El turismo, reto nacional
Cuando el presente artículo llegue a manos de nuestros muy estimados lectores, nos encontraremos en tierras chiricanas; en el Valle de la Luna tan cantado por la insigne poetisa, María Olímpia de Obaldía, hija predilecta de esta provincia y orgullo de las letras panameñas. Aquí estamos para admirar el bello panorama que nos ofrece un sector del país, en donde se han conjugado aspiraciones, esfuerzos y trabajo constructivo de los chiricanos, para hacer de esta región una de las primeras en la vida de la nación.
Gracias al turismo local que llevan adelante panameños que sí quieren a Panamá, hemos llegado hasta esta tierra bendecida por Dios para visitar la Feria de las Flores de Boquete, que constituye uno de los espectáculos de mayor trascendencia en la vida turística de la República; una manifestación de arte que ningún panameño debe dejar de ver por su majestuosidad y belleza incomparables. Y así como lesta feria, visitaremos Cerro Punta, Bambito, Volcán y otros lugares que han de llenar nuestro espíritu de sentimientos saturados de panameñidad y de amor por este terruño a quien debemos dedicarle todo el esfuerzo para que alcance la meta que se merece.
Es necesario que el turismo local sea fortalecido con el apoyo y la iniciativa del gobierno, de la empresa privada y la sociedad civil. Son tantos los lugares de gran atracción turística que existen en Panamá, pero son desconocidos por un alto porcentaje de nacionales. A veces se prefiere visitar otros países a costa de grandes sacrificios económicos y nos olvidamos que aquí, en nuestro suelo, tenemos regiones dignas de conocer y que están en espera de recibir estímulos para su mejoramiento.
Desde el momento en que se creó la Ley de Turismo, nos sentimos complacidos y esperanzados de que los tantos recursos naturales con que cuenta el país serían debidamente aprovechados para el desarrollo y crecimiento del turismo panameño; pero, dolorosamente, no se ha hecho el mayor esfuerzo para convertir al país en un centro turístico, dada su posición geográfica tan privilegiada.
Nuestras playas están siendo devastadas por la extracción de arena; muchas de ellas no cuentan con buenas carreteras, ni con infraestructuras que motiven visitarlas; nuestra bahía, que representaba una verdadera atracción en el pasado, hoy está invadida por construcciones que le han quitado su belleza, que era orgullo de todos los panameños. Ha faltado una verdadera planificación e interés en proteger los valiosos recursos que poseemos, porque, sin lugar a dudas, somos una nación privilegiada que cuenta con lugares propicios para que nacionales y extranjeros disfruten de la belleza del paisaje y del ejercicio vivificador de la montaña y del mar a lo largo y ancho del territorio nacional.
Pintorescos pueblos, hermosas playas, monumentos históricos son credencial para que Panamá se convierta en un centro potencialmente turístico a semejantes de otros de Sur y Centro América, si se le dedica estudio, planificación, esfuerzos y, sobre todo, deseos de ayudar al país a su crecimiento económico.
Provincias como Bocas del Toro, Colón, Darién, Veraguas y otras esperan la acción inmediata del gobierno y de la empresa privada para convertirse en puntos de atracción para los miles de turistas que llegan al país en busca de solaz y de esparcimiento.
El IPAT tiene un gran reto y debe enfrentarlo con la ayuda gubernamental y el sector privado, porque de no hacerlo, seguiremos pensando en que la Ley de turismo duerme el sueño de los justos.
Gracias al turismo local que llevan adelante panameños que sí quieren a Panamá, hemos llegado hasta esta tierra bendecida por Dios para visitar la Feria de las Flores de Boquete, que constituye uno de los espectáculos de mayor trascendencia en la vida turística de la República; una manifestación de arte que ningún panameño debe dejar de ver por su majestuosidad y belleza incomparables. Y así como lesta feria, visitaremos Cerro Punta, Bambito, Volcán y otros lugares que han de llenar nuestro espíritu de sentimientos saturados de panameñidad y de amor por este terruño a quien debemos dedicarle todo el esfuerzo para que alcance la meta que se merece.
Es necesario que el turismo local sea fortalecido con el apoyo y la iniciativa del gobierno, de la empresa privada y la sociedad civil. Son tantos los lugares de gran atracción turística que existen en Panamá, pero son desconocidos por un alto porcentaje de nacionales. A veces se prefiere visitar otros países a costa de grandes sacrificios económicos y nos olvidamos que aquí, en nuestro suelo, tenemos regiones dignas de conocer y que están en espera de recibir estímulos para su mejoramiento.
Desde el momento en que se creó la Ley de Turismo, nos sentimos complacidos y esperanzados de que los tantos recursos naturales con que cuenta el país serían debidamente aprovechados para el desarrollo y crecimiento del turismo panameño; pero, dolorosamente, no se ha hecho el mayor esfuerzo para convertir al país en un centro turístico, dada su posición geográfica tan privilegiada.
Nuestras playas están siendo devastadas por la extracción de arena; muchas de ellas no cuentan con buenas carreteras, ni con infraestructuras que motiven visitarlas; nuestra bahía, que representaba una verdadera atracción en el pasado, hoy está invadida por construcciones que le han quitado su belleza, que era orgullo de todos los panameños. Ha faltado una verdadera planificación e interés en proteger los valiosos recursos que poseemos, porque, sin lugar a dudas, somos una nación privilegiada que cuenta con lugares propicios para que nacionales y extranjeros disfruten de la belleza del paisaje y del ejercicio vivificador de la montaña y del mar a lo largo y ancho del territorio nacional.
Pintorescos pueblos, hermosas playas, monumentos históricos son credencial para que Panamá se convierta en un centro potencialmente turístico a semejantes de otros de Sur y Centro América, si se le dedica estudio, planificación, esfuerzos y, sobre todo, deseos de ayudar al país a su crecimiento económico.
Provincias como Bocas del Toro, Colón, Darién, Veraguas y otras esperan la acción inmediata del gobierno y de la empresa privada para convertirse en puntos de atracción para los miles de turistas que llegan al país en busca de solaz y de esparcimiento.
El IPAT tiene un gran reto y debe enfrentarlo con la ayuda gubernamental y el sector privado, porque de no hacerlo, seguiremos pensando en que la Ley de turismo duerme el sueño de los justos.