El drama de los maiceros
Orgullosos como nadie, los productores de Los Santos y su vecina Herrera, aguardan sin quejarse una oportunidad para vender los 200 mil quintales de maíz sobrantes de la última cosecha.
Los acreedores que les adelantaron tierras e insumos están presionando por el pago de alquileres y suministros; pero sabedores algunos de ellos de que el producto no se vende, están aceptando el pago en especie. En igual situación están quienes sembraron sorgo.
El mercado avícola, principal cliente de los maiceros, está saturado de grano extranjero subsidiado, que ha sido importado en unos casos pagando el 15% de arancel y en otros cero arancel, dependiendo de si se tiene o no el registro industrial que posibilita la importación de materia prima libre de impuesto.
Los maiceros norteamericanos no tienen los problemas e incertidumbres de sus colegas santeños. En primer lugar, saben desde un principio cuánto recibirán por quintal de grano bajo la política de precio sostén oficial o "long price", que toma en cuenta los costos, los precios internacionales y una ganancia razonable. Y en segundo término, tienen la garantía de que, cualquiera sea el volumen de su producción , si no encuentran salida a su cosecha en el mercado comercial corriente, el gobierno se la compra. Con semejante incentivo y seguridad, no es de extrañar que Estados Unidos sea el granero del mundo.
Pero mientras el Departamento de Agricultura norteamericano encuentra fácil vender sus cosechas en la bolsa agrícola de Chicago y otras similares, los productores de Azuero se las ven a gatas para competir con el grano estadounidense, que entra a Panamá hasta tres y cuatro balboas más barato.
Cierto que nuestros compatriotas no se rinden, pero en verdad que esta vez el gobierno se las puso difícil con la súbita rebaja arancelaria. Al hacerlo privó a los maiceros de sus principales clientes. No es distinto a lo ocurrido hace poco a salineros de Aguadulce y poroteros de Caizán.
Por el momento están colocando algo de producto en industrias pequeñas de tortillas, empanadas y similares; pero no es suficiente para salir de los 200 mil quintales que sobran.
Algo debe hacer el gobierno y pronto. Si no es capaz de ofrecer alternativas de sustento decoroso a nuestros hombres del campo, ya lo veremos haciendo sus maletas el año próximo. Lo menos que se espera es que, al igual que acaba de hacer con el arroz, integre una comisión mixta con carácter urgente, en la que participe el MIDA, la CLICAC, productores del grano, avicultores, comercializadores y técnicos en clima del INRENARE e IRHE para hallar en conjunto una solución y marchar en consenso.
Los acreedores que les adelantaron tierras e insumos están presionando por el pago de alquileres y suministros; pero sabedores algunos de ellos de que el producto no se vende, están aceptando el pago en especie. En igual situación están quienes sembraron sorgo.
El mercado avícola, principal cliente de los maiceros, está saturado de grano extranjero subsidiado, que ha sido importado en unos casos pagando el 15% de arancel y en otros cero arancel, dependiendo de si se tiene o no el registro industrial que posibilita la importación de materia prima libre de impuesto.
Los maiceros norteamericanos no tienen los problemas e incertidumbres de sus colegas santeños. En primer lugar, saben desde un principio cuánto recibirán por quintal de grano bajo la política de precio sostén oficial o "long price", que toma en cuenta los costos, los precios internacionales y una ganancia razonable. Y en segundo término, tienen la garantía de que, cualquiera sea el volumen de su producción , si no encuentran salida a su cosecha en el mercado comercial corriente, el gobierno se la compra. Con semejante incentivo y seguridad, no es de extrañar que Estados Unidos sea el granero del mundo.
Pero mientras el Departamento de Agricultura norteamericano encuentra fácil vender sus cosechas en la bolsa agrícola de Chicago y otras similares, los productores de Azuero se las ven a gatas para competir con el grano estadounidense, que entra a Panamá hasta tres y cuatro balboas más barato.
Cierto que nuestros compatriotas no se rinden, pero en verdad que esta vez el gobierno se las puso difícil con la súbita rebaja arancelaria. Al hacerlo privó a los maiceros de sus principales clientes. No es distinto a lo ocurrido hace poco a salineros de Aguadulce y poroteros de Caizán.
Por el momento están colocando algo de producto en industrias pequeñas de tortillas, empanadas y similares; pero no es suficiente para salir de los 200 mil quintales que sobran.
Algo debe hacer el gobierno y pronto. Si no es capaz de ofrecer alternativas de sustento decoroso a nuestros hombres del campo, ya lo veremos haciendo sus maletas el año próximo. Lo menos que se espera es que, al igual que acaba de hacer con el arroz, integre una comisión mixta con carácter urgente, en la que participe el MIDA, la CLICAC, productores del grano, avicultores, comercializadores y técnicos en clima del INRENARE e IRHE para hallar en conjunto una solución y marchar en consenso.