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El pueblo que cree que alguien lo salvará, ni se salva ni lo merece


"Ningún líder, por inteligente y capaz que sea, soluciona ningún problema; son las sociedades las que maduran, reflexionan, militan civilmente, actúan y deciden y hacen posible que los problemas tengan una solución". (Michael Gorvachov, ex presidente de la Unión Soviética)
Problemas sociales de consecuencias mortales, embarazos prematuros y abortos. Si en las escuelas se institucionalizara como materia dentro del plan de estudios la "Educación Sexual", con calificaciones y con la ejecución académica del caso, los embarazos "embarazosos", y por ende los abortos disminuirían. Nuestras damas conocerían, desde jóvenes, su propia fisiología y anatomía, así como su calendario de ovulación, impreciso como todas las trampas con las que la naturaleza garantiza la perpetuación de la especie. Todo esto complementado con el acceso a los más confiables métodos anticonceptivos.
En Panamá los abortos son "ilegales", aunque es del dominio público dónde los realizan y las costosas cotizaciones que implican, porque para eso le preservan el estatus de ilegal (nuestro país es un conglomerado eminentemente hipócrita en lo que a estas temáticas se refiere).
Periódicamente, entidades de diversas índoles, pletóricas de buena fe e idealismo promueven por televisión y prensa, campañas para combatir el clásico desaseo del panameño promedio, el cual se visualiza en la cantidad de basura y desperdicios que adornan y alfombran nuestras calles. Estas campañas se realizan en términos y mensajes tan delicados, que no llaman la atención de quienes más las necesitan. Pareciera que en el panameñito promedio no existen niveles de inteligencia que le permitan comprender que la basura que tira a la calle, tapa la alcantarilla que luego inunda las casas, con su secuela de destrucción y muertes.
Hace ya una veintena de años, un alcalde de México, por similar problema, logró una reacción colectiva positiva, promovida y aguijonada por la golpeante campaña de "posters" con la figura de un cerdo que tiraba una cáscara al suelo, y el texto decía: "No sea usted uno de ellos, no sea cochinón".
No se puede tener ni esperar sutilezas con gentuza que tira la basura al piso, lo que nos habla de su nivel de inteligencia y de calidad humana.
Esta es una de las infamias cotidianas que se viven en Panamá. En los países civilizados con manejo ético e inteligente, el bus no debe avanzar hasta que el pasajero que lo acaba de abordar se encuentre sentado. Los asientos de las primeras filas son destinados para el uso de ancianos, damas en gestación y personas discapacitadas. Los buses son conducidos en total silencio, sin escándalos que estresen a los pasajeros y al mismo conductor, ya que esto promueven un manejo torpe e irresponsable.
En fin las normas válidas en países civilizados, no tienen vigencia en este lugar del planeta de nombre Panamá, sino perversa y criminalmente a la inversa. Lamentablemente, los que política y legalmente tienen el poder para corregir estas infamias (los Legisladores), no utilizan el transporte público y pareciera que sus familiares más cercanos tampoco. Así que al igual que otras lacras sociales que demeritan la calidad de vida, en el transporte público no parece haber esperanzas, seguirá el poco me importa de los que tienen el poder para enmendar el manejo homicida y la actitud canalla de la gran mayoría de los que conducen los ataudes con ruedas (en algunos casos condimentados con drogas), y los muertos que día a día se dan continuarán aumentando.
La baja calidad humana que ascendentemente se está proyectando criminalmente en Panamá, se puede percibir, entre otros múltiples aspectos, en el hecho de que años atrás, cuando algún peatón era atropellado por un auto, el mismo llegaba a conocer al que lo atropelló, puesto que el conductor lo llevaba al hospital. Hoy día, por regla general, no se llegan a conocer y todos sabemos porqué.

101 años de Panamá América

 
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