El fin de una negación
Uno podría pensar que el Holocausto, ocurrido durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, se encuentra incuestionablemente incorporado a la historia del siglo XX.
Estos últimos cincuenta años han brindado el tiempo necesario como para que fueran emergiendo testimonios de protagonistas, vivencias de sobrevivientes e investigaciones, revelando la inhumanidad de una de las catástrofes más traumáticas de los tiempos modernos. A pesar de ello, en las últimas dos décadas ha tomado forma en Europa un movimiento pseudo-histórico que minimiza la magnitud de dicho genocidio o directamente niega que haya tenido lugar. Esta corriente ha tenido una menor repercusión en los Estados Unidos y América Latina. Entre los exponentes más representivos de estas posturas se encuentra el historiador inglés David Irving. Su obra ha cubierto distintos aspectos de la guerra que culminó en 1945 con la victoria de los Aliados. No obstante, su mayor interés se ha centrado precisamente en el Nacionalsocialismo alemán y su líder, Adolf Hitler. Una constante del trabajo del académico británico ha sido la utilización de argumentos contradictorios para relativizar e incluso negar el exterminio masivo de personas durante el apogeo del Tercer Reich alemán. Sus afirmaciones han escandalizado a amplios sectores, al tergiversar ese crucial período histórico. El autor de "La Guerra de Hitler" y de una biografía sobre Goebbels, la eminencia gris del Nazismo, sostuvo que las cámaras de gas emplazadas en los campos de concentración no tenían por finalidad la eliminación de personas. Por el contrario, afirma, se construyeron por la necesidad de fumigar ropas y cadáveres, evitando así posibles brotes de tifus en los campos excesivamente superpoblados. Asimismo, Irving ha sostenido que es imposible atribuir a Hitler la responsabilidad del Holocausto. Para ello, argumenta, es necesario encontrar documentación que lo vincule directamente con la puesta en marcha del proyecto destinado a diezmar la población judía europea. Ha sostenido además que las muertes ocasionadas, lejos de probar la existencia de un plan sistemático concebido por el mismo "Fueher", obedecieron a los excesos de sus lugartenientes y colaboradores inmediatos.
Este debate se vio amplificado recientemente en Londres. En dicha ciudad se celebró un juicio que enfrentó a Irving con una destacada experta en el Nazismo, Deborah Lipstadt. La académica norteamericana logró exponer la verdadera motivación de los "negadores del Holocausto" en una corte inglesa. Presentó evidencia incontrastable que explica como, tanto en Alemania como en el resto de la Europa ocupada, una fría planificación estatal arrasó con la vida de millones de personas. Para ello presentó como prueba las memorias escritas por uno de los principlales "arquitectos" del Holocausto, Adolf Eichman. Haciendo uso de las mismas, Lipstadt logró desechar públicamente las afirmaciones de los revisionistas, contribuyendo a ahondar el descrédito de los mismos. El proceso, extendido a lo largo de 32 jornadas, concluyó con un fallo judicial categórico. El magistrado interviniente rechazó, a través de unas trescientas páginas, la pretensión de Irving de que se restituyeran su honor y reputación profesional. El juez expresó que Irving ha obrado "persistente y deliberadamente manipulando evidencia histórica" para negar el Holocausto, y que ello se debía a sus innegables inclinaciones "racistas y antisemitas".
Sin lugar a dudas, la contundencia del pronunciamiento tiene un efecto devastador sobre el historiador filonazi. Por lo pronto, pone punto final a su larga e impune distorsión del genocidio sufrido por el pueblo judío. Al desenmascarar al más célebre exponente revisionista se ha logrado un triunfo en favor de la recuperación de la verdad histórica. Ello es fundamental para la construcción de la memoria que permite a las sociedades avanzar, evolucionar. No obstante, es probable que en el futuro asistamos a nuevos ensayos "negacionistas", impulsados por seguidores de doctrinas que promueven la discriminación y estigmatización de las minorías. Sólo una actitud firme que conteste estos embates con argumentos históricamente veraces, sólidos y contundentes podrá derrotar a quienes procuran una imposible rehabilitación del odio y una inadmisible reedición del horror vivido.
