En busca de un buen candidato
Aunque Panamá es un pueblo que necesita no sólo de una sino de muchas utopías, se pudiera decir que el ciudadano panameño (el hombre de la calle) es tan viejo como el sufragio universal. Le ha tocado trillar todas las vicisitudes y experiencias de este proceso, y, sin grandes meditaciones, ha llegado a formarse, cuando no ideas, al menos ciertos instintos políticos. Así, empieza a sospechar que no solamente éste o aquel partido, sino la política entera, está montada en un tono de grandilocuencia y megalomanía que fatalmente la desvía y pervierte.
El ciudadano común y corriente (el hombre de la calle) claro está, no aspira a ser elegido. Se contentaría con ser elector feliz, con ser un elector que encuentre un candidato de su gusto. Quizás por ello ha encendido la lámpara de Diógenes, y anda por ahí buscando, desde ahora, un candidato a la Presidencia de la República entre los hombres y un hombre entre los presuntos candidatos. En realidad, causa pena decirlo, pero el hombre y la mujer panameños se han convencido de que la política -y los partidos como instrumentos de ésta- ya no despierta esperanza ni mucho menos garantiza la felicidad ciudadana que falsamente promueve. Se olvida que la felicidad depende de las circunstancias mucho más hondas y graves que cuanto la política puede discutir.
La política en Panamá, acaso ha podido lograr un mejor orden en lo más externo de la vida social. Ni siquiera emplea los medios más adecuados para acercarse a las relaciones sociales más importantes: no ha podido, y al parecer no puede organizar la amistad entre los panameños, ni la lealtad mutua, ni el amor, ni la recreación sana. Pero permítasenos un paréntesis para ilustrar mejor la cuestión. En el mundo antiguo la política intentó, con grave fracaso, algo de esto. En Esparta, por ejemplo, instituyó la legión sagrada que sancionaba la felicidad de los amigos; en Roma se ocupó de dar placer al pueblo haciendo de los juegos circenses una institución del Estado. Más todo esto nos informa, ciertamente, que la política es sólo un tangente que apenas roza un punto de esa nuestra viva realidad. Casi por entero, el volumen de nuestra existencia personal queda intacto por la política.
Ni siquiera en el orden económico logra la política tener una misión sustantiva. A lo sumo, podría intentar repartir con equidad la riqueza. Pero no puede crearla. La pretensión de salvar económicamente al pueblo desde la dirección del gobierno del Estado ha resultado casi siempre fallida.
Todas estas cuestiones presupone oscuramente el ciudadano panameño, y por eso desconfía de todos los que aspiran a ser candidatos (a la presidencia y vicepresidencia de la república y a legisladores) que les invitan a apasionarse y falsamente les garantizan la solución de sus problemas económicos y sociales; para decirlo en una palabra, le prometen la felicidad. ¡Apasionarse en política!... Ese ha sido el error característico del siglo pasado, que ha consistido precisamente en estimular el apasionamiento político como un deber. Importa mucho, por lo mismo, desdeñar el apasionamiento, el fanatismo, porque así damos la espalda a los apasionadores tanto de la izquierda como de la derecha.
A propósito, es bueno recordar -y tener muy presente- que la historia siempre ha abarcado la luz y la oscuridad, la posibilidad y la necesidad, la razón y el error. Las posibilidades siempre tuvieron que vigilarse, los errores siempre tuvieron que rectificarse. En la búsqueda de un buen candidato a la presidencia de la república o a legislador, solamente el pueblo panameño (el verdadero y real soberano) dispone de los medios y del mejor camino para encontrarlo. Ha llegado el momento, pues, en que el pueblo se organice y escoja, no a un amo, no a un demagogo mentiroso, diestro en pregonar falsas promesas, sino al primer servidor de la república.
Y al hacerlo, debe optar entre el continuismo de la corrupción y la incapacidad vigente y la renovación; entre el pasado y presente con todos sus errores y el futuro con todas sus esperanzas.
Presidenta Moscoso: ¡los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!
De acuerdo con el sociólogo, el problema no es de "los muchachos ni del Artes y Oficios", sino que hay que entenderlo desde un ámbito nacional y citó como ejemplo ésta y las pasadas administraciones gubernamentales, que se empeñaron en destruir las organizaciones políticas estudiantiles y esos grupos han sido reemplazados por las "tropas de choque", es decir, las pandillas.
Advirtió que algo similar está ocurriendo con el Instituto Nacional, donde el gobierno sistemáticamente está intentando destruir los grupos de expresión política y se preguntó, cuando eso suceda, ¿cuál será el medio de expresión de los estudiantes?
La eliminación de un canal de expresión como los grupos políticos promueve que el joven ingrese a los grupos de choque o pandillas, provocando la destrucción entre sí, como ha venido sucediendo en los últimos años.
Presentó como una solución al problema del Artes y Oficios, que se construyan centros educativos de este tipo en varias áreas de la ciudad para evitar que una gran cantidad de estudiantes se concentre como lo hace ahora en el actual plantel.
En contraste con la imagen negativa que proyecta hoy el Artes y Oficios, de este plantel, fundado en 1907, han egresado miles de panameños que se han destacado en diferentes profesiones en el país.
De acuerdo con los archivos de este plantel egresaron figuras públicas como el fiscal auxiliar, Carlos Augusto Herrera; el actual subdirector del IFARHU, Enrique Riley Puga; los legisladores César Pardo y Franz Wever; el catedrático de la facultad de Educación Física, Luis Valdés; el pintor David Vega; el personaje televisivo Miguel Oyola Díaz (Miguelito plaga); el dirigente sindical Rolando Miller; el periodista Reynaldo Weeks; el músico Danilo "El Cholo" Pérez; el desaparecido cantante de reggae Alfonso Chambers (Papa Chan), el basquetbolista Julio Osorio y cursa su último año el miembro de la selección nacional de béisbol juvenil Johnny Córdoba.
