El uso de niños por los palestinos con fines de combate y propaganda
Tanto los medios de comunicación internacionales como palestinos han enfatizado el trágico hecho de que los niños palestinos han sido muertos o heridos durante la reciente ola de violencia, en la cual se ha sumido el Medio Oriente. ¿Acaso se ha reflexionado por qué esos niños palestinos han sido expuestos a tales signos? Porque se les encuentra con frecuencia en las calles, en el frente de violentas confrontaciones, cuando deberían encontrarse a salvo en sus casas o en la escuela.
Existen solamente dos posibilidades. La primera, según la cual, los portavoces palestinos y expertos en propaganda desean y esperan que creamos que las fuerzas israelíes disparan intencional y descaradamente a niños palestinos inocentes, escogiéndolos premeditadamente y asesinándolos. La segunda posibilidad es que esos niños hayan sido deliberadamente sacados de sus hogares, escuelas o parques infantiles para ser llevados a las calles, junto con los perturbadores del orden, los palestinos, los francotiradores y los terroristas, con el expreso propósito de colocarlos en la línea de fuego, como parte de un juego planificado que tiene como objetivo gozar de la simpatía mundial.
Todos nosotros sabemos cuál de esas dos posibilidades es la más verosímil. Todos nosotros sabemos quién es que se está beneficiando de la simpatía y la censura que traen consigo los niños heridos. Todos nosotros sabemos quién está desviando la atención mundial a otras escenas, con el fin de ocultar su falta de voluntad para hacer la paz. Todos nosotros sabemos quién fue el que rechazó las propuestas americanas en Camp David como base para próximas negociaciones.
A los ojos de los palestinos, el hecho de que sus hijos hayan sido heridos o muertos queda relegado a un segundo plano, siendo más importante para ellos la imagen que estos infantes, lesionados o muertos, ofrecen al mundo. De este modo, los palestinos están en condiciones de manipular cínicamente su imagen en sus medios de comunicación y en los de Israel. Y más aún, mientras se cercioran de que las heridas de los niños han sido realmente captadas por las cámaras, se muestran igualmente decididos al asegurar que las atrocidades palestinas no son tales. Cuando los corresponsales extranjeros son encontrados filmando escenas que pueden mostrar a los palestinos bajo una luz negativa, como la matanza de israelíes inocentes, masacrados por un tropel de gentes (acto condonado y hasta fomentado por líderes religiosos palestinos) o como la destrucción de lugares sagrados para el judaísmo, los fotógrafos son golpeados o amenazados y la película confiscada y destruida. Este es el modo en el que los palestinos cultivan su imagen, martirizando a sus niños y amedrentando a aquellos que osan decir la verdad.
Arafat, quien está incentivando cruelmente la participación de niños en la violencia, los denomina Los Generales de las Piedras. El desearía que el mundo creyera que Israel, con sus cañones y helicópteros, está trabando una guerra contra niños de diez años con pequeñas piedras. Pero en realidad, a pesar de esto, los niños no son "los generales" de este conflicto, sino que, preferentemente, el camuflaje de humo que encumbre a los pistoleros, a los lanzadores de cócteles-molotov y al tropel de linchamiento, que exigen cobrarse despiadadamente la libra de carne judía que se merecen, desapercibida o ignorada por las cámaras de televisión y las multitudes.
Mientras los niños son considerados como "Los Generales" de este conflicto o vistos meramente como carne de cañón de la campaña palestina de desprestigio hacia Israel, es claro que el uso deliberado de niños en un conflicto armado está totalmente en contra de la Ley Internacional. La situación de los tratados actuales vigentes determina que la edad de 15 años es la mínima para la participación de niños en hostilidades, sea directamente, reclutándolos para que traben combate con el enemigo, o indirectamente, bajo infinitos medios alternativos. Se ha comentado ampliamente que el enrolamiento voluntario a hostilidades está también prohibido, porque es como reclutar menores susceptibles por adultos responsables. Las partes del conflicto están obligadas, por consiguiente, a prohibir a niños menores de 15 años la participación en conflictos armados no internacionales.
Irónicamente, deberá ser señalado que los criterios referidos parecen estar en conformidad con la ley islámica, que prohíbe a niños menores de 15 años participar en el Jihad. Aún más, en lo que respecta a niños, Tzahal obra según la Ley Internacional, con respecto al trato de poblaciones civiles (incluyendo niños, por supuesto), durante las hostilidades.
Estos principios fundamentales, amparados principalmente por la cuarta convención de Ginebra para la Protección de Civiles de 1949 restringen los agravios, distinguiendo entre la población civil y la que participa en hostilidades, estipulando que en el transcurso de operaciones militares todos los esfuerzos tenderán a no incluir la población civil (prohibiendo represalias contra civiles, traslado forzado o atentar contra su dignidad).
