El día sin retorno: 9 de Enero
Hay aquel 9 de enero de ingrata recordación, como gritara el poeta, “sufrió la Patria entera”, desgarrando el corazón de toda nuestra gente sincera. Pusieron la bandera, el pabellón nacional, jóvenes valientes, bravíos que, encendido en el pecho, lucieron con orgullo el nombre de Panamá. “Panameños” hemos nacido y no podemos permitir que ahora los gringos nos llamen “seres de poco vivir”. A lo mejor fue esa la idea que sintieron los compatriotas cuando nos impedían pasear nuestra bandera por aquello que fuera la antigua Zona del Canal. Institutores leones, como son los dos que posan a la entrada del plantel, rugieron el 9 de Enero y temblaron, llenos de pánico, cobardes, los soldados gendarmes de la policía del Canal. A los estudiantes se les unió todo un pueblo sincero que también ese día clamó un respeto digno para toda la nación. Ya antes había gritado José Antonio Remón Cantera: “Ni millones ni limosnas, lo que queremos es justicia”.
También un patricio ilustre de nombre Mateo Iturralde, había dejado grabado en el muro de la posteridad, un pensamiento clave que a todos nos debe inundar: “¡Yo no vendo a mi Patria!”. Fue la consigna eficaz que también gritaron los institutores que ese 9 de enero marcharon con singular hidalguía por los predios privados de la Zona del Canal. Muchachas muy valientes, muchachos sin temor, creían en el corazón que “Patria” es una palabra sagrada, digna de toda devoción. Por eso caminaron, no temblaron sus piernas, sus voces no se quebraron al escuchar la primera bala criminal detonada por el arma del soldado homicida y por eso, en este día, todos debemos honrar ante el altar patrio a Ascanio Arosemena y a veinte héroes más a quienes la Patria rememora en dorado modelo al esculpir, letra por letra, sus nombres y apellidos para que siempre sean nuestros adalides.
Soplan los vientos por doquier y se añoran nuevos días, y lo más penoso es que aún sigue utilizándose la palabra Patria como si ésta fuera un concepto vulgar, propio del lenguaje arrabalero, y por sus frondosas ramas trepan los ladrones de saco y de corbata, también piratas y filibusteros; hay quienes la maltratan haciéndola sufrir, pues toman de sus entrañas el néctar y la sabia de la más dulce ambrosía que se encierra en un verso sagrado, el cual pronunció Miró cuando a la Patria cantó “Por qué fuiste tan chica para que yo pudiera llevarte toda entera dentro del corazón”.
El 9 de Enero representa una gesta sin precedentes, ya que fue la segunda ocasión en que los panameños salimos a defender nuestra dignidad nacional, pero sobre todo “el de ser panameños”. Tampoco lo permitimos cuando se dio el incidente que a todas luces dejó muertos por doquier, lo mismo que el 9 de Enero, y todo por reclamar un modesto parroquiano al prepotente gringo: “Señor gringo, usted a mí me paga el real de la tajada de sandía que se comió”.
No puede ser que estando nuestra historia tan plagada de ejemplos maravillosos, todavía subsistan malos hijos que engañan a la nación entera y celebran pactos y entendimientos a espaldas de la gente y, con ellos, entregando nuestra soberanía y dignidad nacional. Ahora resultará, contra toda racionabilidad y leyes de la nación, que los gringos quieren que cada contenedor que de nuestros puertos salga haya un espía, un delator americano, y que pretextando “actos del terrorismo” pueda decir qué es lo que se contiene dentro de la gran caja -contenedor- y así hacernos más abyectos, pisoteándonos también allí en donde creíamos haber logrado siquiera un poquito de liberación -desarrollo de los puertos nacionales-.
Y es que el coqueteo de nuestros gobernantes raya con la inmoralidad y la poca templanza que imponen el desconcierto de la corrupción rampante y la cara de vulgaridad. Que no se le ocurra al gobierno del presente ni del futuro seguir entregando, ni un poquito más, un centímetro de tierra o de nuestra dignidad. ¡A luchar por lo que nos han quitado o más bien por lo que han entregado, sin nuestro consentimiento, ministros y jefes de Estado!