El ciudadano común y corriente (el hombre de la calle) claro está, no aspira a ser elegido. Se contentaría con ser elector feliz, con ser un elector que encuentre un candidato de su gusto. Quizás por ello ha encendido la lámpara de Diógenes, y anda por ahí buscando, desde ahora, un candidato a la Presidencia de la República entre los hombres y un hombre entre los presuntos candidatos. En realidad, causa pena decirlo, pero el hombre y la mujer panameños se han convencido de que la política -y los partidos como instrumentos de ésta- ya no despierta esperanza ni mucho menos garantiza la felicidad ciudadana que falsamente promueve. Se olvida que la felicidad depende de las circunstancias mucho más hondas y graves que cuanto la política puede discutir.
La política en Panamá, acaso ha podido lograr un mejor orden en lo más externo de la vida social. Ni siquiera emplea los medios más adecuados para acercarse a las relaciones sociales más importantes: no ha podido, y al parecer no puede organizar la amistad entre los panameños, ni la lealtad mutua, ni el amor, ni la recreación sana. Pero permítasenos un paréntesis para ilustrar mejor la cuestión. En el mundo antiguo la política intentó, con grave fracaso, algo de esto. En Esparta, por ejemplo, instituyó la legión sagrada que sancionaba la felicidad de los amigos; en Roma se ocupó de dar placer al pueblo haciendo de los juegos circenses una institución del Estado. Más todo esto nos informa, ciertamente, que la política es sólo un tangente que apenas roza un punto de esa nuestra viva realidad. Casi por entero, el volumen de nuestra existencia personal queda intacto por la política.
Ni siquiera en el orden económico logra la política tener una misión sustantiva. A lo sumo, podría intentar repartir con equidad la riqueza. Pero no puede crearla. La pretensión de salvar económicamente al pueblo desde la dirección del gobierno del Estado ha resultado casi siempre fallida.
Todas estas cuestiones presupone oscuramente el ciudadano panameño, y por eso desconfía de todos los que aspiran a ser candidatos (a la presidencia y vicepresidencia de la república y a legisladores) que les invitan a apasionarse y falsamente les garantizan la solución de sus problemas económicos y sociales; para decirlo en una palabra, le prometen la felicidad. ¡Apasionarse en política!... Ese ha sido el error característico del siglo pasado, que ha consistido precisamente en estimular el apasionamiento político como un deber. Importa mucho, por lo mismo, desdeñar el apasionamiento, el fanatismo, porque así damos la espalda a los apasionadores tanto de la izquierda como de la derecha.
A propósito, es bueno recordar -y tener muy presente- que la historia siempre ha abarcado la luz y la oscuridad, la posibilidad y la necesidad, la razón y el error. Las posibilidades siempre tuvieron que vigilarse, los errores siempre tuvieron que rectificarse. En la búsqueda de un buen candidato a la presidencia de la república o a legislador, solamente el pueblo panameño (el verdadero y real soberano) dispone de los medios y del mejor camino para encontrarlo. Ha llegado el momento, pues, en que el pueblo se organice y escoja, no a un amo, no a un demagogo mentiroso, diestro en pregonar falsas promesas, sino al primer servidor de la república.
Y al hacerlo, debe optar entre el continuismo de la corrupción y la incapacidad vigente y la renovación; entre el pasado y presente con todos sus errores y el futuro con todas sus esperanzas.
Presidenta Moscoso: ¡los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!
De acuerdo con el sociólogo, el problema no es de "los muchachos ni del Artes y Oficios", sino que hay que entenderlo desde un ámbito nacional y citó como ejemplo ésta y las pasadas administraciones gubernamentales, que se empeñaron en destruir las organizaciones políticas estudiantiles y esos grupos han sido reemplazados por las "tropas de choque", es decir, las pandillas.
Advirtió que algo similar está ocurriendo con el Instituto Nacional, donde el gobierno sistemáticamente está intentando destruir los grupos de expresión política y se preguntó, cuando eso suceda, ¿cuál será el medio de expresión de los estudiantes?
La eliminación de un canal de expresión como los grupos políticos promueve que el joven ingrese a los grupos de choque o pandillas, provocando la destrucción entre sí, como ha venido sucediendo en los últimos años.
Presentó como una solución al problema del Artes y Oficios, que se construyan centros educativos de este tipo en varias áreas de la ciudad para evitar que una gran cantidad de estudiantes se concentre como lo hace ahora en el actual plantel.
En contraste con la imagen negativa que proyecta hoy el Artes y Oficios, de este plantel, fundado en 1907, han egresado miles de panameños que se han destacado en diferentes profesiones en el país.
De acuerdo con los archivos de este plantel egresaron figuras públicas como el fiscal auxiliar, Carlos Augusto Herrera; el actual subdirector del IFARHU, Enrique Riley Puga; los legisladores César Pardo y Franz Wever; el catedrático de la facultad de Educación Física, Luis Valdés; el pintor David Vega; el personaje televisivo Miguel Oyola Díaz (Miguelito plaga); el dirigente sindical Rolando Miller; el periodista Reynaldo Weeks; el músico Danilo "El Cholo" Pérez; el desaparecido cantante de reggae Alfonso Chambers (Papa Chan), el basquetbolista Julio Osorio y cursa su último año el miembro de la selección nacional de béisbol juvenil Johnny Córdoba.