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El mal latinoamericano


Dicen por allí que, cada vez que Latinoamérica está por dar el salto al desarrollo, se dispara en un pie. Esto que parece la trama de una novela es más bien nuestra historia. Salvo excepciones como Chile y algunos otros países, - en donde esperamos incluir a Panamá, - cuando se toman medidas dolorosas pero necesarias y éstas empiezan a dar frutos, se elige a algún demagogo que promete realizar el Cielo en la Tierra en seis meses de plazo y ¡zas! de vuelta a cero. Es cierto que muchas de las medidas no tuvieron el efecto de bienestar inmediato con el que se promovieron; hay que reconocer la escandalosa corrupción que ha rodeado a muchas de las gestiones de reforma, pero la solución no puede ser recurrir a modelos demagógicos, populistas o de ideologías fracasadas, sino rescatar, - como muy bien han hecho los chilenos y en parte los brasileros, - aquello que funciona, corregir lo que no funcionó y seguir adelante.
El "Consenso de Washington" produjo una fórmula combinando elementos de efectividad probada, pero desatendiendo los aspectos de su mala ejecución. No hay nadie sensato que dude que la democracia es mejor que la dictadura. Nadie sensato duda que el mercado libre es más eficiente en producir y distribuir riquezas, que la planificación estatal y la burocracia. Quién sensato, puede dudar que las finanzas públicas equilibradas y una política monetaria conservadora son mejores que los déficits fiscales inmanejables y las inflaciones galopantes. Nadie sensato duda que el libre intercambio de bienes y servicios junto con la movilidad de capitales y personas, produce más riqueza que los sistemas chauvinistas cerrados, monopólicos u oligopólicos. Sin embargo se toleró que hubiera fraude en ciertas elecciones, se privilegió la recaudación de impuestos sobre el crecimiento económico, se permitió la sobrevaluación monetaria artificial, se privatizaron monopolios públicos para constituir monopolios privados y se mantuvieron barreras obsoletas para la protección de actividades ineficientes.
Cualquier país sensato hubiera corregido las distorsiones con más democracia, más iniciativa privada, más responsabilidad fiscal en el control del gasto, más competencia y más libre comercio. Sin embargo, tal vez por razones sólo explicables en alguna novela de "realismo mágico" tan latinoamericanas como nuestros problemas, algunos pueblos han preferido el intoxicante engaño del camino populista y marxista narcisista que la estimulante aventura de la libertad y el desarrollo. Ellos se lo pierden.
La enfermedad lo obligó a renunciar a su trabajo y abandonar su carrera universitaria.
Su fiel aliada en la batalla que libra ha sido su madre, Rosa Camaño, quien en ningún momento se separa de Alex.
PA: ¿Por qué planearon este robo?
EVP: Fue un error de mi parte, porque era mi obligación cuidar el local , no fue un robo planeado, como se dice. Fue algo por necesidad de un día para otro, no como dice la prensa.
PA: ¿El algún momento ellas se dieron cuenta que tú estabas participando del robo?
EVP: En ningún momento.
PA: ¿Qué pueden decir en estos momentos a las familias?
LS: Yo les pido perdón a los familiares de la señora Holanda y de la señora Vielka, me siento arrepentido por lo que han hecho los compañeros, mis compañeros, algo que no se por qué lo hicieron porque verdaderamente las muchachas estaban bien.

101 años de Panamá América

 
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