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El Chorrillo y el padre Javier Arteta


Universidad de Panamá
He recibido, hace algunos días por el correo una misiva del padre Javier Arteta, mediante la cual me comunica que en los primeros días de enero del próximo año se trasladará a San Salvador, y al igual que muchas otras personas que lo han conocido durante diez años, añoramos su partida, y nos sentimos dichosos de haberlo tenido con nosotros.
Conocimos al padre Javier Arteta en 1989, previa a la celebración de la fiesta de la Virgen de Fátima y en el año de la invasión norteamericana, y acudimos en su ayuda a fin de solicitarle sus apreciaciones y consejos espirituales en torno a una manifestación religiosa de la Virgen de Fátima, que se nos había presentado por aquellos días, que en ese momento no pudimos entender, pero que más tarde en diciembre del mismo año comprendimos.
Nuestra relación y la de mi familia con el padre Javier Arteta, desde entonces, ha sido muy cálida, confortándonos espiritualmente en todo momento y en particular recuerdo con motivo de la enfermedad de mi padre y luego de su muerte, y de esta manera varias veces al año nos acercamos a su parroquia para contribuir con la labor que realiza.
El padre Javier Arteta, párroco de la Iglesia de Fátima en El Chorrillo, sucedió, según hemos sabido, al padre Joaquín Millán, también miembro de los Padres Mercedarios de España, y al igual que su predecesor ha realizado una labor extraordinaria en un sector de nuestra ciudad, que requiere ser apoyado no sólo materialmente, sino espiritualmente, pues me consta que inclusive las flores de los santos de la iglesia no se escapan de los "amigos de lo ajeno".
He querido reproducir en este instante las palabras de Beatriz Valdés, que en el Heraldo lo describe como un "hombrecillo que podía desaparecer en una fuerte ráfaga de viento, pero que tiene un imán inagotable de afán de entrega que se plasma en hasta 20 horas de trabajo diario", con fe y optimismo.
Se recuerda la labor del padre Javier Arteta durante la invasión de 1989, pues ciertamente debe recordarse que la Parroquia de Fátima fue lo único que se escapó de la destrucción de los bombardeos.
En fin, es mucho lo que pudiéramos señalarles sobre el padre Javier Arteta, que ha sido catalogado muy bien por Valdés, como el "gigante de la caridad que ha sentado raíces en El Chorrillo", pero por el momento queremos dejar sentado en este escrito su reconocimiento y agradecimiento por la labor realizada en nuestro país.

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