El padre en la educación del hijo
Se ha afirmado que los padres son el primer modelo para sus hijos. Del compromiso y compenetración de los deberes de ambos esposos se verán los resultados de la educación de los hijos. Por otra parte, todos los padres han pasado esa etapa fundamental y crítica posición de orientador de la familia; con sus glorias y contradicciones han llegado a la conclusión que sólo en un ambiente de concordia, paz y armonía familiar puede desarrollarse exitosamente esta noble labor educativa en el hogar. Ciertamente, no se requiere rodearse de comodidades exageradas, o tener el mote de modelo o de calificada formación cultural para lograrlo, pero con una disposición responsable al menos se hará más llevadera esta acción positiva.
Importa, muchas veces, los carácteres e intereses y la parte afectiva de los progenitores, como también la clara determinación de conjugar esfuerzos en este nuevo rol del padre que necesita muchas veces paciencia, espacio y tiempo y, sobre todo, de alta responsabilidad, una palabrita mágica que conlleva entrega total. Igualmente, comprendemos que hay diferencias entre familias, pero lo básico es que los padres sepan conocer cómo deben conducirse los niños, hoy estudiantes, y cómo deben corregirse, no importa que se tenga diferentes técnicas para lograr el objetivo. Y sobre este punto, existen padres que los hijos lo catalogan como severos, inasequibles, de carácter fuerte y esta conducta negativa podría tener incidencias imprevisibles.
Con esta actitud no se esta ganando ni mayor ni menor respeto. Por el contrario, debe ser protector, orientador, un amigo y maestro, dadas las circunstancias y el ambiente actual en que se agita la niñez y la juventud. De allí el grado de gran madurez para una mayor comprensión materna y paterna.
Las deficiencias por el equivocado manejo de los hijos en la familia se proyectan a la escuela donde el educador va a encontrar niños y jóvenes explosivos como consecuencia de lo que vio y vive permanentemente en el hogar. El asunto se hace más complejo si la escuela no cuenta con las herramientas para corregir con armas nobles ese malestar social, del cual no se escapan los docentes. Con una nueva visión para ventilar los problemas disciplinarios, no llegaremos al extremo de ver estudiantes y padres de familia agresivos que pretenden resolver las discrepancias con "gaznatadas" o "puñetazos" por decir lo menos. Advierto: no es la ley ni las legislaciones modernas las que van a imponer controles disciplinarios.
Esencialmente el hogar y alrededor de él, las instituciones cívicas, religiosas, los medios de comunicación social y, por ende, la propia escuela, son las llamadas a orientar y elevar la conducta escolar en el marco del respeto y autoestima. Y caemos aquí nuevamente en lo vital, en la importancia de los grandes valores morales y sociales notoriamente deteriorados y que conservan un vacío en comunidad en donde entran en juego las autoridades municipales, las juntas comunales, el representante de corregimiento y las células más pequeñas del municipio. En consecuencia, es necesario hacer un breve alto en todas y cada una de las disciplinas o materias para tocar este tema; de lo contrario, nada tendría de novedad enterarnos de que una alumna tal abandono su escuela con uniforme para verse en una casa de cita, o el varón que con su investidura del colegio porta canyac o cocaína que le facilitaron los adultos.
El padre como eje y motor en el hogar, motivador y creativo, entusiasta y de elevadas ambiciones, finca sus esperanzas en los hijos. Este hecho sobrepasa la afinidad sanguínea; por eso desde bien temprano deben ser considerados y cuando los hijos comienzan a sentir, caminar, jugar, leer, etc., los padres deben atender sus inquietudes, preguntas,y necesidades con la participación del niño. Así ganaremos la amistad y la confianza que se ha perdido y sólo así tendremos magníficos hijos en la escuela y el padre podría ocupar su importante rol en la educación. El Ministerio de Educación tiene en sus manos, por otra parte, enormes tareas que cumplir a través de todo su aparato administrativo.
Importa, muchas veces, los carácteres e intereses y la parte afectiva de los progenitores, como también la clara determinación de conjugar esfuerzos en este nuevo rol del padre que necesita muchas veces paciencia, espacio y tiempo y, sobre todo, de alta responsabilidad, una palabrita mágica que conlleva entrega total. Igualmente, comprendemos que hay diferencias entre familias, pero lo básico es que los padres sepan conocer cómo deben conducirse los niños, hoy estudiantes, y cómo deben corregirse, no importa que se tenga diferentes técnicas para lograr el objetivo. Y sobre este punto, existen padres que los hijos lo catalogan como severos, inasequibles, de carácter fuerte y esta conducta negativa podría tener incidencias imprevisibles.
Con esta actitud no se esta ganando ni mayor ni menor respeto. Por el contrario, debe ser protector, orientador, un amigo y maestro, dadas las circunstancias y el ambiente actual en que se agita la niñez y la juventud. De allí el grado de gran madurez para una mayor comprensión materna y paterna.
Las deficiencias por el equivocado manejo de los hijos en la familia se proyectan a la escuela donde el educador va a encontrar niños y jóvenes explosivos como consecuencia de lo que vio y vive permanentemente en el hogar. El asunto se hace más complejo si la escuela no cuenta con las herramientas para corregir con armas nobles ese malestar social, del cual no se escapan los docentes. Con una nueva visión para ventilar los problemas disciplinarios, no llegaremos al extremo de ver estudiantes y padres de familia agresivos que pretenden resolver las discrepancias con "gaznatadas" o "puñetazos" por decir lo menos. Advierto: no es la ley ni las legislaciones modernas las que van a imponer controles disciplinarios.
Esencialmente el hogar y alrededor de él, las instituciones cívicas, religiosas, los medios de comunicación social y, por ende, la propia escuela, son las llamadas a orientar y elevar la conducta escolar en el marco del respeto y autoestima. Y caemos aquí nuevamente en lo vital, en la importancia de los grandes valores morales y sociales notoriamente deteriorados y que conservan un vacío en comunidad en donde entran en juego las autoridades municipales, las juntas comunales, el representante de corregimiento y las células más pequeñas del municipio. En consecuencia, es necesario hacer un breve alto en todas y cada una de las disciplinas o materias para tocar este tema; de lo contrario, nada tendría de novedad enterarnos de que una alumna tal abandono su escuela con uniforme para verse en una casa de cita, o el varón que con su investidura del colegio porta canyac o cocaína que le facilitaron los adultos.
El padre como eje y motor en el hogar, motivador y creativo, entusiasta y de elevadas ambiciones, finca sus esperanzas en los hijos. Este hecho sobrepasa la afinidad sanguínea; por eso desde bien temprano deben ser considerados y cuando los hijos comienzan a sentir, caminar, jugar, leer, etc., los padres deben atender sus inquietudes, preguntas,y necesidades con la participación del niño. Así ganaremos la amistad y la confianza que se ha perdido y sólo así tendremos magníficos hijos en la escuela y el padre podría ocupar su importante rol en la educación. El Ministerio de Educación tiene en sus manos, por otra parte, enormes tareas que cumplir a través de todo su aparato administrativo.