Estos últimos cincuenta años han brindado el tiempo necesario como para que fueran emergiendo testimonios de protagonistas, vivencias de sobrevivientes e investigaciones, revelando la inhumanidad de una de las catástrofes más traumáticas de los tiempos modernos. A pesar de ello, en las últimas dos décadas ha tomado forma en Europa un movimiento pseudo-histórico que minimiza la magnitud de dicho genocidio o directamente niega que haya tenido lugar. Esta corriente ha tenido una menor repercusión en los Estados Unidos y América Latina. Entre los exponentes más representivos de estas posturas se encuentra el historiador inglés David Irving. Su obra ha cubierto distintos aspectos de la guerra que culminó en 1945 con la victoria de los Aliados. No obstante, su mayor interés se ha centrado precisamente en el Nacionalsocialismo alemán y su líder, Adolf Hitler. Una constante del trabajo del académico británico ha sido la utilización de argumentos contradictorios para relativizar e incluso negar el exterminio masivo de personas durante el apogeo del Tercer Reich alemán. Sus afirmaciones han escandalizado a amplios sectores, al tergiversar ese crucial período histórico. El autor de "La Guerra de Hitler" y de una biografía sobre Goebbels, la eminencia gris del Nazismo, sostuvo que las cámaras de gas emplazadas en los campos de concentración no tenían por finalidad la eliminación de personas. Por el contrario, afirma, se construyeron por la necesidad de fumigar ropas y cadáveres, evitando así posibles brotes de tifus en los campos excesivamente superpoblados. Asimismo, Irving ha sostenido que es imposible atribuir a Hitler la responsabilidad del Holocausto. Para ello, argumenta, es necesario encontrar documentación que lo vincule directamente con la puesta en marcha del proyecto destinado a diezmar la población judía europea. Ha sostenido además que las muertes ocasionadas, lejos de probar la existencia de un plan sistemático concebido por el mismo "Fueher", obedecieron a los excesos de sus lugartenientes y colaboradores inmediatos.
Este debate se vio amplificado recientemente en Londres. En dicha ciudad se celebró un juicio que enfrentó a Irving con una destacada experta en el Nazismo, Deborah Lipstadt. La académica norteamericana logró exponer la verdadera motivación de los "negadores del Holocausto" en una corte inglesa. Presentó evidencia incontrastable que explica como, tanto en Alemania como en el resto de la Europa ocupada, una fría planificación estatal arrasó con la vida de millones de personas. Para ello presentó como prueba las memorias escritas por uno de los principlales "arquitectos" del Holocausto, Adolf Eichman. Haciendo uso de las mismas, Lipstadt logró desechar públicamente las afirmaciones de los revisionistas, contribuyendo a ahondar el descrédito de los mismos. El proceso, extendido a lo largo de 32 jornadas, concluyó con un fallo judicial categórico. El magistrado interviniente rechazó, a través de unas trescientas páginas, la pretensión de Irving de que se restituyeran su honor y reputación profesional. El juez expresó que Irving ha obrado "persistente y deliberadamente manipulando evidencia histórica" para negar el Holocausto, y que ello se debía a sus innegables inclinaciones "racistas y antisemitas".
Sin lugar a dudas, la contundencia del pronunciamiento tiene un efecto devastador sobre el historiador filonazi. Por lo pronto, pone punto final a su larga e impune distorsión del genocidio sufrido por el pueblo judío. Al desenmascarar al más célebre exponente revisionista se ha logrado un triunfo en favor de la recuperación de la verdad histórica. Ello es fundamental para la construcción de la memoria que permite a las sociedades avanzar, evolucionar. No obstante, es probable que en el futuro asistamos a nuevos ensayos "negacionistas", impulsados por seguidores de doctrinas que promueven la discriminación y estigmatización de las minorías. Sólo una actitud firme que conteste estos embates con argumentos históricamente veraces, sólidos y contundentes podrá derrotar a quienes procuran una imposible rehabilitación del odio y una inadmisible reedición del horror vivido.