Educación: asunto de Estado
Hubo y hay razones presupuestarias que promovieron ese estancamiento. Si bien el anuncio del congelamiento del gasto público es una medida digna de aplauso, se debió hacer una excepción con la educación, disminuyendo otras erogaciones si así era necesario. No cabe duda de que la educación no es un gasto, sino la más rentable de las inversiones que nuestro país necesita realizar.
El mes pasado se realizó el Foro Nacional de la Educación Panameña por la Calidad, la Pertinencia y la Equidad, con los objetivos de establecer prioridades que orienten el diseño de políticas para una educación de calidad sostenible y proponer acciones que permitan impulsar mejoras cualitativas en el sistema educativo. En este cónclave, tanto la ministra de Educación como otros expositores coincidieron que el tema de la educación debe ser tratado como asunto de Estado, reiterando que no se puede manejar políticamente ya que esta es la base del verdadero cambio y del desarrollo del país.
Hasta allí, ¡bien! Desde la restauración de la democracia hace más de once años, las diversas administraciones han prometido darle a la educación un lugar destacado entre sus prioridades de gobierno. Pero, en la práctica, la realidad ha sido muy diferente. El sistema educativo ha resultado ser la Cenicienta entre los objetivos que preocupan a la dirigencia política, a pesar de las constantes manifestaciones en contrario.
La experiencia demuestra que en raras oportunidades la educación es considerada como algo urgente. Por ese motivo, gobernantes, legisladores y funcionarios, vuelcan casi todas sus actividades a la atención de lo mediático y de cuanto estiman es apremiante, mientras que sólo le dedican escaso tiempo y energías a solucionar los inconvenientes que padece la educación.
Mejorar el sistema educativo demandará un fuerte liderazgo político y otro claro y concreto programa de reformas. Es sabido que casi siempre la educación ha sido considerada prescindible, ornamental y postergable. Así se explicarían los insuficientes presupuestos que le suelen asignar. La educación, en tanto pieza fundamental del proceso de formación cultural, tiene que ser una preocupación constante del conjunto de la sociedad. Hay que adaptar los sistemas educativos a requerimientos progresivamente más y más complejos, que incluyen diversificadas y polivalentes demandas de formación apropiadas para satisfacer todos los parámetros exigidos por el desarrollo económico. Los países progresan sobre la base de la educación. Porque sólo ella forma a los pueblos y da carácter a sus determinaciones. Porque, además, sólo los pueblos educados son libres.
El mes pasado se realizó el Foro Nacional de la Educación Panameña por la Calidad, la Pertinencia y la Equidad, con los objetivos de establecer prioridades que orienten el diseño de políticas para una educación de calidad sostenible y proponer acciones que permitan impulsar mejoras cualitativas en el sistema educativo. En este cónclave, tanto la ministra de Educación como otros expositores coincidieron que el tema de la educación debe ser tratado como asunto de Estado, reiterando que no se puede manejar políticamente ya que esta es la base del verdadero cambio y del desarrollo del país.
Hasta allí, ¡bien! Desde la restauración de la democracia hace más de once años, las diversas administraciones han prometido darle a la educación un lugar destacado entre sus prioridades de gobierno. Pero, en la práctica, la realidad ha sido muy diferente. El sistema educativo ha resultado ser la Cenicienta entre los objetivos que preocupan a la dirigencia política, a pesar de las constantes manifestaciones en contrario.
La experiencia demuestra que en raras oportunidades la educación es considerada como algo urgente. Por ese motivo, gobernantes, legisladores y funcionarios, vuelcan casi todas sus actividades a la atención de lo mediático y de cuanto estiman es apremiante, mientras que sólo le dedican escaso tiempo y energías a solucionar los inconvenientes que padece la educación.
Mejorar el sistema educativo demandará un fuerte liderazgo político y otro claro y concreto programa de reformas. Es sabido que casi siempre la educación ha sido considerada prescindible, ornamental y postergable. Así se explicarían los insuficientes presupuestos que le suelen asignar. La educación, en tanto pieza fundamental del proceso de formación cultural, tiene que ser una preocupación constante del conjunto de la sociedad. Hay que adaptar los sistemas educativos a requerimientos progresivamente más y más complejos, que incluyen diversificadas y polivalentes demandas de formación apropiadas para satisfacer todos los parámetros exigidos por el desarrollo económico. Los países progresan sobre la base de la educación. Porque sólo ella forma a los pueblos y da carácter a sus determinaciones. Porque, además, sólo los pueblos educados son libres.