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El rejuego político y el malestar nacional


Es lógico asumir que los partidos políticos tiendan a estar encontrados sobre diversos temas del devenir nacional; sin embargo, por carecer éstos de una visión ideológica, las divergencias obedecen a sus agendas particulares, sin valorizaciones o finalidades objetivas que beneficien al país integralmente.

El partido más grande de la oposición, durante el segundo periodo bajo democracia, pudo haber provocado, de manera indirecta/directa, la renuncia del Procurador General de la Nación de aquella época.

El premio mayor de los dos partidos grandes: alcanzar el poder y, bajo falsas metas, continuar por el camino del enriquecimiento ilícito con garantías de impunidad, una mano lavaba la otra.

La impresión generalizada fue que, a nivel de la “cabeza” de gobierno, del primer periodo democrático, posinvasión, no hubo corrupción; después, el escenario se nos presentó diferente y reiterativo. La alternativa hasta las últimas elecciones generales, el voto de castigo, no permitía la reelección partidista, provocando el intercambio entre los dos partidos más grandes.

En las pasadas elecciones se introduce el fenómeno del CD. Su base de campaña: El Cambio. Pactando el Panameñismo, formar parte de la alianza de partidos parecía observarse, incluso dentro del eslogan “entran pobres y salen millonarios”, que varios de los objetivos del cambio podrían afectar al partido más grande de la oposición.

Hoy, la situación de la procuradora, que debió manejarse sin posturas políticas en los medios, ha provocado intercambios de parte y parte absolutamente injustificados, llevando al país a un estado de intranquilidad en lo relativo a que la institucionalidad peligra. Cuando dos partidos de la oposición desconocen lo que ellos hacen cuando están en el poder y hoy nos hablan de un grave peligro a nuestra democracia. ¿Se estará planteando un golpe de Estado?

Lo ideal es que los partidos políticos actúen en interés de la nación, que el Órgano Judicial, el Legislativo y el Ejecutivo sean, verdaderamente independientes y armonicen sólo en el interés nacional. Es de esperar que la Corte fundamente en derecho sus actuaciones y que la Asamblea Nacional actúe correctamente. Si le agrada o no, al partido fuera del poder, es harina de otro costal. Ellos implantaron la institucionalidad que conocemos: La fuerza de la mayoría.

La impunidad es grosera e injusta; afecta, a los que poco o nada tienen. El Ministerio Público no ha contado con la capacidad real, histórica, para combatirla. El gobierno de 0 Corrupción, nombró a la procuradora con mayoría en la Corte y en la Asamblea y la corrupción siguió creciendo. El sistema está dañado.

A la Sociedad Civil le queda un largo camino por delante. Reorganicémosla. Logremos promover, efectivamente, un cambio integral de nuestra Constitución.

101 años de Panamá América

 
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