El triunfo de Fujimori
No nos engaña. Sabe que si las elecciones fueran hoy, ganaría. Por eso se hizo apresar en Chile, jugando la infalible partida de los líderes políticos, el ser víctima. Es la fórmula que hizo invencibles a Arnulfo Arias y a Belisario Porras. Entre ambos sumaron siete presidencias. Pero no puede ser candidato, porque una docena de expedientes por asesinato y corrupción lo aguardan. Aun así, no está dispuesto a vivir su vejez en su exilio dorado de Japón, el país de sus padres. Prefiere la adrenalina. Huele aún los vientos de Machu-Pichu. Se recuerda remando por el Titicaca, en compañía de la Chabeli, la hija de Julio Iglesias, ataviado de inca. Era ridículo, no porque se rumorara matrimonio con la joven, sino porque el entonces presidente de Perú, no tiene una sola gota indígena.
Frente a su figura, la campaña presidencial para las elecciones del año próximo, que encabezan el izquierdista y también ex presidente, Alan García, y la candidata conservadora, Lourdes Flores, luce pálida. Sólo la posibilidad remota de que se presente Fujimori, así sea cargado de grilletes, le imprime algo de color. Fujimori ganaría a los dos juntos.
¿Por qué añoran los peruanos "al Chino", su apodo de campaña? Gobernó en la década 1990 al 2000, en la que venció a la inflación y elevó todos los indicadores económicos y sociales a niveles sin precedentes. Dio asilo al coronel golpista y hoy presidente venezolano, Hugo Chávez. Ese es un activo nada despreciable. Derrotó a la guerrilla y pacificó el país a sangre y fuego. En 1992, acabó con la corrupción judicial botando a todos los jueces. El pueblo rugió en aplausos. Resolvió el centenario conflicto limítrofe con Ecuador. Después de su salida, el pueblo siente que ha desmejorado.
El gobierno del actual presidente Alejandro Toledo hace de todo para impedirle ser candidato. Elevó un muro de impedimentos legales pero, temiendo que no fuera suficiente, mordió el anzuelo al hacerlo poner preso en Chile, tras el trámite de un pedido de extradición. Ahora tiene una crisis y también Chile, con un Fujimori convertido en mártir. Fujimori no es Pinochet.
Nadie se lo pidió, pero un aterrado Tribunal Constitucional se adelantó a declarar que no puede ser candidato. Un 77% de los encuestados dijo que lo quiere de vuelta, como candidato. La crisis está planteada, no hay presidencia legítima para quien no lo venza en las urnas, tal como ocurrió aquí con Arnulfo Arias en 1985. Por eso, Fujimori ya ganó. Se llevó tras las rejas la llave de la estabilidad política de Perú.
Frente a su figura, la campaña presidencial para las elecciones del año próximo, que encabezan el izquierdista y también ex presidente, Alan García, y la candidata conservadora, Lourdes Flores, luce pálida. Sólo la posibilidad remota de que se presente Fujimori, así sea cargado de grilletes, le imprime algo de color. Fujimori ganaría a los dos juntos.
¿Por qué añoran los peruanos "al Chino", su apodo de campaña? Gobernó en la década 1990 al 2000, en la que venció a la inflación y elevó todos los indicadores económicos y sociales a niveles sin precedentes. Dio asilo al coronel golpista y hoy presidente venezolano, Hugo Chávez. Ese es un activo nada despreciable. Derrotó a la guerrilla y pacificó el país a sangre y fuego. En 1992, acabó con la corrupción judicial botando a todos los jueces. El pueblo rugió en aplausos. Resolvió el centenario conflicto limítrofe con Ecuador. Después de su salida, el pueblo siente que ha desmejorado.
El gobierno del actual presidente Alejandro Toledo hace de todo para impedirle ser candidato. Elevó un muro de impedimentos legales pero, temiendo que no fuera suficiente, mordió el anzuelo al hacerlo poner preso en Chile, tras el trámite de un pedido de extradición. Ahora tiene una crisis y también Chile, con un Fujimori convertido en mártir. Fujimori no es Pinochet.
Nadie se lo pidió, pero un aterrado Tribunal Constitucional se adelantó a declarar que no puede ser candidato. Un 77% de los encuestados dijo que lo quiere de vuelta, como candidato. La crisis está planteada, no hay presidencia legítima para quien no lo venza en las urnas, tal como ocurrió aquí con Arnulfo Arias en 1985. Por eso, Fujimori ya ganó. Se llevó tras las rejas la llave de la estabilidad política de Perú.