default

El mejor candidato


Las expectativas que las lides políticas despiertan en la población usualmente traen consigo un sinnúmero de análisis parciales, discusiones de forma y no de fondo, controversias por sectarismos y un marcado apasionamiento, que terminan por menoscabar la objetividad con la que se debe juzgar una gran cantidad de valiosas ideas, las que acaban por perderse irremediablemente, cuando en otro momento, quizás gozarían de una rotunda aceptación general.
No es raro, que las propuestas de cada candidato (a cualquier puesto de elección), pasen a un segundo plano, porque es común darle más valor a rasgos negativos de la personalidad del individuo sujeto a escrutinio, al igual que a hechos de su vida privada (incluidos quiénes son sus familiares, sus compañías), así como al innegable efecto que sobre su persona tenga (bueno o malo), el partido al que pertenece o las anécdotas que cualquier votante tenga que contar acerca de la vida y bienes del individuo ubicado en la palestra de la opinión pública.
Es una realidad que nadie es perfecto. Mucho menos perfecto es nuestro incipiente sistema democrático. Si aceptamos que en definitiva, la elección de un candidato se basa en una mera opinión (con frecuencia ligera o circunstancial) que de él o ella se forme la población, entonces tenemos que aceptar que la escogencia de nuestras autoridades no está cimentada en parámetros matemáticos o científicos generales, a los que se pudiera apelar tratando de darle un matiz numérico a cosas altamente subjetivas.
En gran parte, la conducta social del electorado es motivada por los años de frustración acumulados, por darle a los políticos un sitial preponderante en nuestras vidas, como salvadores de los destinos de la patria, rol para el que sin duda no están capacitados, porque a fin de cuentas, depende únicamente del esfuerzo tesonero de cada ciudadano, que cuando se hace colectivo es el responsable último de enrumbar a nuestro querido Panamá, por caminos más acordes con la nobleza de este pueblo.
De modo que a la hora de elegir, debemos aceptar que la frase "el mejor candidato", no tiene más fuerza que la que cada votante le da a la misma. Lo mismo pasa, por ejemplo, cuando se comparan sabores de helados; cada uno tiene su propia opinión y no hay manera de justificar esto mediante complicados ejercicios mentales. Sólo podemos aceptar esto como una realidad.
Continuando con la metáfora, si nunca en nuestra vida hemos probado un sabor ( digamos el de "grape nut") y el solo verlo en la lista de posibilidades para el paladar, despierta en nosotros un rechazo, hay que aceptar que al no haber experimentado con esa sensación gustativa, nuestra actitud carece de elementos de juicio.
Se cae así en el meollo de lo que nos proponemos comentar, cada candidato tiene su propio "sabor" y no hay necesidad de apasionarse buscando imponer argumentos acerca de qué es lo más recomendado. Indudablemente, cada uno tiene ingredientes que pueden ser del agrado de la colectividad, pero en el caso de las elecciones y particularmente en la de Presidente de la República, no se nos permitirá pedir una copa con tres sabores, sólo podemos escoger uno.
Algunos buscan afanosamente adornar al candidato de su predilección con diferentes atributos que sustenten su posición como "el mejor", pero si seguimos el hilo de estas notas, nos parece que todo esfuerzo por "cuantificar cualidades" caerá irremediablemente en el subjetivismo. Dada esta situación, debemos ir en la búsqueda de los atributos básicos que se deben poseer para enfrentar los tan renombrados retos del próximo quinquenio.
1. Capacidad: Esta es quizás la cualidad más esgrimida, pero la más difícil de definir. Si por este término entendemos los títulos universitarios, el éxito empresarial, los contactos sociales y del mundo de los negocios, indudablemente que con esa visión parece prevalecer Alberto Vallarino. No obstante, puede también tratarse de la habilidad que se tenga de llevar un mensaje y que el mismo cale en un sector "amplio" del electorado.
2. Juventud: Al referirnos a esta característica tenemos que preguntarnos con sinceridad si tomamos esto por el lado del idealismo sin compromisos, fortaleza generadora, visión de futuro, creatividad o si por el contrario lo percibimos como inexperiencia y susceptibilidad de ceder a presiones de padrinos políticos. Creemos que Martín Torrijos puede caer en cualquiera de las dos interpretaciones o en una mezcla de ambas, según cada uno lo quiera ver.
3. Experiencia política: Ninguno de los tres ha sido Presidente con anterioridad, de modo que al juzgar esto tendríamos que darle más peso a haber ocupado la presidencia de un partido grande e incluso ser candidato presidencial y en esto Doña Mireya Moscoso aventaja a sus competidores.
