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El derecho a la ciudad


PRIMERO una aclaración y luego al tema que nos ocupa hoy. Mi nombre fue incluido sin mi consentimiento y conocimiento como convocado a formar un nuevo grupo que promoverá el Sí (así sí) en el referendo sobre la ampliación del Canal. Debo aclarar que no formo parte de este ni de ningún grupo, al igual que mi esposa Mariela Arce.
Ayer se conmemoró un aniversario más de la fundación española de la ciudad de Panamá, aún cuando muchos ignoran -o no quieren aceptar- que antes existía un importante asentamiento indígena en ese lugar. Luego la ciudad crece en medio de importantes desafíos, entre los cuales están la necesidad de definir la ciudad que queremos y que tenemos derecho.
Hoy, la afectación ambiental, espacial, social y humana, por parte de macroproyectos urbanos, es uno de los peligros que se ciernen sobre la calidad de vida urbana. Esto se suma a otros nudos ligados a una ciudad que creció longitudinalmente encerrada entre mar y la antigua zona y canalera, en tanto la segunda, Colón, se desenvolvió cercada por los cuatro costados por la presencia norteamericana. Con la reversión canalera la capital creció un tercio al sumarse áreas urbanas y bases a su perímetro. El desafío es impresionante: convertir instalaciones letales en espacios de vida; campos de tiro contaminados en áreas de medio ambiente sano; cuarteles en ciudades del saber.
Mantener un canal funcionando eficientemente, pero también en beneficio de un desarrollo para todos. Algo así como el bíblico fundir las espadas en arados. Se trata de bienes del primer mundo que pasan a las manos de un pequeño país del tercer mundo que debe darles usos compatibles con el desarrollo del país.
Un tema fundamental es la construcción social de amenazas. Es decir, ¿Cómo los propios habitantes estamos creando amenazas contra nuestra propia existencia? Pues, aunque las amenazas parecen ser naturales, en la práctica se articulan con las acciones humanas. Hemos degradado el ambiente a través de la deforestación, la destrucción y obstrucción de ríos y quebradas, la contaminación del mar, la urbanización indiscriminada.
Las ciudades son especialmente entidades muy complejas que provocan y construyen amenazas relacionadas entre sí. Por un lado, se planifican y construyen barriadas y sitios poblados sin reunir los equiparamientos necesarios como drenajes, los sistemas de alcantarillado y venden manipulando una publicidad engañosa, y por otro lado, la búsqueda de satisfacción de necesidades y la ausencia de soluciones reales de vivienda lanzan a los pobres urbanos a buscar -como sea- espacios donde habitar y sobrevivir.
Existe un crecimiento urbano galopante que nos está generando riesgos urbanos y mayores vulnerabilidades por su estilo de desarrollo. Hay que redefinir constantemente la dinámica y la lógica de los territorios para poder dar respuestas a esta problemática. Solo si somos conscientes que la mayoría de las amenazas son construidas socialmente, podremos articular propuestas de cómo revertir la situación que pone en peligro a tanta gente.
La tendencia es a la urbanización acelerada, crecimiento urbano desordenado, destrucción del medio natural, pobreza urbana, falta de desarrollo institucional, vulnerabilidad y sus repercusiones económicas, políticas y sociales. Los desastres van a seguir ocurriendo en las grandes ciudades, pues el modelo urbano es excluyente, sin capacidad real de planificación y reordenamiento, subordinado al mercado y sin propuesta viable de reforma urbana que humanice las ciudades.
Evidentemente, el rigor de la amenaza se ceba con mayor fuerza sobre los espacios de la pobreza urbana. La tendencia futura es a la urbanización empobrecida ascendente. Y en Panamá es probable que una mayor proporción de pobres se concentre en el futuro en las áreas urbanas, afirma el BM, pues un grupo considerable de población urbana es vulnerable o está en riesgo de pobreza, pues viven justo sobre la línea de pobreza total. Al mismo tiempo son vulnerables a las amenazas de calamidades como las inundaciones recientes, pues muchas de esas casas están situadas en áreas de riesgo y construidas sin la seguridad adecuada para enfrentar las adversidades de las catástrofes.
56% de los 2.8 millones de habitantes de Panamá vive en áreas urbanas. Existen en las áreas urbanas, 232 mil pobres de los cuales 47 mil están en extrema pobreza. Casi la cuarta parte de los pobres vive en ciudades (23%). Los niños y los jóvenes menores de 18 años, representan cerca de la mitad (46%) de todos los habitantes urbanos pobres. Esto tiene implicaciones generacionales graves.
Las viviendas populares se agrupan en tres categorías. Las barriadas de emergencia, las áreas de vivienda construidas por el sector privado o gubernamental, y las áreas centrales en deterioro. Las dos primeras son susceptibles a las inundaciones y derrumbes, y la tercera a los incendios y desplomes dada la decrepitud y el abandono de las edificaciones. Es necesario enfrentar esto con una estrategia de desarrollo urbano sobre la base de un ordenamiento territorial, una reforma urbana sostenible integral, y enfrentar decididamente la pobreza. Panamá ciudad enfrenta los retos de formular el desarrollo urbano con calidad de vida, y el derecho a una ciudad no separada por las murallas de intramuros y enclaves, sino construyéndose entre y para todos y todas.
(raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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