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El país de las contradicciones y de los intereses cruzados


En las ciencias sociales, no siempre las expresiones fenomenológicas, dan cuenta de las contradicciones que contienen y su incidencias en la sociedad, a tal punto que podemos estar antes eventuales sacudimientos societales e institucionales y no somos capaces de percibirlos y adelantarnos con acciones para conjurar sus consecuencias.

Verbigracia, resulta obvio, que la administración de justicia, en nuestra región latinoamericana, está bajo el fuego cruzado de la delincuencia, los corruptos y los intereses cruzados que provee un sistema político partidario, que hace aguas nuestro sistema de administración de justicia en el continente. No existen límites claros para determinar los alcances operativos del quehacer institucional y los que existen no son respetados, lo que genera consecuencias perniciosas, que enervan la consistencia e eficacia de nuestro estado de derecho. Con justa razón, se señala, que en Latinoamérica, la denominada “Nueva República”, sigue siendo una utopía, en espera de alguna deidad individual o colectiva (sentido figurado), que llene estos espacios, deficitarios, propensos a crear sociedades en permanente zozobra e incertidumbres.

En nuestro medio, se ha hecho cosa del diario, como la institucionalidad, no opera con la coherencia propia de todo estado que se precie de moderno. Lo más grave de esta realidad, que las estructuras llamadas a discernir, sobre todo las instancias justiciables, enfrentan serios problemas de legitimidad.

Somos maestros copiando instituciones, de otros países, sin ponderar nuestra realidad, cultura y hábitos. En los últimos años, se han creado varias fiscalías anticorrupción, tenemos una fiscalía de rendición de cuenta y un tribunal de cuentas, con rango constitucional, la Contraloría General de la República, que tiene rango constitucional y legal para investigar los delitos y la actividad administrativa que hacen tránsito a delito.

Hay que velar para que esta institucionalidad funcione de manera eficiente. No le encuentro sentido estar inventando burocracia innecesaria, algunas de ellas enfrentadas al texto constitucional.

Las debilidades que de manera recurrente traslucen nuestro sistema institucional, dan cuenta también de una cultura y conciencia ciudadana todavía frágil. En ese sentido, tenemos que fortalecer este aspecto de la vida en sociedad.

101 años de Panamá América

 
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