El dedo en la llaga
Hemos venido señalando nuestro pesimismo acerca de la solución del problema del transporte público, porque quienes lo controlan son poderosísimos personajes y que jamás lo solucionaremos hasta tanto se conozca quiénes son ellos. También hemos sugerido que la Defensoría del Pueblo tome cartas en el asunto.
Los panameños todos tenemos derecho a saber en manos de quiénes está la cadena de conductores homicidas y transgresores de la ley, que seguros de su protección pueden permanecer inmunes y burlarlas cuantas veces la infrinjan. En el programa de televisión que dirige el periodista Álvaro Alvarado en el Canal 4, hubo un debate en la mañana del jueves de varias personas, entre las cuales, figuraba el ex director de Tránsito y Transporte Terrestre, Carlos Harris. Él hizo la reveladora declaración de que renunció al cargo porque estaba pisando muchos callos. Le hubiera rendido un gran servicio al país el señor ex titular en caso de haber señalado específicamente los callos de quiénes pisó. Si no lo hizo, fue porque los temió peligrosos para sí o porque comprendió que tan poderosos son que será inútil hacer el esfuerzo de darlos a conocer. Es allí donde está el remedio contra los conductores homicidas, transgresores de la ley que acumulan miles de boletas por infracciones y evitan que el Estado perciba el dinero de las multas respectivas. Ellos o sus testaferros seguirán siendo los garantes de la impunidad de cuanto malhechor del transporte público atropella la ley y asesina sin reparos a inocentes ciudadanos.
La decencia, revestida de coraje, hace ya obligatorio que nuestras autoridades actúen y destapen esa Caja de Pandora.
El señor Presidente de la República nos acaba de dar un ejemplo alentador con los anuncios que ha hecho para acabar con el criminal manejo del transporte público. Éste podría ser el momento estelar de su administración si ordena que se informe al país quiénes son los que son y dónde están.