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El Canal y el siglo XXI (2)


Luego del análisis preliminar esbozado en el artículo anterior, especialmente ahora que la Autoridad del Canal de Panamá pretende comprometer dentro de una nueva cuenca cerca de 5,000 kilómetros cuadrados - área equivalente a la superficie terrestre de la mitad de Jamaica o una cuarta parte de El Salvador - no abrigo duda alguna que la meta final de esta costosa empresa no será otra que la construcción de un tercer juego de esclusas dentro de la vía interoceánica.
A esta conclusión es muy fácil llegar si el lector se percata de que el agua nunca ha sido impedimento para un tránsito canalero, y que el ensanche del Corte Culebra sólo permitirá - en condiciones de óptimo funcionamiento - 10 naves diarias adicionales a las que actualmente atraviesan el istmo panameño.
Esta necesaria introducción revela que las dimensiones de la zona propuesta exceden con creces el posible aumento de tráfico que permiten las actuales instalaciones del Canal, pues la cuenca existente -3,348 kilómetros cuadrados que suman los lagos de Alajuela, Gatún y tierras aledañas - han manejado, aparte del consumo humano para suplir diferentes necesidades en las urbes de Panamá y Colón, un promedio de 42 tránsitos por día durante los últimos años.
De ser correcta la premisa anterior, veamos qué busca esta onerosa inversión de territorio y dinero respecto al futuro del Canal, en particular, y de la República de Panamá en general.
Decía hace una semana que de darse la utópica condición que todas las esclusas estuviesen operando, satisfactoria e ininterrumpidamente, se lograría como máximo el cruce diario de 50 naves en lapsos menores de 24 horas. Sin embargo, el mantenimiento, reparaciones e imprevistos que inciden sobre las mismas descartan la posibilidad de alcanzar la relación antes citada.
¿Por qué, entonces, inundar tanta superficie territorial panameña, a no ser que se pretenda construir otro juego de esclusas que obligue almacenar ese inmenso volumen de agua?
Es obvio, dado los parámetros de tránsito versus superficie de cuenca, que esta muy costosa opción es considerada como el camino adecuado para mejor servir, no el mejoramiento socioeconómico que demanda la precaria realidad nacional, sino los intereses que persigue el negocio marítimo mundial.
Aún si se llegase a crear el enorme embalse adicional, además de construir un tercer juego de esclusas que complemente los dos existentes, el Corte Culebra seguiría limitando la cantidad de travesías diarias que esta obra tolera.
Esta somera observación me lleva a concluir que lo que se persigue, no es el incremento de tránsitos a través del istmo, sino crear un nuevo estándar de tamaño para naves que hoy día no pueden hacer uso del Canal de Panamá.
Es comprensible que los directivos de la institución en referencia estén preocupados por mantener el grado de importancia global que la vía ha ostentado hasta el momento. Sin embargo, vale la pena examinar detenidamente cómo ella encajará, siendo una estructura basada en tecnologías, estadísticas y diseños concebidos hace más de un siglo, con los nuevos enfoques y estrategias que plantea para los próximos 20 años el transporte naviero en general.
Sobre este punto, especialmente su incidencia en el Canal y el importante rol que pudiese jugar nuestro país a corto plazo, continuaré el razonamiento la semana entrante.

101 años de Panamá América

 
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