Israel está haciendo todo cuanto está a su alcance para minimizar los daños a palestinos
civiles inocentes, incluyendo niños, aún cuando está confrontada con la difundida ola de violencia dirigida contra Israel y sus civiles. Ha llegado el momento de preguntar por qué los palestinos no están realizando esfuerzos similares para proteger a sus propios niños del peligro.
El autor es asesor jurídico del Ministerio De Relaciones Exteriores en Israel.
Existen solamente dos posibilidades. La primera, según la cual, los portavoces palestinos y expertos en propaganda desean y esperan que creamos que las fuerzas israelíes disparan intencional y descaradamente a niños palestinos inocentes, escogiéndolos premeditadamente y asesinándolos. La segunda posibilidad es que esos niños hayan sido deliberadamente sacados de sus hogares, escuelas o parques infantiles para ser llevados a las calles, junto con los perturbadores del orden, los palestinos, los francotiradores y los terroristas, con el expreso propósito de colocarlos en la línea de fuego, como parte de un juego planificado que tiene como objetivo gozar de la simpatía mundial.
Todos nosotros sabemos cuál de esas dos posibilidades es la más verosímil. Todos nosotros sabemos quién es que se está beneficiando de la simpatía y la censura que traen consigo los niños heridos. Todos nosotros sabemos quién está desviando la atención mundial a otras escenas, con el fin de ocultar su falta de voluntad para hacer la paz. Todos nosotros sabemos quién fue el que rechazó las propuestas americanas en Camp David como base para próximas negociaciones.
A los ojos de los palestinos, el hecho de que sus hijos hayan sido heridos o muertos queda relegado a un segundo plano, siendo más importante para ellos la imagen que estos infantes, lesionados o muertos, ofrecen al mundo. De este modo, los palestinos están en condiciones de manipular cínicamente su imagen en sus medios de comunicación y en los de Israel. Y más aún, mientras se cercioran de que las heridas de los niños han sido realmente captadas por las cámaras, se muestran igualmente decididos al asegurar que las atrocidades palestinas no son tales. Cuando los corresponsales extranjeros son encontrados filmando escenas que pueden mostrar a los palestinos bajo una luz negativa, como la matanza de israelíes inocentes, masacrados por un tropel de gentes (acto condonado y hasta fomentado por líderes religiosos palestinos) o como la destrucción de lugares sagrados para el judaísmo, los fotógrafos son golpeados o amenazados y la película confiscada y destruida. Este es el modo en el que los palestinos cultivan su imagen, martirizando a sus niños y amedrentando a aquellos que osan decir la verdad.
Arafat, quien está incentivando cruelmente la participación de niños en la violencia, los denomina Los Generales de las Piedras. El desearía que el mundo creyera que Israel, con sus cañones y helicópteros, está trabando una guerra contra niños de diez años con pequeñas piedras. Pero en realidad, a pesar de esto, los niños no son "los generales" de este conflicto, sino que, preferentemente, el camuflaje de humo que encumbre a los pistoleros, a los lanzadores de cócteles-molotov y al tropel de linchamiento, que exigen cobrarse despiadadamente la libra de carne judía que se merecen, desapercibida o ignorada por las cámaras de televisión y las multitudes.
Mientras los niños son considerados como "Los Generales" de este conflicto o vistos meramente como carne de cañón de la campaña palestina de desprestigio hacia Israel, es claro que el uso deliberado de niños en un conflicto armado está totalmente en contra de la Ley Internacional. La situación de los tratados actuales vigentes determina que la edad de 15 años es la mínima para la participación de niños en hostilidades, sea directamente, reclutándolos para que traben combate con el enemigo, o indirectamente, bajo infinitos medios alternativos. Se ha comentado ampliamente que el enrolamiento voluntario a hostilidades está también prohibido, porque es como reclutar menores susceptibles por adultos responsables. Las partes del conflicto están obligadas, por consiguiente, a prohibir a niños menores de 15 años la participación en conflictos armados no internacionales.
Irónicamente, deberá ser señalado que los criterios referidos parecen estar en conformidad con la ley islámica, que prohíbe a niños menores de 15 años participar en el Jihad. Aún más, en lo que respecta a niños, Tzahal obra según la Ley Internacional, con respecto al trato de poblaciones civiles (incluyendo niños, por supuesto), durante las hostilidades.
Estos principios fundamentales, amparados principalmente por la cuarta convención de Ginebra para la Protección de Civiles de 1949 restringen los agravios, distinguiendo entre la población civil y la que participa en hostilidades, estipulando que en el transcurso de operaciones militares todos los esfuerzos tenderán a no incluir la población civil (prohibiendo represalias contra civiles, traslado forzado o atentar contra su dignidad).
Israel está haciendo todo cuanto está a su alcance para minimizar los daños a palestinos
civiles inocentes, incluyendo niños, aún cuando está confrontada con la difundida ola de violencia dirigida contra Israel y sus civiles. Ha llegado el momento de preguntar por qué los palestinos no están realizando esfuerzos similares para proteger a sus propios niños del peligro.
El autor es asesor jurídico del Ministerio De Relaciones Exteriores en Israel.