"En memoria a Harmodio Arias M."
Discurso en el marco del XIV aniversario de la muerte del Dr. Arnulfo Arias, y la apertura del Museo Hermanos Arnulfo y Harmodio Arias Madrid). "Agradezco la gestión de la Fundación Arias Madrid y el impulso de la presidencia hacia la creación de un aula de recuerdos físicos de los hermanos Arias Madrid. El museo servirá como una semilla para recoger en forma viva la memoria de estos hermanos, que de humildes comienzos, forjaron instituciones que identificaron la sociedad panameña.
Nunca conocí a Don Harmodio en vida, pues el falleció unos dos años antes de mi nacimiento. La principal memoria palpable que tengo de él, (aparte de su escritorio, que usé por varios años y que está ahora en este museo) es su obra de gobierno, escritos, leyes y las anécdotas de mis hermanas o de mis tíos o primos; y, claro, las de sus colegas y amigos. Nació en 1886, el tercer hijo en el honroso hogar penonomeño de Don Antonio Arias y Doña Carmen Madrid de Arias. Su cuna fue humilde, de familia de modestos recursos dedicada al campo, a la ganadería y a la agricultura. Junto con su hermano Arnulfo, inició sus estudios primarios en las escuelas públicas de Penonomé. Era una persona baja en estatura... y muy delgado (eso no lo heredé yo). Era una persona reservada, formal, responsable, de palabra sencilla y directa, tenía el don de situarse al nivel de sus interlocutores y así conversar, tanto con un gran letrado como con un humilde campesino; era sumamente respetuoso de sus principios y se caracterizaba por su modestia. Nunca negó su origen humilde, se enorgullecía de ello. Siempre sobrepuso su respeto y devoción al país por encima de enemistades y diferencias políticas, aún sobre sus intereses personales. Se reconocía como "el cholito de Río Grande" o "el candidato de los pobres" tanto antes y durante su campaña política que culminó en su elección como el octavo Presidente de la República.
No quisiera ahondar sobre su trayectoria en las fincas "La Esperanza" o "Santa Mónica", ni su vida como abogado o editor; pero sí sobre su labor como Presidente de la República en el período de 1932-1936. Al asumir la presidencia a los 46 años, encontró a la nación en una estrechez presupuestaria sin precedentes, y claro, sin posibilidad de ayuda extranjera, ya que los otros países se encontraban en una situación similar y no existían organismos como un banco mundial para aportar ayuda. Aparte de sacar al país de esa tremenda crisis económica que lo había llevado prácticamente a la quiebra, culminó ciertos logros que fueron muy avanzados para su época:
Creó un Fondo del Obrero y el Agricultor y empezó lo que puede calificarse como una reforma agraria con la creación de granjas experimentales y otra ayuda estatal al sector agricultural; reorganizó la Contraloría y el Banco Nacional; promovió las Reservas Indígenas; pero ante éstas y otras obras cotidianas de creación de infraestructura nacional, hay que detenerse en dos realizaciones que influyeron profundamente: Dotó al país de un centro de estudio superior permanente; seguramente con el afán, usando las palabras de Roosevelt, de la continua superación del capital humano panameño. Esta misión tuvo fundamento en no sólo su propia experiencia sobre educación, sino también por su visión de lograr una independencia cultural y profesional de Estados Unidos (EU) - en ese período la mayoría de los gerentes en Panamá eran personas formadas en EU. El instaurar la Universidad de Panamá en esa época, me ha conmovido no sólo por la tremenda convicción sobre la importancia de la educación, sino que, a distinción de las otras obras, su estructuración necesitaría de una visión a largo plazo, pues los beneficios no se palparían por 10 ó más años. Reconocemos, es el don de estadista verídico.
