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El Fondo Fiduciario y la pobreza nacional


Siempre se ha venido destacando que el Canal de Panamá, con todas sus infraestructuras colaterales, constituye un bien que pertenece a todos los panameños y que, por ende, los beneficios que ese bien genere deben ser compartidos entre todos los que conformamos la nación panameña.
Ahora, en virtud de la reversión gradual de toda la infraestructura canalera a nuestro país, ha sido posible la generación y creación de lo que hoy conocemos como el Fondo Fiduciario, cuyo monto actual se señala en 1,300 millones de balboas, monto que podrá seguirse elevando, en la medida que se le incorporen otros recursos derivados de la comercialización de ese gran bien común y de otros que, como los valores accionarios de empresas privatizadas, pudiesen incorporarse a dicho fondo.
Como consecuencia de ese hecho, hoy nos encontramos frente a un complejo debate sobre cómo utilizar esos fondos y, en general, se plantea como la mejor medida el lograr incrementar la rentabilidad económica del mismo, mediante la inversión o colocación en centros donde se deriven mayores intereses anuales que los que hoy se están obteniendo. Uno de los planteamientos señala que podría llegar a obtenerse intereses por el orden de los 30 millones de balboas anuales, más que lo obtenido actualmente.
Por otro lado, nuestro país está viviendo la realidad de una creciente pobreza social que afecta directamente a un vasto sector de nuestra población, sin que se vislumbren luces claras ni medidas efectivas inmediatas que contribuyan siquiera a mitigar en parte las más apremiantes necesidades vitales de ese sector de panameños que constituyen la base de la pirámide socio-económica de nuestro pueblo, a pesar de los foros y planteamientos que constantemente se hacen destacando esta delicada situación nacional.
Es ante esta grave realidad que nos preguntamos, ¿si no fuese más racional y justo utilizar de inmediato una parte de ese Fondo Fiduciario para emprender programas que contribuyan a resolver en parte, la pobreza apremiante de los sectores más necesitados y marginados de la corriente económica y cultural?
¿Por qué no destinar 300 millones de balboas del Fondo Fiduciario para activar una cruzada nacional contra la pobreza, y utilizar los otros 100 mil millones, más los recursos adicionales que se le incorporen, para mantener esa reserva de capital nacional que indiscutiblemente es conveniente para los intereses de nuestro país?
Esos 300 millones podrían invertirse en programas específicos que fortalezcan y aceleren el proceso de desarrollo actual y contribuyan a mejorar la calidad de vida de nuestra población más necesitada. Entre los muchos de esos programas posibles, podríamos mencionar, por ejemplo: Modernización y adecuación de los sistemas de dotación de agua potable a todos los centros poblados que actualmente lo necesitan. Modernización de la infraestructura de salud, incluyendo el suministro suficiente y oportuno de medicamentos. Adecuar las facilidades y programas educativos para que nuestra juventud se forme a los niveles competitivos que exige la rápida evolución actual de la humanidad. Emprender programas que conduzcan rápidamente a mejorar las condiciones de vida de nuestra población indígena y rural marginada, propiciando la utilización de su capacidad productiva y la de los recursos naturales donde habitan. Contribuir al mejoramiento de las viviendas infrahumanas que habitan, en condiciones paupérrimas, un gran número de panameños. En fin, pensamos que existen muchos campos específicos en los cuales se puede actuar con una dinámica ejecutiva eficiente que permita a nuestra población percibir, de inmediato, beneficios palpables derivados de la reversión de esos grandes bienes logrados a través de las luchas transgeneracionales de nuestro pueblo y que, de hecho, le pertenecen con justicia.
En otras palabras, aparte de invertir para lograr mayores intereses económicos anuales, pensamos que también es justo y sensato invertir parte de esos recursos financieros disponibles, en el engrandecimiento vital del capital humano que conforma nuestra nación y que, al final de cuentas, constituye el más productivo y valioso recurso con que cuenta nuestro país, y que es en sí la verdadera razón de ser de todos los esfuerzos de superación social, cultural y económica que seamos capaces de generar.

101 años de Panamá América

 
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