El caballero de marras
De tiempo somos testigos obligados, debido al despliegue desproporcionado con que algunos medios de comunicación le hacen eco, de las reapariciones del más reciente ex presidente. La última que nos ha regalado, me comprueba que el caso del caballero de marras es digno de un estudio sociopolítico para perfilar los síntomas de la que podría denominarse "resaca presidencial" o tal vez con más propiedad "ambiciones en vías de frustración". Siempre he tenido la convicción de que las recientes actuaciones de nuestro personaje confirman, cada vez que vuelve a la palestra, que hay básicamente dos o tres clases de políticos: los que no se envanecen con el triunfo y conservan el atributo de la humildad, los que reconocen sus errores y los que son capaces de aceptar y superar una derrota electoral.
El sistema electoral panameño no exige como en otras latitudes mayorías calificadas y tampoco contempla la doble vuelta. En esas circunstancias, la victoria relativa es legalmente válida.
En 1994, el señor Pérez Balladares se alzó con un precario triunfo electoral, pues sólo fue respaldado por el 33% del electorado, debido a que las fuerzas que lo adversaban y que representaban a la mayoría del país concurrieron divididas a la contienda electoral. Pero como la humildad no abunda y está muy lejos de adornar al caballero de marras, ese hecho no le importó y su mandato fue un despliegue permanente de prepotencia y de soberbia, que llegó hasta el extremo de pretender perpetuarse en el poder, llevando al país a un referéndum absurdo que perdió de manera aparatosa.
¿Qué pudo llevar al señor Pérez Balladares a considerar que podía salirse con la suya, a pesar de su falta de representatividad y de que el fracaso de su gobierno era evidente? La respuesta es que no entendió que sus despliegues propagandísticos nunca engañaron al pueblo, que desde el principio lo caló en su exacta dimensión. Su gobierno, por donde se le mire, fue una suma de fracasos, a pesar de haber recibido la administración pública en mejores condiciones que ningún otro gobierno de nuestra historia republicana. Su incompetencia trató de esconderla, achacándole sus errores al gobierno de Endara y beneficiándose, sin tener la hidalguía para aceptar que los recursos que utilizó para su única obra conocida, que fue la rehabilitación de la red vial, fueron el producto de las gestiones de su predecesor, que limpió el crédito de la República y pagó las deudas que el propio Pérez Balladares contribuyó a acumular cuando era parte del equipo económico de la dictadura.
La aventura reeleccionista y su estruendoso fracaso, que le costó al país varios millones de dólares, aparentemente no le enseñó nada a don Ernesto, quien de tiempo en tiempo vuelve a las andadas. Su sueño de volver a encumbrarse en el poder le sigue deformando su percepción de la realidad. Las últimas sandeces sobre supuestos fraudes electorales así lo demuestran.
Por otro lado, las arremetidas mal disfrazadas contra la actual dirigencia de su partido, no pueden menos que dejar la impresión de que por ese lado también encuentra resistencias a sus pretensiones imperiales. Si ese es el caso, como parece serlo, no encuentro extrañas, aunque sí sugerentes, desde el punto de vista sociopolítico, las últimas conductas del expresidente, quien, como yo lo aprecio, sigue sin aprender de sus errores, nunca se resignó a aceptar el rechazo popular y está muy lejos de entender lo que significa la humildad.
El alcalde lamentó la declinación de Hugo Torrijos, así como había lamentado una decisión igual adoptada por la actual presidenta del colectivo, Balbina Herrera.
Con la decisión de Torrijos y Herrera de desistir en sus aspiraciones, se comienzan a barajar nombres para ocupar la presidencia del partido, entre ellos, el de Hugo Giraud, Carlos Duque, Aristides Royo y Ricardo De La Espriella.
Aunque algunos sectores del partido se oponen a la presencia de legisladores en el CEN del PRD, al menos Balbina Herrera y Héctor Alemán aspiran a formar parte del comité directivo.
El PRD escogerá a mediados de julio a sus más de tres mil delegados, quienes escogerán el 18 de agosto a las nuevas autoridades del partido.
El sistema electoral panameño no exige como en otras latitudes mayorías calificadas y tampoco contempla la doble vuelta. En esas circunstancias, la victoria relativa es legalmente válida.
En 1994, el señor Pérez Balladares se alzó con un precario triunfo electoral, pues sólo fue respaldado por el 33% del electorado, debido a que las fuerzas que lo adversaban y que representaban a la mayoría del país concurrieron divididas a la contienda electoral. Pero como la humildad no abunda y está muy lejos de adornar al caballero de marras, ese hecho no le importó y su mandato fue un despliegue permanente de prepotencia y de soberbia, que llegó hasta el extremo de pretender perpetuarse en el poder, llevando al país a un referéndum absurdo que perdió de manera aparatosa.
¿Qué pudo llevar al señor Pérez Balladares a considerar que podía salirse con la suya, a pesar de su falta de representatividad y de que el fracaso de su gobierno era evidente? La respuesta es que no entendió que sus despliegues propagandísticos nunca engañaron al pueblo, que desde el principio lo caló en su exacta dimensión. Su gobierno, por donde se le mire, fue una suma de fracasos, a pesar de haber recibido la administración pública en mejores condiciones que ningún otro gobierno de nuestra historia republicana. Su incompetencia trató de esconderla, achacándole sus errores al gobierno de Endara y beneficiándose, sin tener la hidalguía para aceptar que los recursos que utilizó para su única obra conocida, que fue la rehabilitación de la red vial, fueron el producto de las gestiones de su predecesor, que limpió el crédito de la República y pagó las deudas que el propio Pérez Balladares contribuyó a acumular cuando era parte del equipo económico de la dictadura.
La aventura reeleccionista y su estruendoso fracaso, que le costó al país varios millones de dólares, aparentemente no le enseñó nada a don Ernesto, quien de tiempo en tiempo vuelve a las andadas. Su sueño de volver a encumbrarse en el poder le sigue deformando su percepción de la realidad. Las últimas sandeces sobre supuestos fraudes electorales así lo demuestran.
Por otro lado, las arremetidas mal disfrazadas contra la actual dirigencia de su partido, no pueden menos que dejar la impresión de que por ese lado también encuentra resistencias a sus pretensiones imperiales. Si ese es el caso, como parece serlo, no encuentro extrañas, aunque sí sugerentes, desde el punto de vista sociopolítico, las últimas conductas del expresidente, quien, como yo lo aprecio, sigue sin aprender de sus errores, nunca se resignó a aceptar el rechazo popular y está muy lejos de entender lo que significa la humildad.
El alcalde lamentó la declinación de Hugo Torrijos, así como había lamentado una decisión igual adoptada por la actual presidenta del colectivo, Balbina Herrera.
Con la decisión de Torrijos y Herrera de desistir en sus aspiraciones, se comienzan a barajar nombres para ocupar la presidencia del partido, entre ellos, el de Hugo Giraud, Carlos Duque, Aristides Royo y Ricardo De La Espriella.
Aunque algunos sectores del partido se oponen a la presencia de legisladores en el CEN del PRD, al menos Balbina Herrera y Héctor Alemán aspiran a formar parte del comité directivo.
El PRD escogerá a mediados de julio a sus más de tres mil delegados, quienes escogerán el 18 de agosto a las nuevas autoridades del partido.