4. Facción política: Esta es una época en la que los límites de los partidos y de las tradicionales alianzas, se hacen cada vez más tenues. Ya no podemos adjudicar tajantemente matices de blanco o negro, pues todas las toldas políticas parecen compartir uniformemente una tonalidad gris. De una u otra forma arnulfistas, PRD y democristianos, quienes representan el peso en las respectivas alianzas, tienen en su historia reciente, actuaciones que han levantado el más airado de los repudios por parte de sus adversarios e incluso de algunos de sus correligionarios. Hoy los términos oposición y gobierno, no tienen el mismo significado que hace diez años.
5. Credibilidad: Esto va íntimamente relacionado con el partido del candidato. Se podría ser muy sincero en lo que se proclama, pero luego de ganadas las elecciones ¿ se puede contradecir a los grandes capitales que invirtieron en una campaña? Basta con recordar la frase "El pueblo al Poder".
6. Liderazgo y carácter para tomar decisiones: Por muy animado que se vea a Vallarino y por más simpatía y sensatez que quiera proyectar la imagen de Martín, no pueden divorciarse el uno, de sus cambios de postura desde las primarias arnulfistas y el otro del proyecto de gobierno de la actual administración, cuyo mentor principal, sigue extendiendo la sombra de su silueta sobre el joven aspirante.
Mireya ha resistido con tenacidad el embate de contrincantes tradicionales y antiguos colaboradores y el simple hecho de tener dos postulaciones seguidas a la presidencia, le da al menos una cuota de liderazgo.
Para ser Presidente, cada una de estas características tiene un peso distinto según los ojos de cada observador. Hablarle de títulos universitarios a un campesino o al desempleado, no produciría el mismo efecto que al profesional de clase media. Mencionar la juventud al grupo de los 18 a los 25 años de edad, no despierta la misma opinión que defender esta cualidad ante los mayores de 50. Ser del PRD no causa la misma impresión en el independiente sin pasado político, que en el no inscrito, pero criado en el seno de una familia arnulfista.
Creemos que en definitiva, la teoría de los méritos académicos ha comprobado que debe dar paso a un atributo más práctico y que es poseer un buen piso político, sin el cual el más docto pensador, comprueba con frustración, que son inútiles sus méritos para gobernar o entender las necesidades de sus conciudadanos, quienes no necesariamente tienen a los diplomas entre sus prioridades. Los que ya aprendimos esta lección, debemos aceptar que esta es por ahora, una de las más simples realidades en Panamá.
Aquel que la gran masa sienta más cerca de sus necesidades y que cuente con los atributos elementales para tomar decisiones, será el merecedor de la mayoría de los votos.
No puedo terminar esta líneas sin defender el derecho a disentir. Aquí tiene a nuestro juicio el mérito de la constancia, la posición asumida por el Partido Renovación Civilista, el cual es el único de los partidos pequeños opositores que se mantuvo en la misma línea con respecto a las elecciones pasadas, lástima que sus ideas no parecieran ajustarse a la realidad política de hoy.
Entendemos su proceder porque antes compartíamos esa tesis que se debe votar por el que a uno más le convence y no por el que más conviene a los intereses políticos. Pero por ahora, hasta que cambien las percepciones de las grandes masas, esto no lleva más que a una agridulce satisfacción intelectual.
En cuanto a la obligatoriedad de apoyar unánimemente a una propuesta determinada, la historia reciente habla muy mal de los "matrimonios de conveniencia", por lo que no criticamos que se definan posiciones de intereses particulares a tiempo, antes que volver a vivir bochornosos rompimientos de alianzas ya estando como gobernantes, lo que representa un compromiso mucho más serio, que una simple intención de apoyo político. Las compañías inadecuadas no benefician a nadie.
Finalmente, todo se limitará a la sensación que las grandes mayorías tengan acerca de si uno de los candidatos puede cambiar o no, la situación personal y familiar de cada elector y en la tolerancia que debe poseer cada panameño para aceptar al vencedor, aún si éste no es el de su preferencia.
Si Ud. está de acuerdo con la filosofía política que orienta las acciones del actual partido gobernante, no le queda otra alternativa que votar por Martín y ese es su derecho. Pero si lo que en realidad Ud. necesita es un cambio, el piso político más firme está con Mireya y los debates, encuestas y programas de televisión salen sobrando y esa es también una prerrogativa que se tiene como votante.
Sin duda alguna, el mejor candidato resulta ser el o la que al final gane las elecciones, siempre y cuando se respete la voluntad expresada en las urnas. Nosotros por nuestra cuenta apoyaremos a Mireya, que según nuestra óptica, es la mejor candidata.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América