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"El otro big ban"


Para los no creyentes, el Universo comenzó con una gigantesca explosión, el Big Ban. Stephen Hawking lo explica por medio de la singularidad. Una singularidad que el autor ha dudado -¿metódicamente?- en escribir con mayúscula. Tal singularidad se refiere al punto donde la curva espacio tiempo sería infinita, es decir: cuando regresemos "al punto donde colapsa la teoría" (sic.) agregaría: y donde comienza la metafísica. Un camino que la humanidad empezó a desandar desde el primer instante y que aún hoy continúa transitando acompañada de los mismos interrogantes.
Pero no es acerca de este Big Ban astronómico al cual deseo referirme. Cuando en la ex URSS se decidieron aplicar la política del "glasnost", de la transparencia, gracias a la nueva energía de la libertad de expresión generada, el mundo socialista explotó tal como hace 20 mil millones de años ocurrió cuando chocaron las galaxias.
Desde la implosión soviética, el socialismo se ha transformado en una pléyade de despojos, en una especie de masa inerte, sin rumbo fijo, guiada tan solo por las leyes naturales de la supervivencia y los particularismos locales o regionales. Algunos de estos, rutilantes y valiosos: como el dúctil socialismo chileno, que derrota en las urnas, una y otra vez, a la dictadura militar y a sus representantes; otros, como el de China, se transformaron en un socialismo capitalista estéril, imposible de reproducir en otras regiones dada su propia naturaleza híbrida. Mientras, otros sobreviven a duras penas, anquilosados en un pasado prehistórico, como sucede en Corea del Norte y en Cuba, donde solo se puede demostrar una obstinada regresión de la historia. Algunos se han limitado al condicionamiento corporativo, como ocurre en Alemania y en Francia. Otros han sido ejemplarmente eficaces, como la socialdemocracia de los países escandinavos y quizá la de España, que logró el ingreso a la Unión Europea y derrotó en la urnas al trasnochado belicismo hegemónico sostenido por el franquismo clerical del PP.
Estos ejemplos, presentados así en forma sucinta, dan fe del cuadro variopinto que hoy presentan las izquierdas serias; excluyo expresamente las demagógicas, antidemocráticas y populistas. Aturdidas, confusas y debilitadas cuando más se las necesita para enderezar el camino erróneo que ha tomado el capitalismo, guiado por la corriente fundamentalista neoliberal y petrolera que lo impulsa desde la Casa Blanca e inspirada en la llamada economía del presidente Reagan, conocida como la "reaganomics", es decir, en la disminución radical de la asistencia social a los pobres y de los impuestos a los más ricos, en el aumento del presupuesto militar al amparo de los negociados de las grandes empresas privadas que reciben contratos del Estado sin licitación, a precios exorbitantes, gracias al lobby que los políticos e ideólogos conservadores del Consenso de Washington impulsan ciegamente en el congreso estadounidense.
El capitalismo es un sistema mucho más importante y trascendente, como teoría económica productiva, que la corriente anarquista que actualmente lo mantiene secuestrado pidiendo un Estado débil hasta el marasmo -excepto para proteger y promover bienes financieros generalmente no productivos- o correr tras la utopía de un mercado libre cuyas leyes naturales navegan al garete de ofertas y demandas bien protegidas y mejor subvencionadas. Mercado que paradójicamente es impuesto coercitivamente en tratados de "libre comercio" con economías débiles y asimétricas. Tratados por otra parte innecesarios en un mercado que en teoría, lo debiera rechazar por vulnerar el principio que su libertad proclama, y debiera ser dejado al libre albedrío del "laissez faire, laissez passer".
El capitalismo debe ser fundamentalmente humanista o no será sino puro mercantilismo corsario. Esa es, a mi criterio, la gran tarea socialista moderna: la de humanizar el capital reconociendo el valor supremo del hombre en vez de ponerle precio.
"Lo que nosotros solicitamos es que los familiares de este señor se hagan cargo de él o las autoridades cumplan con su labor, porque en verdad es lamentable la situación por la que atraviesa", finaliza Monterrey.
En cuanto a la situación de que si arrojaba o no excretas en el patio trasero, la vecina reconoce que sí lo hacía, pero cuando éste presentaba problemas estomacales y no podía hacer la necesidad dentro de su vivienda.
De los casi 3 millones de habitantes que tiene el país, el 8.6% de la población total actual es parte de la tercera edad y se espera que para el 2015 esta cifra aumente a un 14% y para el 2025 se incremente a un 22.3%.
Para realizar cualquier tipo de denuncias sobre maltrato a ancianos puede llamar a la dirección de la Oficina del Adulto Mayor al número 279-1526 ó 279-0701, oficinas de MIDES.



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