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Educación, Producción y Cultura


Una de las ideas más citadas en relación a las causas del desarrollo productivo es, sin duda, la educación. Es así que algunos economistas guiados hacia el análisis cuantitativo, como lo son Murice Obstfeld y Kenneth Rogoff, han llegado a señalar que hasta un tercio del producto interno bruto mundial está explicado por la calificación de la fuerza de trabajo. Para estos autores una tercera parte adicional se debería al número de trabajadores y el resto sería el resultado de la acumulación de medios materiales de producción. En la corriente dominante de la economía este proceso se entiende como uno de inversión en lo que esta denomina el capital humano, mientras que en las corrientes críticas se plantea el hecho de que la educación genera una fuerza de trabajo compleja, que al ser puesta en práctica da lugar a un trabajo complejo con capacidad de añadir más valor por unidad de tiempo que el trabajo simple no calificado. Es también un acuerdo entre los economistas que la mayor capacidad productiva de la fuerza de trabajo con calificación proviene, aun cuando no exclusivamente, del hecho de que la misma le permite incorporar conocimientos científicos y técnicos a quien la recibe. Más allá de estos elementos generales existen algunas consideraciones y elementos importantes que, desde nuestro punto de vista no están siendo tomados en cuenta en la llamada Reforma Curricular.

En primer lugar, si la idea es la de generar una capacidad productiva relativamente permanente entre quienes reciben el servicio de educación, entonces un contenido rico en conocimientos científicos resulta fundamental. Una educación que en realidad resulta ser un proceso de simple entrenamiento puntual pronto perderá su valor a medida de que las nuevas tecnologías desplacen a las anteriores. Además, no queda duda que egresados con una sólida formación en el método científico mostrarán una mayor capacidad de innovación tecnológica.

En segundo lugar, pensar en una dicotomía entre las materias de las llamadas ciencias duras y las de carácter humanista social y ético es un error. Estos últimos son contenidos de la enseñanza, sobre todo cuando esta es participativa, indispensable para una democracia sostenida en ciudadanos conscientes y con capacidad de defender sus derechos. Más aún, desde un punto de vista estrictamente económico algunos elementos de la cultura, tal como lo ha postulado James O´Connor, son fuerzas productivas. Es así, por ejemplo, que el sentido de unidad nacional, el objetivo de no volver a ser jamás una colonia, jugó un papel importante en el portentoso desarrollo de Corea del Sur, tal como lo destacó Alice Amsden. En la medida en que las ciencias sociales desarrollen un espíritu crítico y reflexivo se ampliará significativamente el número de personas con capacidad de innovación tecnológica, económica y social. Claro está, y esto posiblemente explica la actual posición del MEDUCA, se trata de una idea que no es bienvenida por quienes mantienen una posición conservadora frente al cambio social y aborrecida por quienes mantienen un visión fundamentalista.

101 años de Panamá América

 
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