El esfuerzo nacional: actitud de progreso
Una breve mirada a la conducta nacional en sus diversos órdenes, nos pone de manifiesto que gran parte de los componentes de nuestra sociedad están obsesionados en evitar el progreso del país. En todos los estratos sociales encontramos que el comportamiento de los asociados está dirigido a la asunción de conductas que afectan los intereses nacionales. Constante e incesantemente cientos de malos panameños afectan los intereses del país, destruyendo aspectos que van desde nuestra imagen patria hasta el respeto y conservación de los bienes y propiedad nacionales. Es común en nuestro medio que, mientras un sector se esfuerza por dar una imagen de país civilizado y con cultura, otro grupo haga todo lo contrario, como ocurre en el transporte, en el que con el transcurrir de los años retrocedemos constantemente, tal como lo demuestra la nueva modalidad de este sector, al vociferar la ruta del colectivo a través del respectivo secretario o pavo, en vez de ajustarse a los letreros que para tales efectos dispone la Ley y que mantienen tales vehículos. Por qué, entonces, reemplazar esto por un sujeto que guinda de las escaleras del bus y que, entre otras cosas, estorba a quienes abordan o bajan de dicho transporte; dando, a quienes nos visitan, la impresión de ser un país habitado por salvajes que desconocen el concepto moderno de transporte urbano.
La propiedad nacional es dañada incesantemente, sin contemplaciones, pues vemos cómo se destruyen en todos los centros de enseñanza del país bancas, tableros, sanitarios, etc., que luego, graciosamente, pasan a ser parte de las reclamaciones y exigencias de la población al gobierno que se encuentre en turno. Igual ocurre con parques, monumentos, parada de buses, etc., presas fáciles de esta manía de destrucción aferrada al ánimo de gran parte de malos panameños.
En el disfrute de los beneficios que se exigen del Estado, experimentamos idéntica situación, pues vemos por doquier el despilfarro de los servicios de agua, salud, educación, etc., que son inadecuadamente utilizados por cientos de connacionales que no le dan valor a las cosas que poseemos, tal como observamos a diario en los puentes peatonales exigidos por la población mediante tranques, cierre de carreteras y manifestaciones, y luego dejados de utilizar por irresponsables que no sólo colocan su vida en peligro, sino la de otras personas que pueden verse comprometidas por sus irresponsables acciones.
La naturaleza no escapa a estas personas, pues comúnmente puede apreciarse la destrucción del medio ambiente con las quemas, contaminación de ríos, quebradas y mares, incluso cuando en temporada de verano cientos de malos panameños, haciendo uso de su derecho de disfrutar de playas y ríos, deciden ensuciar y destruir cuanto esté a su paso, sin importar los costos de sus desmanes.
La familia panameña, las autoridades, los educadores, los grupos cívicos y religiosos, en general los diversos componentes de la sociedad que deseen el progreso de Panamá, deben atender este problema y atacarlo de raíz, pues sólo en la conciencia panameña encontraremos el origen del mal y allí destinar las labores y esfuerzos tendientes a la corrección de este desorden emocional de carácter nacional. Cuando entendamos que el progreso de la Nación exige un esfuerzo común , y cuando en dicho esfuerzo se vean comprometidos los diversos sectores, contaremos con una conciencia nacional decidida a alcanzar la estatura de país que nos permita optar por mejores condiciones de vida, respetando la prosperidad nacional, compromiso orientado al engrandecimiento de la imagen como panameños ante nosotros mismos y hacia quienes nos visitan; por otro lado, no se continuará enviando nuestros recursos al abismo de nuestra propia mediocridad, en donde la satisfacción de las necesidades cada vez sean menos posibles.
Tal vez entonces y sólo entonces, tomaremos de manera decidida acciones en conjunto que nos permitan estar entre las naciones que enrumban sus destinos hacia el progreso y la prosperidad, con acierto. Como forma de destacar lo que hemos comentado, decía con claridad el ilustre filosofo José Ortega y Gasset: “ La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde”.
Finalmente, y buscando sentenciar nuestras palabras, vale la pena citar nuevamente al maestro José Ortega y Gasset cuando decía: “ Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos”.
La propiedad nacional es dañada incesantemente, sin contemplaciones, pues vemos cómo se destruyen en todos los centros de enseñanza del país bancas, tableros, sanitarios, etc., que luego, graciosamente, pasan a ser parte de las reclamaciones y exigencias de la población al gobierno que se encuentre en turno. Igual ocurre con parques, monumentos, parada de buses, etc., presas fáciles de esta manía de destrucción aferrada al ánimo de gran parte de malos panameños.
En el disfrute de los beneficios que se exigen del Estado, experimentamos idéntica situación, pues vemos por doquier el despilfarro de los servicios de agua, salud, educación, etc., que son inadecuadamente utilizados por cientos de connacionales que no le dan valor a las cosas que poseemos, tal como observamos a diario en los puentes peatonales exigidos por la población mediante tranques, cierre de carreteras y manifestaciones, y luego dejados de utilizar por irresponsables que no sólo colocan su vida en peligro, sino la de otras personas que pueden verse comprometidas por sus irresponsables acciones.
La naturaleza no escapa a estas personas, pues comúnmente puede apreciarse la destrucción del medio ambiente con las quemas, contaminación de ríos, quebradas y mares, incluso cuando en temporada de verano cientos de malos panameños, haciendo uso de su derecho de disfrutar de playas y ríos, deciden ensuciar y destruir cuanto esté a su paso, sin importar los costos de sus desmanes.
La familia panameña, las autoridades, los educadores, los grupos cívicos y religiosos, en general los diversos componentes de la sociedad que deseen el progreso de Panamá, deben atender este problema y atacarlo de raíz, pues sólo en la conciencia panameña encontraremos el origen del mal y allí destinar las labores y esfuerzos tendientes a la corrección de este desorden emocional de carácter nacional. Cuando entendamos que el progreso de la Nación exige un esfuerzo común , y cuando en dicho esfuerzo se vean comprometidos los diversos sectores, contaremos con una conciencia nacional decidida a alcanzar la estatura de país que nos permita optar por mejores condiciones de vida, respetando la prosperidad nacional, compromiso orientado al engrandecimiento de la imagen como panameños ante nosotros mismos y hacia quienes nos visitan; por otro lado, no se continuará enviando nuestros recursos al abismo de nuestra propia mediocridad, en donde la satisfacción de las necesidades cada vez sean menos posibles.
Tal vez entonces y sólo entonces, tomaremos de manera decidida acciones en conjunto que nos permitan estar entre las naciones que enrumban sus destinos hacia el progreso y la prosperidad, con acierto. Como forma de destacar lo que hemos comentado, decía con claridad el ilustre filosofo José Ortega y Gasset: “ La civilización no dura porque a los hombres sólo les interesan los resultados de la misma: los anestésicos, los automóviles, la radio. Pero nada de lo que da la civilización es el fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde”.
Finalmente, y buscando sentenciar nuestras palabras, vale la pena citar nuevamente al maestro José Ortega y Gasset cuando decía: “ Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos”.