El juicio de Haydée
Milanés de LayL e anularon las elecciones y frustraron su proclamación como legisladora. Los magistrados del Tribunal Electoral tomaron una dura decisión porque estaban bajo intensa presión de ambos extremos. Después de todo, no hubiera sido la primera vez que echaban a un lado los hechos y fallaban contra las evidencias. Y poco es lo que se les puede objetar, pues se trata de un organismo político y, por ende, sus fallos nunca son del todo ajenos a esa realidad. Sus tres integrantes provienen de filas partidarias; pero no es ocasión de ocuparnos de eso.
Fue una injusticia, dicen algunos; lo fue al contrario, para otros. Ambos tienen razón. Los primeros, porque ella no fue la única en disponer de abundantes recursos del Estado para su campaña.
Se nos asegura, de altísima fuente oficial, que todos sus candidatos contaron con iguales medios y los usaron, algunos con éxito y otros no; pero aclaran que Milanés fue quien peor los usó y se expuso en mayor grado a sus adversarios. Y reiteran que todos, incluso los que asumirán su cargo en el hemiciclo en septiembre próximo, hicieron exactamente lo mismo.
Si es así, no deja de haber cierto grado de injusticia que sea una sola la que pierda su curul por ese motivo, mientras que el resto porta la flamante credencial de "honorable legislador". Ninguno de ellos, del gobierno u oposición, dirá ni reconocerá nada. Todos han aceptado las reglas de juego sobre la base que "gobierno es gobierno"; y el que está en el poder tiene como primer mandato usarlo y luego "no caerse". La oposición lo sabe, pero acepta mansa su papel de retador que debe "dar gabela" confiada en recortar la ventaja del que está arriba apostando al desgaste propio de quien ejerce el gobierno, y a la frescura de su propia propuesta como retador del trono. Como en el boxeo, "al campeón se le gana bien gana"o", lo que es lo mismo que batirlo contundentemente, con sus reglas, pese a que haga trampa.
Esa es la verdad, aunque todo el mundo lo niegue. De eso trata el juicio de Milanés. Claro que, por otro lado, es justo que hayan anulado la elección y tenga que repetirse, pues su caso serviría de ejemplo. Pero, fuera de eso, ella, si se decide y no hay tropiezos legales, puede volver "a ganar"; y esta vez limpiamente, aprovechando su victimización y su argumento para ingenuos de mujer débil, pobre y negra. La gente en este país "dicharachero" no sabe votar. Si lo logra, estaría en mejor compañía al lado de los triunfantes "Titi" Alvarado, "Tito" Afú, "Agapito", y otros; en vez de con las perdidosas aspirantes a legisladoras "Teresita" de Arias y Roxana Méndez, por meritorias que éstas sean, con las que nada tiene en común. Este es un país de locos.
Fue una injusticia, dicen algunos; lo fue al contrario, para otros. Ambos tienen razón. Los primeros, porque ella no fue la única en disponer de abundantes recursos del Estado para su campaña.
Se nos asegura, de altísima fuente oficial, que todos sus candidatos contaron con iguales medios y los usaron, algunos con éxito y otros no; pero aclaran que Milanés fue quien peor los usó y se expuso en mayor grado a sus adversarios. Y reiteran que todos, incluso los que asumirán su cargo en el hemiciclo en septiembre próximo, hicieron exactamente lo mismo.
Si es así, no deja de haber cierto grado de injusticia que sea una sola la que pierda su curul por ese motivo, mientras que el resto porta la flamante credencial de "honorable legislador". Ninguno de ellos, del gobierno u oposición, dirá ni reconocerá nada. Todos han aceptado las reglas de juego sobre la base que "gobierno es gobierno"; y el que está en el poder tiene como primer mandato usarlo y luego "no caerse". La oposición lo sabe, pero acepta mansa su papel de retador que debe "dar gabela" confiada en recortar la ventaja del que está arriba apostando al desgaste propio de quien ejerce el gobierno, y a la frescura de su propia propuesta como retador del trono. Como en el boxeo, "al campeón se le gana bien gana"o", lo que es lo mismo que batirlo contundentemente, con sus reglas, pese a que haga trampa.
Esa es la verdad, aunque todo el mundo lo niegue. De eso trata el juicio de Milanés. Claro que, por otro lado, es justo que hayan anulado la elección y tenga que repetirse, pues su caso serviría de ejemplo. Pero, fuera de eso, ella, si se decide y no hay tropiezos legales, puede volver "a ganar"; y esta vez limpiamente, aprovechando su victimización y su argumento para ingenuos de mujer débil, pobre y negra. La gente en este país "dicharachero" no sabe votar. Si lo logra, estaría en mejor compañía al lado de los triunfantes "Titi" Alvarado, "Tito" Afú, "Agapito", y otros; en vez de con las perdidosas aspirantes a legisladoras "Teresita" de Arias y Roxana Méndez, por meritorias que éstas sean, con las que nada tiene en común. Este es un país de locos.