El desafío para la nueva ministra del ramo educativo
Con suma complacencia la comunidad educativa nacional, ha recibido la designación de ministra de Educación en la persona de la profesora Doris R. de Mata, catedrática de la Universidad de Panamá. Este regocijo lo compartimos de seguro los funcionarios que servimos en la Universidad de Panamá, durante la meritoria administración del Dr. Carlos Iván Zúñiga, rector de nuestra primera casa de estudios, ya que tan distinguida dama en esta gestión, laboró con rectitud, prudencia y equilibrio profesional y emocional, como vicerrectora académica.
Sin duda alguna, que la experiencia y por consiguiente la madurez obtenida en la Universidad al frente de la Vicerrectoría Académica, sirven de base para que la distinguida profesora Doris R. de Mata acepte el reto que significa el cargo de ministra del ramo educativo con lo cual le ha distinguido nuestra presidenta electa por una mayoría considerable del pueblo panameño, Doña Mireya Moscoso.
Esta distinción de que ha sido objeto la profesora Doris de Mata se ve fortalecida por cuanto en sus largos años de vida profesional se ha caracterizado por ser sobre todo, una educadora consagrada al servicio de los más caros intereses de la educación nacional. En los distintos niveles de la enseñanza pública, desde la primaria, la enseñanza media y en el nivel superior donde actualmente ejerce funciones como docente, ha desarrollado una tarea responsable y progresista.
En días recientes, sin pensar aún que iba a ocupar el cargo de ministra en el Gabinete de doña Mireya, la profesora de Mata opinaba en uno de sus tantos escritos de opinión vertidos en un importante diario de la localidad, que recomendaba a la señora presidenta electa: "Estructurar el mejor equipo de gobierno y solicitar al pueblo su respaldo constante y permanente para efectuar las rectificaciones necesarias y fortalecer nuestra débil democracia".
Nada más atinado sería que desde el principio de su gestión, la nueva ministra a partir de este 1 de septiembre estimule a los educadores del país, concediéndoles a sus dirigentes en forma democrática, la oportunidad de expresar sus pensamientos ampliamente en torno a todos y cada uno de los factores y elementos que según sus criterios, condicionan la labor educativa.
El complejo proceso de enseñanza-aprendizaje exige por su naturaleza el equilibrio y la serenidad necesaria para afrontarlo con reflexión y decisión dentro de un ambiente y espíritu de franca cordialidad. Hay que aceptar que este discernimiento inteligente no se ha podido mantener con la administración que terminó el 31 de agosto.
En un país como el nuestro en que los educadores históricamente ha librado a través de generaciones, múltiples batallas en defensa de sus derechos profesionales mejorando con sus reinvindicaciones la propia educación nacional, hoy a los gremios magisteriales no puede desconocérseles sus motivaciones e intereses de participación en los complejos problemas de la educación porque, son inherentes al proceso educativo al igual que los niños, jóvenes y los padres de familia; por lo tanto, son necesarios y deben convertirse en la nueva administración, en verdaderos sostenedores de la cosa educativa.
Para lograr esta acción armónica con los educadores, la nueva ministra y su equipo de apoyo que le acompañan en su labor magisterial, requiere efectuar de manera permanente, las debidas consultas a los gremios magisteriales especialmente cuando se trate de implementar en el ramo educativo una acción transformadora que se considere reflexivamente conveniente para una sociedad cambiante como la nuestra.
Es oportuno para eliminar los conflictos existentes entre las autoridades jerárquicas y los gremios magisteriales, que los educadores de mi país libres de ataduras y con el auspicio y el respaldo de la nueva administración ministerial, organicen un Gran Congreso Nacional de Educadores donde expongan sus necesidades gremiales, pero también los elementos curriculares vigentes e impuestos que los afectan, para arribar a un acuerdo nacional que satisfaga las necesidades de todos los involucrados en el proceso educativo.
Sin duda alguna, que la experiencia y por consiguiente la madurez obtenida en la Universidad al frente de la Vicerrectoría Académica, sirven de base para que la distinguida profesora Doris R. de Mata acepte el reto que significa el cargo de ministra del ramo educativo con lo cual le ha distinguido nuestra presidenta electa por una mayoría considerable del pueblo panameño, Doña Mireya Moscoso.
Esta distinción de que ha sido objeto la profesora Doris de Mata se ve fortalecida por cuanto en sus largos años de vida profesional se ha caracterizado por ser sobre todo, una educadora consagrada al servicio de los más caros intereses de la educación nacional. En los distintos niveles de la enseñanza pública, desde la primaria, la enseñanza media y en el nivel superior donde actualmente ejerce funciones como docente, ha desarrollado una tarea responsable y progresista.
En días recientes, sin pensar aún que iba a ocupar el cargo de ministra en el Gabinete de doña Mireya, la profesora de Mata opinaba en uno de sus tantos escritos de opinión vertidos en un importante diario de la localidad, que recomendaba a la señora presidenta electa: "Estructurar el mejor equipo de gobierno y solicitar al pueblo su respaldo constante y permanente para efectuar las rectificaciones necesarias y fortalecer nuestra débil democracia".
Nada más atinado sería que desde el principio de su gestión, la nueva ministra a partir de este 1 de septiembre estimule a los educadores del país, concediéndoles a sus dirigentes en forma democrática, la oportunidad de expresar sus pensamientos ampliamente en torno a todos y cada uno de los factores y elementos que según sus criterios, condicionan la labor educativa.
El complejo proceso de enseñanza-aprendizaje exige por su naturaleza el equilibrio y la serenidad necesaria para afrontarlo con reflexión y decisión dentro de un ambiente y espíritu de franca cordialidad. Hay que aceptar que este discernimiento inteligente no se ha podido mantener con la administración que terminó el 31 de agosto.
En un país como el nuestro en que los educadores históricamente ha librado a través de generaciones, múltiples batallas en defensa de sus derechos profesionales mejorando con sus reinvindicaciones la propia educación nacional, hoy a los gremios magisteriales no puede desconocérseles sus motivaciones e intereses de participación en los complejos problemas de la educación porque, son inherentes al proceso educativo al igual que los niños, jóvenes y los padres de familia; por lo tanto, son necesarios y deben convertirse en la nueva administración, en verdaderos sostenedores de la cosa educativa.
Para lograr esta acción armónica con los educadores, la nueva ministra y su equipo de apoyo que le acompañan en su labor magisterial, requiere efectuar de manera permanente, las debidas consultas a los gremios magisteriales especialmente cuando se trate de implementar en el ramo educativo una acción transformadora que se considere reflexivamente conveniente para una sociedad cambiante como la nuestra.
Es oportuno para eliminar los conflictos existentes entre las autoridades jerárquicas y los gremios magisteriales, que los educadores de mi país libres de ataduras y con el auspicio y el respaldo de la nueva administración ministerial, organicen un Gran Congreso Nacional de Educadores donde expongan sus necesidades gremiales, pero también los elementos curriculares vigentes e impuestos que los afectan, para arribar a un acuerdo nacional que satisfaga las necesidades de todos los involucrados en el proceso educativo.