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El fantasma comunista


El pasado 1 de noviembre el señor Rudyard Cattán publicó en La Prensa el artículo "¿Somos Capitalistas o Socialistas?", en el que se manifestó contra los sindicatos y sus dirigencias, al igual que contra la legislación laboral, a su juicio, caduca y los declara como los causantes del impedimento de que las empresas panameñas no puedan competir en el marco de la globalización. El mencionado artículo invita a acabar con los sindicatos y sus "ideas socialistas obsoletas". En resumen, amén de los epítetos peyorativos cargados de odio hacia el sindicalismo, el artículo comentado repite los conceptos neoliberales acerca de que los sindicatos son la principal y única causa de todos los males de la sociedad, y desconoce que la lucha ideológica anticomunista fue superada.
Como regla general, nuestros neoliberales criollos son insultativos y pretenden con violencia verbal imponer sus verdades antihistóricas e inhumanas. El artículo de marras me recordó la actitud de un empresario que, herido por habérsele obligado a firmar una convención colectiva la primera vez, recientemente, no dejó de despotricar contra el sindicato, arguyendo que el mismo "era financiado por Moscú". Y es que la desesperación por la falta de ganancia desmedida a la que algunos estaban acostumbrados en nuestro medio les obnubila el sentido de la realidad y al no encontrar (o no querer encontrar) explicación a la crisis económica en el marco del sistema que defienden, justifican con insultos al sindicalismo, su falta de visión.
La causa del derrumbe económico actual, tanto a nivel nacional como internacional, no es otra cosa que la ley del capitalismo en pleno funcionamiento. El pez más grande se come al más chico. ¿O acaso se conoce de crisis económicas en las grandes empresas transnacionales y aún en las grandes empresas nacionales?. Cuando estas grandes empresas avizoran dificultades económicas simplemente deciden disminuir personal y así compensar las posibles pérdidas. En realidad nunca dejan de ganar, pero el resto de la sociedad carga con el peso de sus decisiones. Por ello es claro que la causa de la crisis de las empresas no es "el sindicalismo y sus ideas socialistas obsoletas" sino la concentración de mayor riqueza en menos manos, producto del sistema de "libre competencia" y su último producto: La globalización.
El sindicalismo no puede ni va a desaparecer, no sólo porque el artículo 64 y subsiguientes de nuestra Constitución Política lo reconoce y promueve, sino porque desde el punto de vista sociológico, es la respuesta a la super explotación de los trabajadores producto del desmedido interés de ganancia por parte de los empleadores.
En un reciente bosquejo de balance sobre la reforma laboral en América Latina, la Organización Internacional del Trabajo ha estimado que la "flexibilización laboral" se dirigió a abaratar los costos de la producción en lo referente al capital humano, pero no promovió el aumento de la productividad, lo que trajo como consecuencia que la estabilidad laboral casi no exista, pero en nada se ha disminuido el desempleo.
En nuestro país, a pesar que el artículo comentado indica que en "1995 se intentó reformar sin éxito el Código de Trabajo", lo cierto es que se produjo una reforma que abarató los costos del despido y permitió mayores facilidades a los empleadores de cara a "aumentar la empleomanía", mismo concepto utilizado para justificar todas las reformas laborales desde 1975. El desempleo, sin embargo, se ha mantenido igual y en momentos coyunturales como el actual, ha aumentado, según cifras oficiales. Es más, la tasa de empleo anual disminuyó entre 1996 y 2000, de un 10% a un 8.9%.
Por otro lado, el porcentaje de participación sindical en nuestro país es de menos del 20% debido, fundamentalmente, al temor a represalias por parte de la empresa por la afiliación sindical, aunque dichas represalias están prohibidas por el Código de Trabajo. Es obvio que en la dirigencia sindical, al igual que en la empresarial y en la de cualquier organización humana, se dan casos de intolerancia absurda rayada en la estupidez, pero la historia del sindicalismo panameño demuestra que gracias a su tolerancia se ha evitado grandes confrontaciones a la sociedad panameña.
Los sindicatos, junto con la legislación laboral, tienen como función social proteger al trabajador en su relación de trabajo con un empleador infinitamente más poderoso, a la vez que constituirse en un canalizador del descontento para encontrar soluciones aceptables a los abusos, y ello no depende de ninguna norma jurídica, sino que es un hecho sociológico. La historia del sindicalismo y del Derecho del Trabajo pasó por un período de represión, luego de tolerancia y finalmente de legalización y constitucionalización. Pretender echar atrás la rueda de la historia es esforzarse en la dirección equivocada, pues la sociedad actual no está dispuesta a aceptar la política de imposición-confrontación que invocan los apologistas del capitalismo salvaje, en vez del diálogo franco y conciliador que exige la realidad de la concentración del capital.
La historia ha demostrado que el capitalismo salvaje no ha resuelto ningún problema en la sociedad actual. Los "modelos económicos" hoy se derrumban frente a la cruel verdad de la concentración del capital en cada vez menos manos. La práctica, la sociedad y hasta la Iglesia han sugerido un alto a este tipo de concepciones. Por eso, los trogloditas apóstoles del capitalismo salvaje no tienen otro camino que el basurero de la historia.

101 años de Panamá América

 
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