default

El desafío Albertista


En el mundo de los negocios es un forjador de quimeras, exuberante de energía y creatividad. De su mente emerge como por sortilegio, un torrente infinito de proyectos y posibilidades insospechadas. Difícilmente puede encontrarse en la banca nacional y en los negocios alguien con más habilidad y olfato de éxito.
En política no es distinto, aunque le falta la experiencia que en los negocios le sobra. Igual que en la banca, desborda de ideas y entusiasmo. Muchas veces es difícil entenderlo y peor seguirle el paso a su ritmo endemoniado. Parece incansable y no cesa un instante de razonar en voz alta, dictar notas, discutir y plantear ideas. Con frecuencia se acuesta y levanta al filo de cada mañana limitando al mínimo las horas de reposo.
Alberto Vallarino sabe que si las ideas son buenas y se acompañan de voluntad y ejecutoria, los resultados vienen solos, aunque las encuestas no siempre coincidan. Está tan acostumbrado a dar vueltas a las posibilidades y a persistir donde otros abandonan, que hasta se diría que los pronósticos más adversos lo divierten. Es no obstante hombre de números, conocedor de los secretos más recónditos de las estadísticas, interpolaciones y variables.
Puede fácilmente advertir detalles y tendencias que otros no ven. Sus amigos han aprendido a respetar lo que parece una especie de visión en infrarrojos. De ordinario le incomoda dar explicaciones de lo que para él resulta tan obvio, obligando a sus interlocutores a callar, esperar y confiar en que como siempre alcance sus metas y las supere.
Se metió en esta aventura para ganar, solo que él tiene su propio cronograma de eventos y resultados que, como siempre, solo él conoce, estima y decide. Quienes lo rodean lo notan tranquilo, confiados en el giro imprevisto del buen golpe de timón que siempre lo conduce al éxito, superando las circunstancias más comprometidas.
Está seguro de ser el mejor; por eso no rehuye el debate y luce desafiante, casi arrogante, en ese terreno. Formula propuestas audaces que desquicia a los conocedores propios y extraños; pero una y otra vez repite: "Vamos al debate, yo puedo hacerlo". Y es que lo ha hecho tantas veces como banquero, devolviendo a los inversionistas tasas de rendimientos inalcanzables, que quienes lo conocen no esperan de él otro resultado.
Exonerar de impuestos a los salarios menores de B/750.00, crear 250 mil empleos, aumentar en 15% el salario mínimo, llevar el desempleo a 6% en cinco años, dar seguro social a las amas de casa, decretar periódicas revisiones de sueldos y pensiones, reducir los gastos del Estado, acabar con la pobreza, proveer una nueva Constitución, hacer del IDAAN un patronato eficiente, son apenas unas de un torrente de propuestas que seguramente irá adicionando hasta el final de la campaña.
En todo caso, Alberto Vallarino representa una candidatura de nuevo estilo, del tipo que ha de imponerse en el siglo venidero, a medida que el país madure, sea más culto y moderno. Cuando eso ocurra, la campaña política será una competencia de capacidad, propuestas y soluciones en vez de demagogia y mensajes vacíos. ¿Lo logrará esta vez? No lo sabemos pero, con sus antecedentes, sería mejor para los demás no tomarlo a la ligera.




101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América