Cantemos hoy, más que nunca, a nuestros héroes. Concurra la Patria entera a rendir devoción a los hombres y a las mujeres que defendieron, de corazón, nuestra dignidad. Llevemos todos juntos amapolas y guirnaldas, la flor del Espíritu Santo y también la del frondoso papo, para que nuestros muchachos disfruten lo que en vida no pudieron gozar: no haber podido llegar a tener frutos y ver las cosechas del estudio; pues que así también sepan que en la Patria se les recuerda con orgullo. Llore la Patria, que sus lágrimas abran surcos y marquemos los derroteros por los que habrán de transitar nuestros muchachos. Los mismos que hoy no han podido entrar al Canal.
El sueño de quienes amamos a la Patria sin condiciones, es llegar a construir un gran muro de ilusiones en la que cada panameño se sienta pletórico y henchido de llamarse hijo de González o de Ruiz, de Morales o de Rodríguez, de Gómez o de López, sin que se distingan abolengos o condiciones sociales. ¡Ay Ascanio Arosemena, nunca te rendirá la Patria el homenaje que ponga el verdadero reconocimiento a tu sacrificio irredento, entre tanto hayan ladrones que pisotean tu nombre y llenan sus bodegones de la peor riqueza, aquella que se levanta a base de chanchullos y de actos propios de bribones!
Solivianten el estandarte que una vez lució con su especial tricolor, anunciando a los panameños que nuestro blasón egregio, aunque sople el viento regio, allí permanecerá, desde la cima del Ancón, la enseña tricolor que anuncia a Panamá. Hoy se desgarra mi alma, en llanto inconsolable; pienso en las dulces madres de aquellos que fenecieron y hasta hoy no ha habido Gobierno que les dé la muestra de un paliativo que, aunque al hijo no devuelva, sirva para mermar la pobreza que enferma y que ausenta el desayuno de los cuartos del poeta cuando en verso sencillo cantó: “Pasan cuartos, cuartos de la gente pobre, cuartos donde no entra el sol, porque el sol es aristocrático....zonzos, de calor y noche, pasan cuartos, cuartos, cuartos de la gente pobre con sus chiquillos descalzos...”
El 9 de Enero será la egregia gesta que siempre nos hablará por la Patria amada, que ella no se difama, no se hiere ni se resiente por quienes dicen que la aman. ¡Viva el 9 de Enero, viva mi gente sencilla, viva Panamá y viva la Patria mía!
También un patricio ilustre de nombre Mateo Iturralde, había dejado grabado en el muro de la posteridad, un pensamiento clave que a todos nos debe inundar: “¡Yo no vendo a mi Patria!”. Fue la consigna eficaz que también gritaron los institutores que ese 9 de enero marcharon con singular hidalguía por los predios privados de la Zona del Canal. Muchachas muy valientes, muchachos sin temor, creían en el corazón que “Patria” es una palabra sagrada, digna de toda devoción. Por eso caminaron, no temblaron sus piernas, sus voces no se quebraron al escuchar la primera bala criminal detonada por el arma del soldado homicida y por eso, en este día, todos debemos honrar ante el altar patrio a Ascanio Arosemena y a veinte héroes más a quienes la Patria rememora en dorado modelo al esculpir, letra por letra, sus nombres y apellidos para que siempre sean nuestros adalides.
Soplan los vientos por doquier y se añoran nuevos días, y lo más penoso es que aún sigue utilizándose la palabra Patria como si ésta fuera un concepto vulgar, propio del lenguaje arrabalero, y por sus frondosas ramas trepan los ladrones de saco y de corbata, también piratas y filibusteros; hay quienes la maltratan haciéndola sufrir, pues toman de sus entrañas el néctar y la sabia de la más dulce ambrosía que se encierra en un verso sagrado, el cual pronunció Miró cuando a la Patria cantó “Por qué fuiste tan chica para que yo pudiera llevarte toda entera dentro del corazón”.