El segundo legado, el Tratado Arias-Roosevelt de 1936. Este trazó nuestros primeros pasos incipientes hacia una verdadera soberanía al alejarnos del Tratado Hay-Buneau Varilla de 1903, el cual obviamente era uno obligado, por circunstancias y por hechos, en contra de la voluntad de muchos panameños. La labor del estadista Arias discutiendo con EU reformas al Tratado de 1903 tiene que entenderse en un marco de debilidad extrema por un lado y de prepotencia absoluta por el otro. Claro, este proceso se repitió en subsecuentes negociaciones sobre el Canal; sin embargo, al ser el primer logro firme sobre la relación entre Norteamérica y Panamá en relación al Canal, merece resaltarse. Se estableció una independencia política obviamente no lograda en el Tratado de 1903 y plasmó principios fundamentales para la lucha hacia la eliminación de los elementos onerosos del Hay Buneau Varilla. El logro, en el Tratado de 1936, de que Panamá dejaba de ser una nación "garantizada" por EU es fundamental para las generaciones panameñas. Igualmente importante fue el reconocimiento formal de la Zona del Canal como "territorio de la República de Panamá bajo la jurisdicción de los Estados Unidos." Sólo a partir de ese tratado se fijó el libre tránsito para los panameños en toda la zona y la aplicación de leyes panameñas de aduana e inmigración en la misma. En el contexto de un Panamá a mediados de los años "30 frente a EU, país que aún controlaba varios puestos claves en la administración estatal panameña, con el mundo azotado por una crisis económica terrible, y Europa amenazada por una ola de fascismo dictatorial en el calderón ante la II Guerra Mundial, pienso que el esfuerzo titánico de Harmodio Arias en lograr este tratado es ejemplar para cualquiera gestión gubernamental.
El cholito de Río Grande murió el 23 de diciembre de 1962. Como yo, los cientos de miles de ciudadanos que hasta ahora sólo han podido visitar las tumbas de estos dos presidentes, hoy podrán ver algo de sus propias vidas, y apreciar que eran simplemente hombres como todos nosotros. Hombres y no leyendas, con visión, compromiso y liderazgo.
El 10 de agosto conmemoramos otro aniversario de la muerte del Dr. Arnulfo Arias; al igual que para la memoria de Harmodio Arias, la recopilación de sus objetos es importantísima. Nos enseña que las fuerzas que nos amoldan no son de dioses olímpicos ni super héroes, sino personas normales con visión y con madera, que pensaban y preparaban leyes línea por línea; que tenían acuerdos y desacuerdos, amigos y enemigos, que eran perfectamente humanos. Que no son de épocas lejanas ni de tumbas monumentales, sino que eran personas de carne y hueso como todos".
Ese gran hombre, cuyo máximo orgullo fue ser simplemente el más humilde servidor de la nación panameña, nunca demandó nada para sí, nunca exigió ni reclamó prebendas ni beneficios personales, ni a sus copartidarios ni al Estado, que dirigió con honor, entereza y creatividad.
Para mí, como compañera de Arnulfo Arias, como parte de esta familia y como miembro de este movimiento político, me llena de satisfacción ver cómo el amor y el respeto por la memoria de Harmodio y Arnulfo Arias, han permitido hacer de este objetivo una feliz realidad.
A los miembros de la Fundación Arias Madrid y a los colaboradores en esta obra, ofrezcámosle nuestro eterno agradecimiento.
Queridas amigas y amigos: el Museo Arias Madrid será un bien muy valioso para este país, pero será, además, la fuente de un compromiso que unirá a todos a quienes nos vincula la memoria de estos dos grandes hombres. el compromiso de servir a la nación, de cultivar nuestros valores, de hacerla orgullosa de su historia y cultura, de ser productivos y eficientes; de ser, sobre todo, hombres y mujeres de bien, y estar siempre al servicio de la patria.
Qué mejor tributo podemos brindarle que cumplir con su deseo y ofrecer a Panamá y al mundo este museo que servirá para mantener viva permanentemente su memoria y ese legado maravilloso que nos dejaron Harmodio y Arnulfo Arias Madrid".
Nunca conocí a Don Harmodio en vida, pues el falleció unos dos años antes de mi nacimiento. La principal memoria palpable que tengo de él, (aparte de su escritorio, que usé por varios años y que está ahora en este museo) es su obra de gobierno, escritos, leyes y las anécdotas de mis hermanas o de mis tíos o primos; y, claro, las de sus colegas y amigos. Nació en 1886, el tercer hijo en el honroso hogar penonomeño de Don Antonio Arias y Doña Carmen Madrid de Arias. Su cuna fue humilde, de familia de modestos recursos dedicada al campo, a la ganadería y a la agricultura. Junto con su hermano Arnulfo, inició sus estudios primarios en las escuelas públicas de Penonomé. Era una persona baja en estatura... y muy delgado (eso no lo heredé yo). Era una persona reservada, formal, responsable, de palabra sencilla y directa, tenía el don de situarse al nivel de sus interlocutores y así conversar, tanto con un gran letrado como con un humilde campesino; era sumamente respetuoso de sus principios y se caracterizaba por su modestia. Nunca negó su origen humilde, se enorgullecía de ello. Siempre sobrepuso su respeto y devoción al país por encima de enemistades y diferencias políticas, aún sobre sus intereses personales. Se reconocía como "el cholito de Río Grande" o "el candidato de los pobres" tanto antes y durante su campaña política que culminó en su elección como el octavo Presidente de la República.
