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El infierno de Chávez


El presidente de Venezuela no para. Aun cuando su homólogo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha hablado recientemente al nuevo jefe de estado norteamericano, Barack Obama, sobre el interés de Hugo Chávez en acercarse a Washington, el nuevo ofrecimiento del inquilino de Miraflores a Rusia para que bombarderos rusos se estacionen en una isla del caribe venezolano parece entrar en contradicción con sus supuestas buenas intenciones.

El ofrecimiento de Chávez a las autoridades rusas parece más coherente con ese afán, ya casi inocultable, de sumir a América Latina en una tormentosa guerra, donde fuerzas extracontinentales tendrían la oportunidad de dirimir un pleito que por décadas han mantenido en voz baja. El antecedente inmediato fue la presencia, a finales del año pasado, de Pedro El Grande, un buque de guerra que trajo a la armada rusa por primera vez a las costas americanas.

¿Qué persigue Chávez con estos movimientos? ¿Se trata acaso de algún proceso de amedrentamiento? El presidente venezolano podría estar sumido en las viejas tesis de las llamadas "guerras de liberación" que tanta muerte han costado a la región sin mayor fruto que la sangre y el dolor. Claro que en esta nueva aventura, y con una responsabilidad puesta a prueba lo compaña Rusia, que podría estar tratando de cobrar a Estados Unidos la visita que realizara a Georgia el año pasado la exsecretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice.

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