El 9 de Enero representa una gesta sin precedentes, ya que fue la segunda ocasión en que los panameños salimos a defender nuestra dignidad nacional, pero sobre todo “el de ser panameños”. Tampoco lo permitimos cuando se dio el incidente que a todas luces dejó muertos por doquier, lo mismo que el 9 de Enero, y todo por reclamar un modesto parroquiano al prepotente gringo: “Señor gringo, usted a mí me paga el real de la tajada de sandía que se comió”.
No puede ser que estando nuestra historia tan plagada de ejemplos maravillosos, todavía subsistan malos hijos que engañan a la nación entera y celebran pactos y entendimientos a espaldas de la gente y, con ellos, entregando nuestra soberanía y dignidad nacional. Ahora resultará, contra toda racionabilidad y leyes de la nación, que los gringos quieren que cada contenedor que de nuestros puertos salga haya un espía, un delator americano, y que pretextando “actos del terrorismo” pueda decir qué es lo que se contiene dentro de la gran caja -contenedor- y así hacernos más abyectos, pisoteándonos también allí en donde creíamos haber logrado siquiera un poquito de liberación -desarrollo de los puertos nacionales-.
Y es que el coqueteo de nuestros gobernantes raya con la inmoralidad y la poca templanza que imponen el desconcierto de la corrupción rampante y la cara de vulgaridad. Que no se le ocurra al gobierno del presente ni del futuro seguir entregando, ni un poquito más, un centímetro de tierra o de nuestra dignidad. ¡A luchar por lo que nos han quitado o más bien por lo que han entregado, sin nuestro consentimiento, ministros y jefes de Estado!
Cantemos hoy, más que nunca, a nuestros héroes. Concurra la Patria entera a rendir devoción a los hombres y a las mujeres que defendieron, de corazón, nuestra dignidad. Llevemos todos juntos amapolas y guirnaldas, la flor del Espíritu Santo y también la del frondoso papo, para que nuestros muchachos disfruten lo que en vida no pudieron gozar: no haber podido llegar a tener frutos y ver las cosechas del estudio; pues que así también sepan que en la Patria se les recuerda con orgullo. Llore la Patria, que sus lágrimas abran surcos y marquemos los derroteros por los que habrán de transitar nuestros muchachos. Los mismos que hoy no han podido entrar al Canal.
El sueño de quienes amamos a la Patria sin condiciones, es llegar a construir un gran muro de ilusiones en la que cada panameño se sienta pletórico y henchido de llamarse hijo de González o de Ruiz, de Morales o de Rodríguez, de Gómez o de López, sin que se distingan abolengos o condiciones sociales. ¡Ay Ascanio Arosemena, nunca te rendirá la Patria el homenaje que ponga el verdadero reconocimiento a tu sacrificio irredento, entre tanto hayan ladrones que pisotean tu nombre y llenan sus bodegones de la peor riqueza, aquella que se levanta a base de chanchullos y de actos propios de bribones!
Solivianten el estandarte que una vez lució con su especial tricolor, anunciando a los panameños que nuestro blasón egregio, aunque sople el viento regio, allí permanecerá, desde la cima del Ancón, la enseña tricolor que anuncia a Panamá. Hoy se desgarra mi alma, en llanto inconsolable; pienso en las dulces madres de aquellos que fenecieron y hasta hoy no ha habido Gobierno que les dé la muestra de un paliativo que, aunque al hijo no devuelva, sirva para mermar la pobreza que enferma y que ausenta el desayuno de los cuartos del poeta cuando en verso sencillo cantó: “Pasan cuartos, cuartos de la gente pobre, cuartos donde no entra el sol, porque el sol es aristocrático....zonzos, de calor y noche, pasan cuartos, cuartos, cuartos de la gente pobre con sus chiquillos descalzos...”
El 9 de Enero será la egregia gesta que siempre nos hablará por la Patria amada, que ella no se difama, no se hiere ni se resiente por quienes dicen que la aman. ¡Viva el 9 de Enero, viva mi gente sencilla, viva Panamá y viva la Patria mía!