo apoyan y nadie sabe cuánto durará esta alianza.

Se consideran logros del presidente saliente las obras viales importantes, la red de oportunidades, y la solución del déficit de la Caja de Seguro Social; lo que requirió su coraje para cambiar posición y asignarle al segundo vicepresidente la tarea de buscar consenso que obtuvo.

Por último, se hubiese podido mencionar el establecimiento de un tratado de libre comercio con Estados Unidos, cuyos términos eran más favorables que los obtenidos por Centroamérica. La Asamblea lo aprobó, pero el partido de gobierno cometió un error de cálculo al nombrar al presidente del Órgano Legislativo y entonces, el Senado no quiso ratificarlo; ahora exigen normas adicionales no acordadas originalmente.

Dejó de tomar decisiones difíciles pero necesarias, tales como la transformación de la educación y el transporte público; el reconocimiento de China Continental y el reforzamiento de la seguridad ciudadana a pesar de cuatro diferentes jefes de policía en su periodo.

El presidente saliente tuvo un frecuente acercamiento a la población y que en su modo de abordar a la gente era accesible y agradable a la vez. Lo que le ha permitido ser el segundo en preferencia de los presidentes que hemos tenido desde 1990 hasta la fecha.

El presidente entrante es una incógnita, incluso para la amplia mayoría que votó por él. Se presenta como un páterfamilias con respecto a la población más vulnerable. Si a su predecesor se le criticaba la falta de experiencia económica a éste se le ha endilgado la falta de experiencia social. Bueno sería si él resultara un practicante del Humanismo Cristiano preocupado por la deuda social, y esforzado cumplidor de muchas de sus promesas a favor de los pobres y de la clase media.

Nadie gobierna solo, todos necesitan un equipo que comparta sus objetivos; desgraciadamente los nombramientos anunciados plantean contradicciones: pocos poseen excelentes antecedentes, otros los presentan muy malos o bien no los tienen en el campo en que han sido nombrados. Esperamos que el presidente entrante tenga un juicio más certero que su antecesor sobre este tema y prescinda de algunos y promueva a otros según los frutos de cada cual. Debe atender a la lucha contra la corrupción, pues el actual gobierno no se acercó a la meta de “cero corrupción”. Habrá de cuidar que los cambios institucionales no desmantelen las obras eficaces de administraciones anteriores, y que la austeridad eficiente sea sello de su gestión.

Esta es la quinta transición en nuestra nueva democracia. Esperamos que todos los actores políticos de gobierno, de oposición e independientes demuestren la madurez que se expresa en el respeto mutuo y en el trabajo por lo que la Patria necesita: una Democracia con desarrollo incluyente y equitativo.

ariyan@cableonda.net

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