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El Plan Colombia y Panamá


Aunque el Plan Colombia es un acuerdo bilateral entre este país y Estados Unidos para erradicar los cultivos de coca y sustituirlos por cultivos legales y rentables, las reacciones y consecuencias de esa estrategia involucran de alguna manera a Panamá. Si por ejemplo se llegaran a reducir los cultivos, o a eliminarlos en el mejor de los casos, paralelamente disminuiría el volumen de cocaína que se trasiega a través de Panamá, aliviándonos así la presión delincuencial que ejercen los carteles y sus sicarios sobre el territorio nacional. Y si, en una opción pesimista, los campesinos colombianos sufrieran estragos negativos por la política de sustitución de cultivos que en otros países como Perú y Bolivia no ha arrojado resultados totalmente satisfactorios, debemos prepararnos para controlar una emigración de labradores empobrecidos por nuestra frontera.
El hecho de que no somos signatarios del Plan Colombia no nos excluye de sus alcances positivos o negativos y, por tanto, debemos diseñar alternativas estratégicas en uno y otro sentido. Lo que no podemos hacer es enterrar la cabeza en la arena, como proponen algunos nacionalistas químicamente puros, y ver los toros desde la barrera. El narcotráfico colombiano y sus secuelas políticas (guerrilla o paramilitares) y efectos financieros ( lavado de dinero) nos comprometen desde hace mucho tiempo y cuanto se concierte para enfrentarlo nos concierne, querámoslo o no.
Por supuesto que esto no significa que Panamá va a enviar fuerzas policiales a combatir el narcotráfico en territorio colombiano o que va a autorizar que tropas norteamericanas usen la frontera darienita para entrar a Colombia, valiéndose del frustrado convenio de "fuerzas visitantes". Es una opción ilusoria que el gobierno nacional ha desechado tajantemente, no obstante que el riesgo de una incursión guerrillera en profundidad en territorio panameño nos privaría de solicitar auxilio militar norteamericano. En defensa de su soberanía, Panamá prefiere asumir el riesgo de su indefensión militar ante una amenaza latente en su frontera sur. Hemos vivido cerca de un siglo bajo tutelaje militar foráneo y esa experiencia nos ha enseñado que hay ayudas tan peligrosas como el abrazo de un oso. Podemos mantenernos firmes en la independencia de nuestras decisiones, pero al mismo tiempo no nos dejemos sorprender por lo que pueda venir por efectos del Plan Colombia. Para decirlo en buen panameño, no hay sorpresas sino sorprendidos.


101 años de Panamá América

 
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