El docente de educación privada
Sin referirme al educador del sector privado universitario, preciso el que se sirve en el nivel medio del sistema educativo panameño. Es claro que la educación privada, al igual que la pública, se plantean objetivos y filosofía. No cabe duda, sin embargo, que lo privativo de la educación nacional supone condiciones adecuadas, desde las infraestructuras, auxiliares metodológicos, programas, planes de estudio y ambiente escolar, para el logro de óptimos resultados.
En este sector de la educación, como en el otro, debe existir una simbiosis entre el padre de familia, que es un factor importantísimo en el sistema, la parte administrativa y el que facilita el conocimiento.
En lo que al docente respecta su participación es trascendente. Es un elemento eficiente en la construcción epistemológica. Es un proveedor de fórmulas y estrategias para el aprendizaje. Es la parte orientadora que promueve la reflexión para la problematización; en fin, es un artífice que impulsa la edificación del pensamiento. Pero para que lo supra-mencionado se realice, es fundamentalmente necesario establecer los mecanismos para integrar un docente apto y comprometido.
Lo anterior pasa necesariamente por definir el perfil del docente panameño que necesitamos, y esto indudablemente tiene que ver con los criterios de selección.
Si bien en el sector público, el concurso docente se plantea como un mecanismo para la incorporación al sistema que -dicho sea de paso- merece por su ineficacia todo un replanteamiento, en el sector privado -hasta donde conozco- el subjetivismo de la parte que administrativa constituye el modo de escogimiento. En ambos casos, la elección del docente se hace de manera poco científica, lo que a la postre tendrá su efecto -no del todo positivo- en los resultados que se obtienen.
Es correcto, sin embargo, indicar que existen excelentes colegios particulares, en donde hay toda una dinámica pedagógica sustentada, en gran medida, por la labor de los docentes, por el celo administrativo y por el interés del acudiente. Pero de la misma manera, los hay pésimos, con pobrísimos resultados, en donde el docente es parte eficiente de la crisis.
No hay en el sector privado el concurso docente. En muchos casos, la adquisición del que debe enseñar se da por el amiguismo, o bien, por consideraciones alejadas de todo criterio serio y pedagógico. Precisamente en Colón -y esto es para escandalizarse- el criterio de selección docente en algunos colegios privados se ubica en la edad cronológica, como si se tratara de que la construcción del conocimiento se sujeta únicamente a la edad del docente. Por ejemplo, la contratación en muchos de esos colegios depende, exclusivamente, del factor juventud, rechazando las experiencias y las ejecutorias que en el campo académico y pedagógico otros -no jóvenes- hayan podido realizar.
Desafortunadamente, quienes aplican estos criterios, ayunos de conocimientos administrativos en el campo de la educación, con una simulación como “eficientes directores”, pero peor aún sin ninguna producción académica seria que sea del conocimiento público, optan -precisamente- por lo anterior planteado, como una manera de ocultar la mediocridad que puede ser puesta al descubierto por el docente verdaderamente académico.
Por ello, es claro que nadie puede dar lo que no tiene ni enseñar lo que no sabe, y más claro todavía es el hecho que la administración escolar, como ciencia, expresa criterios juiciosos para la conducción en el sistema. De allí que para ellos -sin importarle los resultados- prefieren desmovilizar la academia por lo que le puede ser más rentable a sus intereses, que no son los pedagógicos.