El sentido de la estabilidad política y económica
La estabilidad política y económica tiene mucho que ver con la seguridad social y los estándares de vida de los pueblos. Del mayor o menor grado en que se desenvuelven estas vertientes del desarrollo, dependerá valorizar el bienestar y prosperidad de una nación. En ese sentido, las estadísticas supuestamente se encargan de reflejar la situación de una determinada región.
Así tenemos, por ejemplo, que de acuerdo con algunos datos confiables llegados a nuestras manos en nuestro último viaje a Canadá, que acabamos de realizar, este gran país aparece como el número uno en Seguridad Social en el mundo, en cuanto a la prestación de los servicios públicos eficientes para los canadienses y por consiguiente, el poder de compra es realmente envidiable, lo que le da el derecho a sus habitantes a tener una vida decorosa, tranquila y prospera.
Sin embargo, la Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo de los Estados Unidos en los ejercicios investigativos de análisis y estudio de su economía, en comparación con otros países desarrollados, incluyendo a Canadá, refleja que el producto interno bruto per cápita se sitúa en casi los 34 mil dólares el año pasado, mientras que en el caso de Canadá la cifra alcanzó los 21 mil dólares, representando sólo el 62% del nivel de los vecinos del Sur. Se demuestra con esta cifra que la capacidad de compra y la calidad de los servicios públicos que se le brinda a los estadounidenses también es muy halagador.
Sobresale en la información recogida, y como un hecho también controvertido, que a principios de la década del "70, México era considerado como uno de los mejores países de América Latina para vivir, por su desarrollo. Se pensaba entonces pero, equivocadamente, que este país contaba con una estabilidad política y económica real, porque la población mexicana en su mayoría, inclinaba su preferencia por el mismo partido político (PRI), desde la década del "30 y hoy, se ha demostrado que su economía y estabilidad política estaba frágil, y por consiguiente, su seguridad social débil a causa de vivir un proceso supuestamente democrático sin la existencia de la necesaria alternabilidad de los partidos políticos en el manejo de las cosas públicas, para así brindar con mayor grado de honestidad, la oportunidad a la sociedad civil de ser escuchada en sus angustias y aspiraciones.
Nuestro país presenta desde hace mucho tiempo un sinnúmero de problemas, muchos de ellos estructurales derivados de situaciones históricas que no son del caso analizar y que afectan sensiblemente su desarrollo social, los cuales se profundizarán en la medida en que no se superen los mismos, por diferencias de criterios de orden económico y político.
Solamente mediante una actitud auténticamente democrática, donde la toma de decisiones tendientes a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los panameños se canalice de manera colectiva y no individual, seremos entonces un lugar privilegiado para vivir como Dios manda.
Los panameños tenemos que aprender a enfrentar el individualismo que crea agudas distancias y diferencias, con gran dosis de solidaridad, para así superar ciertamente las condiciones difíciles del prójimo desvalido, a fin de garantizarles los indispensables servicios públicos que se requieren para vivir con dignidad y decoro.
Panamá, que se encuentra situada en el primer mundo en cuanto a desintegración familiar (divorcios) se refiere, junto incluso a países avanzados de Europa y Latinoamérica, requiere fortalecer su espíritu democrático, y para ello necesita avanzar y empeñarse por mantener y fortalecer su desarrollo económico, social y político.
Así tenemos, por ejemplo, que de acuerdo con algunos datos confiables llegados a nuestras manos en nuestro último viaje a Canadá, que acabamos de realizar, este gran país aparece como el número uno en Seguridad Social en el mundo, en cuanto a la prestación de los servicios públicos eficientes para los canadienses y por consiguiente, el poder de compra es realmente envidiable, lo que le da el derecho a sus habitantes a tener una vida decorosa, tranquila y prospera.
Sin embargo, la Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo de los Estados Unidos en los ejercicios investigativos de análisis y estudio de su economía, en comparación con otros países desarrollados, incluyendo a Canadá, refleja que el producto interno bruto per cápita se sitúa en casi los 34 mil dólares el año pasado, mientras que en el caso de Canadá la cifra alcanzó los 21 mil dólares, representando sólo el 62% del nivel de los vecinos del Sur. Se demuestra con esta cifra que la capacidad de compra y la calidad de los servicios públicos que se le brinda a los estadounidenses también es muy halagador.
Sobresale en la información recogida, y como un hecho también controvertido, que a principios de la década del "70, México era considerado como uno de los mejores países de América Latina para vivir, por su desarrollo. Se pensaba entonces pero, equivocadamente, que este país contaba con una estabilidad política y económica real, porque la población mexicana en su mayoría, inclinaba su preferencia por el mismo partido político (PRI), desde la década del "30 y hoy, se ha demostrado que su economía y estabilidad política estaba frágil, y por consiguiente, su seguridad social débil a causa de vivir un proceso supuestamente democrático sin la existencia de la necesaria alternabilidad de los partidos políticos en el manejo de las cosas públicas, para así brindar con mayor grado de honestidad, la oportunidad a la sociedad civil de ser escuchada en sus angustias y aspiraciones.
Nuestro país presenta desde hace mucho tiempo un sinnúmero de problemas, muchos de ellos estructurales derivados de situaciones históricas que no son del caso analizar y que afectan sensiblemente su desarrollo social, los cuales se profundizarán en la medida en que no se superen los mismos, por diferencias de criterios de orden económico y político.
Solamente mediante una actitud auténticamente democrática, donde la toma de decisiones tendientes a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los panameños se canalice de manera colectiva y no individual, seremos entonces un lugar privilegiado para vivir como Dios manda.
Los panameños tenemos que aprender a enfrentar el individualismo que crea agudas distancias y diferencias, con gran dosis de solidaridad, para así superar ciertamente las condiciones difíciles del prójimo desvalido, a fin de garantizarles los indispensables servicios públicos que se requieren para vivir con dignidad y decoro.
Panamá, que se encuentra situada en el primer mundo en cuanto a desintegración familiar (divorcios) se refiere, junto incluso a países avanzados de Europa y Latinoamérica, requiere fortalecer su espíritu democrático, y para ello necesita avanzar y empeñarse por mantener y fortalecer su desarrollo económico, social y político.