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El caso CEMIS y el Sr. Casete


"La guerra es el arte de destruir a los hombres; la política, el arte de engañarlos". Jean Le R. D" Alembert. La guerra del rumor es tan antigua como la civilización. Fue utilizada en la guerra para hacer notar al enemigo que se era muy fuerte no siéndolo y buscando tiempo estratégico o, lo contrario, para parecer débil y provocar un ataque enemigo desde posiciones muy fuertes.
En las épocas Moderna y Contemporánea, en especial en la II Guerra Mundial, el rumor se eleva a una especialidad estratégica y surgen las altas escuelas de espionaje y contraespionaje, información y desinformación, o los llamados departamentos de operaciones psicológicas. Alemania, con Goebbels y otros, eleva la guerra del rumor a un nivel de importancia impresionante. Igual cosa buscan los ingleses, los norteamericanos y los japoneses. Los ejércitos no pueden estar sin esta arma. Luego, el crecimiento de la era industrial y el advenimiento de la tecnológica, llevan al espionaje, la información y la desinformación a niveles sin precedentes.
Un caso que desfiló ante nuestros ojos en vivo y a todo color fue la guerra de información y desinformación que estadounidenses, ingleses e iraquíes desplegaron a todo lo largo y ancho del pasado conflicto, donde tampoco escaparon a ello los grandes medios de comunicación, los cuales escondieron dentro del esquema formal de su "objetividad" sus gustos particulares para decir lo que querían y no decir lo que no querían. Supimos casi, únicamente, lo que Washington quiso.
Todo lo anterior viene a colación por la supuesta bomba que han querido hacer estallar a fin de dañar específicamente la imagen del candidato presidencial que ocupa el primer lugar de las encuestas, y que lo más lógico del mundo es que empiece a recibir de todos sus contrarios, sin ninguna excepción, los ataques más fuertes e incluso despiadados; para lo cual Martín Torrijos tiene que prepararse. Me refiero a un "Señor Casete", que ha sido enviado a decir cosas a los distintos medios, y que tiene voz, aunque malísima, incoherente, poco audible y también tiene intención, mala por cierto, pero que no tiene cuerpo ni rostro, o cuyo cuerpo no aparece. Como no tiene cuerpo ni rostro, entonces al Señor Casete le achacan una paternidad; o sea que le ponen un cuerpo, le ponen hasta un nombre, pero ni el cuerpo ni el nombre se dan por aludidos como propietarios del Señor Casete. Y como están de moda los clones, a lo mejor le fabrican uno del supuesto cuerpo y rostro del Señor Casete.
Pero, vayamos a la realidad y dejemos las bromas: el caso CEMIS fue un estallido de proporciones gigantescas, poco vistas en los anales de nuestra historia. Tal suceso produjo en la población una duda mortal sobre todos los estamentos políticos del país en sus más altos niveles y salpicó, aunque fuese por percepciones y dudas, por rumores, a todos los grupos políticos sin excepción (porque todos están representados en la Asamblea Legislativa y ese Organo del Estado fue el principal implicado, sin que por eso se quedase por fuera el Ejecutivo y el Judicial, y volvamos a recordar todo por favor). Punto. Ese es el mar de fondo que nos deja el caso CEMIS y por supuesto que, dentro de todas esas dudas, quedaron metidos en ellas los legisladores, especialmente algunos concretamente del PRD, y además dudas con relación a la participación de Martín Torrijos. Pero no sólo de Martín, dudas de todos.
Formalmente, el Ministerio Público acopia, aún con las limitaciones de la inmunidad parlamentaria, todo un expediente que ha pasado a la Corte Suprema de Justicia, que tiene la última palabra. Como quiera que en este país ya no se esperan, en especial en lo político, los fallos judiciales para juzgar y condenar, ya en las neuronas individuales de cada panameño o panameña, habrá un posible veredicto en este tema.
El Señor Casete, que acaba de relanzarse, ya no se alimenta de leche materna o paterna, de su creador, quienquiera que haya sido, quien lo más seguro es el que tiró la piedra y escondió la mano. Pero analicemos algo del Señor Casete: Lo primero es que con un audio tan perverso, poco se oye. Pero eso apenas es lo técnico y se puede mejorar. Lo de fondo es que, en el fondo el Señor Casete parece un monólogo donde alguien se sienta frente a la grabadora, y sin que le estén preguntando ni esté conversando con un interlocutor, empieza a hablar, hablar y hablar; lo cual pudiese ser una necesidad terapéutica, como alguna frustración.
Nos llama aún más la atención, que algo que tiene meses, y lo saben los comunicadores, de estar agitándose en el ambiente, sin que le haya salido ningún padre formal al Señor Casete, sin que nadie quiera ser su dueño, se reviva, precisamente, el mismo día de salida, ya esperada por supuesto, de una encuesta que muestra ciertas variantes, pero donde sustancialmente Martín Torrijos se mantiene arriba holgadísimamente, Endara casi no se mueve y hay un repunte ligero de José Miguel Alemán. Por lo menos tiene que despertar sospechas ese timing buscado para reactivar al Señor Casete.
Por supuesto, el Señor Casete resucitado no desea hacer daño a magistrados de la Corte, porque no son candidatos ni se asustan con encuestas. Tampoco a la Presidenta, porque ya es mandataria y le falta algo más de un año para salir. No, el Señor Casete, en medio de los ribetes de un escándalo mayúsculo que salpicó especulativamente a todos los órganos del Estado, y a muchísimas personalidades políticas, en esta resurrección, por supuesto, sólo quiere joder a Martín. Y así tampoco es la vaina, no todos somos pendejos. Por favor.

101 años de Panamá América

 
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