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El futuro de Latinoamérica frente a Asia (II)


Ante el avance de la invasión de productos del sudeste asiático, algunos sectores conservadores norteamericanos y europeos han propuesto establecer tarifas arancelarias, cuotas u otras medidas de unilaterales para contenerlos, sin embargo, tanto EU y Europa han sido cautos en aplicarlas por cuanto ellos saben que esas medidas no son sostenibles en el tiempo, y van contra las prédicas que les han permitido imponerse en mercados más débiles. De ahí que sus expertos han señalado, que sólo su superioridad tecnológica les permitirá mantener su estatus económico, político y hasta militar. Decía recientemente un profesor de desarrollo económico que el camino hacia el desarrollo comienza con más y mejores estudiantes de ciencia y tecnología que luego serán los científicos que llevarán a cabo los procesos de Investigación y Desarrollo (R&D) que permitirán mejorar y descubrir nuevos productos. Dentro de un adecuado marco legal, sólo se necesitará de una administración y mercadeo razonables, para que la innovación productiva conduzca al liderazgo en el mercado y a la creación de la nueva riqueza con la que se financiará la investigación, los científicos y los productos que a su vez producirán más riquezas.
En un extenso y meticuloso artículo publicado en la revista Fortune en julio pasado, Geoffrey Colvin señalaba que la crisis de confianza que afecta a EU ante el aumento de su déficit comercial con China y Asia sólo podrá detenerse si ese país comienza a incrementar el "stock" de científicos e ingenieros que le permitan potenciar los procesos de investigación y desarrollo (Research and Development) dentro de su sector público y privado. Esto -según Colvin- permitiría que salgan nuevos y mejores productos Made in USA, capaces de imponerse por calidad y por precio a los fabricados en cualquier otra parte del mundo. Concluye este articulista, señalando que eso no será posible si Norteamérica no busca formas de incrementar el número de estudiantes en sus escuelas de ciencias y tecnología, así como cambiar su política de inmigración permanente para facilitar la entrada de extranjeros, primeramente sobre la base de su preparación científica y no por el simple motivo de reunificación familiar como hasta ahora. Entonces surge nuevamente la pregunta: ¿Qué están haciendo los líderes latinoamericanos ante estos cambios que están ocurriendo en el mundo? Los titulares de los principales periódicos del área parecen indicar que estamos más distraídos que nunca en nuestros pequeños circos de escándalos y rencillas internas. Según señaló recientemente el informe sobre corrupción gubernamental de Transparencia Internacional, con excepción de Chile, en corrupción gubernamental todos pasamos de curso, y comparados con el período anterior casi todos estamos igual o más corruptos que antes. Un frío informe de World Economic Forum de hace apenas unas semanas, indica como casi todos los países de Latinoamérica se han vuelto económicamente menos competitivos frente a otras naciones del planeta, y eso quiérase o no, significa que más temprano que tarde muchas industrias y empleos se marcharán a otras áreas u otras empresas foráneas exterminarán las locales.
Aun con un mundo con menos recursos naturales disponibles, y con una competencia comercial e industrial mucho más feroz, Asia esta apostando a la educación de su población y a la disciplina de sus Estados para exigir una mayor tajada del pastel, mientras tanto, en Latinoamérica salvo muy honradas excepciones, ni los pobres, ni los políticos, ni los ricos, ni los sindicalistas parecen inmutarse ante esta realidad más allá de lo que escriben en sus discursos de campaña electoral, o para poder alegar "yo lo dije" a cualquiera que en el futuro se lo recrimine. No existe ningún esfuerzo serio ni mucho menos consistente para mejorar (crear dirían más sinceramente algunos) nuestra capacidad tecnológica. En el mejor de los casos, todos parecen estar apostando a que la cercanía a los EU, los bajos salarios de las maquiladoras y zonas francas más las exenciones tributarias que puedan ofrecer los gobiernos, serán suficientes para atraer inversiones a la región.
Sin embargo, nuevas economías emergentes de Asia han venido demostrando silenciosamente desde hace casi tres décadas que ninguno de esos factores, ni ningún tratamiento favorable que por pena o reminiscencias históricas otorguen EU o la Unión Europea, son suficientes para aplastar cualquier competencia industrial o comercial proveniente de la región. A nuestros líderes políticos les encanta proclamar haber insertado su país en la era de la información con solo inaugurar en alguna escuela secundaria repleta de profesores mal preparados y mal pagados, un centro de cómputos que siempre termina abandonado a su suerte junto al resto del sistema educativo. Pocos parecen darse cuenta de que lo que ha hecho la diferencia en Asia no ha sido un simple sistema de incentivos fiscales, como los que han existido en Latinoamérica desde hace décadas, sino una política consistente del Estado y el sector privado dirigida a la tecnificación de una masa laboral lo suficientemente preparada, como para disputarle con facilidad sus empleos a los países del primer mundo... y con mucho más facilidad a los del tercero. En casi toda Latinoamérica, el nivel de escolaridad en las periferias urbanas y las áreas rurales no sale de estado crítico, la inversión en investigación y desarrollo esta casi en cero y la calidad de la educación superior deja mucho que desear sobre todo en el área de ciencias y tecnología. Pero sobre todo, la indiferencia casi total a lo que vislumbra el futuro ante la globalización, parecería indicar que no terminamos de aprender la lección. Y lamentablemente tendremos que pagar el precio, a menos que nuestros líderes paren el circo y comiencen a invertir en el mejoramiento de su recurso más valioso: su gente.
(Nota: La primera entrega fue publicada el pasado domingo 23 de octubre).
*Especialista en administración pública y tributaria.
La Comisión de Finanzas estructuró el plan de financiamiento llevando a cabo una rifa. En enero de 1986, la oficina del Centro fue trasladada a la sede actual. Este sueño es realidad gracias al especial esfuerzo de la Asociación China de Panamá, la Junta Directiva Provisional del Centro y al Gobierno de la República de China.
El Centro Cultural Chino Panameño es una asociación de carácter cívico cultural, sin fines lucrativos, fundada en la ciudad de Panamá en 1980 con los siguientes bbbobjetivos:
  • Promover la unión de las comunidades chino - panameña incrementando las actividades socioculturales, educativas, económicas e incorporándose a la comunidad y tradición panameña.

  • Estimular sin ánimo de lucro y elevar el nivel de perfeccionamiento de los miembros del Centro y de la comunidad chino-panameña a través de actividades culturales.

101 años de Panamá América

 
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