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Educación y desempleo


Hace una década el desempleo era visto como consecuencia de una insuficiente inversión. De allí el esfuerzo de los gobiernos por destinar parte importante de sus presupuestos en el desarrollo de obras o programas que generasen muchas plazas de trabajo.
El problema que se evidenció al poco tiempo fue que los gobiernos demostraron ser pésimos administradores y peores ejecutores de obras y fondos necesarios para realizarlas. Surgió entonces una nueva política que consistía en que los gobiernos cedieran a la empresa privada la responsabilidad principal de hacer las inversiones que se materializaran en obras o servicios generadores de empleos.
En adelante, el Estado encomendaba al sector privado la construcción de carreteras, viviendas, represas y otras, procediendo incluso a la venta de sus empresas de servicios públicos (luz, agua, electricidad, teléfonos), en el entendimiento de que prestaría un mejor servicio, a menor costo, que en manos estatales.
Paralelamente, se concedieron incentivos y establecieron reglas más claras para estimular la inversión privada. En esta dirección, el gobierno ha hecho un esfuerzo tremendo por atraer inversiones, con ciertos resultados.
Sin embargo, las inversiones públicas y privadas y el crecimiento del Producto Interno Bruto no está teniendo el impacto inmediato esperado sobre una tasa de desempleo que en 1994 era de 15% y que cuatro años después, con mejores indicadores económicos, apenas ha descendido al 14%.
La respuesta nos la da el profesor y economista nacional, Juan Jované, director del Instituto de Estudios Nacionales (IDEN) de la Universidad de Panamá, cuando en entrevista publicada el domingo pasado en este diario, dijo que el problema está en la educación, dado que el 33% de las personas con trabajo "no tienen suficiente habilidad para levantar su productividad y el 75% de los desocupados carecen de habilidades" para conseguir un empleo.
Según Jované, hay que modificar la educación dual (teórica y práctica) y capacitar a la mano de obra ocupada para mejorar su productividad y permitirle oportunidades a mayores ingresos con los cuales pueda elevar su nivel de vida. El subempleo no es una alternativa de mejoramiento a mediano, ni largo plazo.
Bajo ese punto de vista, no es casual que los países asiáticos, en medio de su crisis económica, puedan lograr un crecimiento del Producto Interno Bruto de 6% en 1987, ni índices sociales superiores, si su escolaridad promedio más que duplica la de América Latina (14 contra 6 años), sin considerar la calidad que es de otro aspecto importante.
En fin, sólo una mayor y mejor educación puede hacer posible que las masas de desempleados y subdesempleados puedan tener oportunidad de una plena ocupación y vida mejor.

101 años de Panamá América

 
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