El informe del Consejo de Educación
Las trece entidades o gremios educativos que integran el Consejo Nacional de Educación no han revelado nada que no se supiera en cuanto al estado general de la educación pública en Panamá dominada por el alto índice de fracaso, repetición y deserción escolar. Todo ello, a pesar de que las autoridades, allí representadas, subrayan el significativo hecho que el Estado panameño es uno de los que gasta más en educación en relación con el Producto Interno Bruto (PIB). Y este es el punto a destacar. Son ellos (CNE), los que han fracasado, son los que año tras año han "repetido" el modelo que saben que no está funcionando y son los que deberían desertar del sistema.
Alguien tiene que mostrar racionalidad en este tema para hacer los cambios necesarios al sistema educativo que objetivamente, no importa lo que digan al respecto, parece que nadie quiere cambiar.
Este desalentador informe es una confesión de parte, y no requiere mayores pruebas para permitirnos cuestionar públicamente a las autoridades que, aunque no lo hagan explícitamente, han admitido que nuestros estudiantes siguen con altos índices de fracaso escolar, especialmente en aquellas materias (español, matemáticas y ciencias) indispensables para el desarrollo del pensamiento lógico-analítico, para la comprensión y el trabajo del mundo moderno. A esto hay que agregarle los datos no medidos sobre la calidad educativa y el bajo nivel cultural del estudiante.
El informe del Consejo Nacional de Educación es una de las peores noticias que se han dado a conocer recientemente en nuestro país. Sorprende que el presidente Martín Torrijos y su equipo de gobierno no hayan hecho pública una opinión al respecto, y nadie de su gobierno haya anunciado medida alguna para declarar el estado de urgencia nacional para tomar decisiones enérgicas que permitan rescatar a los estudiantes del sistema que los condena a la mediocridad.
Alguien tiene que mostrar racionalidad en este tema para hacer los cambios necesarios al sistema educativo que objetivamente, no importa lo que digan al respecto, parece que nadie quiere cambiar.
Este desalentador informe es una confesión de parte, y no requiere mayores pruebas para permitirnos cuestionar públicamente a las autoridades que, aunque no lo hagan explícitamente, han admitido que nuestros estudiantes siguen con altos índices de fracaso escolar, especialmente en aquellas materias (español, matemáticas y ciencias) indispensables para el desarrollo del pensamiento lógico-analítico, para la comprensión y el trabajo del mundo moderno. A esto hay que agregarle los datos no medidos sobre la calidad educativa y el bajo nivel cultural del estudiante.
El informe del Consejo Nacional de Educación es una de las peores noticias que se han dado a conocer recientemente en nuestro país. Sorprende que el presidente Martín Torrijos y su equipo de gobierno no hayan hecho pública una opinión al respecto, y nadie de su gobierno haya anunciado medida alguna para declarar el estado de urgencia nacional para tomar decisiones enérgicas que permitan rescatar a los estudiantes del sistema que los condena a la mediocridad.