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El liderazgo y la credibilidad en los candidatos a cargos públicos


En nuestro país muchas personas llegan a ocupar cargos en la administración por eventos fortuitos o por actos folclóricos que no tienen ni representan ningún valor. Sin embargo, hay personalidades que han acumulado experiencias que describen una trayectoria y un determinado liderazgo en la ejecución de sus acciones.

Hay personas cuyo liderazgo es natural y otras que el mismo se identifica con el ejercicio de funciones administrativas. Tanto los líderes naturales como los que se hacen con el ejercicio de las funciones, hacen de estos funcionarios o de estas personas figuras potables que pueden acceder a dirigir la "cosa pública", y que pertenecen a partidos políticos que en sus organizaciones se pueden constituir en dirigentes auténticos. Cuando estos dirigentes o líderes son además carismáticos y poseen el conocimiento necesario para ocupar un cargo público, arrastran consigo a personas que apoyan cualquier candidatura de la que sea objeto este líder. Inclusive, muchos políticos, candidatos de menor embergadura aunque no tengan los requisitos necesarios, se amparan bajo el paraguas del líder, obteniendo por "paratisismo", un triunfo que no es propio de ellos y que no se compagina con su débil trayectoria.

El verdadero líder sabe cuándo avanzar y cuándo retroceder para ganar, si llevando a efecto un sacrificio puede ganar dos y tres veces. El riesgo no es sólo para llegar al poder, sino también para decidir un movimiento que puede representar una ganancia potencializada. A veces no arriesgarse significa perder, y perder más de dos veces. También significa que al "perder", en un acto de sacrificio, el colectivo gana, y también se logra un triunfo que, en prospectiva, puede traer mayores dividendos.

El líder es aquel que gana cuando el colectivo que lo apoya gana también. Se necesita mucha madurez y capacidad de análisis para que un líder pueda entrever que tomando una decisión que evoca un riesgo, puede ganar no una sino muchas veces, eventos de orden eleccional.

El panameño, quizás, ha evoluciando un poco y ha adquirido en estos momentos, tal vez, una cultura electoral que dista de la que históricamente se dio hasta la década del ´60.

Un verdadero líder describe un perfil que refleja trabajo, sacrificios, ideales y, sobre todo, un interés por mejorar el nivel de vida del colectivo, en este caso, el de todos los panameños. Ejerzamos nuestro derecho al voto eligiendo o aquellos líderes que lo merecen y que sin lugar a dudas ejercerán el poder logrando beneficios para el pueblo en todos sus niveles de conformación.

Elijamos al verdadero líder y no nos arrepentiremos durante y al finalizar de su mandato.

 

101 años de Panamá América

 
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