No quisiera ahondar sobre su trayectoria en las fincas "La Esperanza" o "Santa Mónica", ni su vida como abogado o editor; pero sí sobre su labor como Presidente de la República en el período de 1932-1936. Al asumir la presidencia a los 46 años, encontró a la nación en una estrechez presupuestaria sin precedentes, y claro, sin posibilidad de ayuda extranjera, ya que los otros países se encontraban en una situación similar y no existían organismos como un banco mundial para aportar ayuda. Aparte de sacar al país de esa tremenda crisis económica que lo había llevado prácticamente a la quiebra, culminó ciertos logros que fueron muy avanzados para su época:
Creó un Fondo del Obrero y el Agricultor y empezó lo que puede calificarse como una reforma agraria con la creación de granjas experimentales y otra ayuda estatal al sector agricultural; reorganizó la Contraloría y el Banco Nacional; promovió las Reservas Indígenas; pero ante éstas y otras obras cotidianas de creación de infraestructura nacional, hay que detenerse en dos realizaciones que influyeron profundamente: Dotó al país de un centro de estudio superior permanente; seguramente con el afán, usando las palabras de Roosevelt, de la continua superación del capital humano panameño. Esta misión tuvo fundamento en no sólo su propia experiencia sobre educación, sino también por su visión de lograr una independencia cultural y profesional de Estados Unidos (EU) - en ese período la mayoría de los gerentes en Panamá eran personas formadas en EU. El instaurar la Universidad de Panamá en esa época, me ha conmovido no sólo por la tremenda convicción sobre la importancia de la educación, sino que, a distinción de las otras obras, su estructuración necesitaría de una visión a largo plazo, pues los beneficios no se palparían por 10 ó más años. Reconocemos, es el don de estadista verídico.
El segundo legado, el Tratado Arias-Roosevelt de 1936. Este trazó nuestros primeros pasos incipientes hacia una verdadera soberanía al alejarnos del Tratado Hay-Buneau Varilla de 1903, el cual obviamente era uno obligado, por circunstancias y por hechos, en contra de la voluntad de muchos panameños. La labor del estadista Arias discutiendo con EU reformas al Tratado de 1903 tiene que entenderse en un marco de debilidad extrema por un lado y de prepotencia absoluta por el otro. Claro, este proceso se repitió en subsecuentes negociaciones sobre el Canal; sin embargo, al ser el primer logro firme sobre la relación entre Norteamérica y Panamá en relación al Canal, merece resaltarse. Se estableció una independencia política obviamente no lograda en el Tratado de 1903 y plasmó principios fundamentales para la lucha hacia la eliminación de los elementos onerosos del Hay Buneau Varilla. El logro, en el Tratado de 1936, de que Panamá dejaba de ser una nación "garantizada" por EU es fundamental para las generaciones panameñas. Igualmente importante fue el reconocimiento formal de la Zona del Canal como "territorio de la República de Panamá bajo la jurisdicción de los Estados Unidos." Sólo a partir de ese tratado se fijó el libre tránsito para los panameños en toda la zona y la aplicación de leyes panameñas de aduana e inmigración en la misma. En el contexto de un Panamá a mediados de los años "30 frente a EU, país que aún controlaba varios puestos claves en la administración estatal panameña, con el mundo azotado por una crisis económica terrible, y Europa amenazada por una ola de fascismo dictatorial en el calderón ante la II Guerra Mundial, pienso que el esfuerzo titánico de Harmodio Arias en lograr este tratado es ejemplar para cualquiera gestión gubernamental.
El cholito de Río Grande murió el 23 de diciembre de 1962. Como yo, los cientos de miles de ciudadanos que hasta ahora sólo han podido visitar las tumbas de estos dos presidentes, hoy podrán ver algo de sus propias vidas, y apreciar que eran simplemente hombres como todos nosotros. Hombres y no leyendas, con visión, compromiso y liderazgo.
El 10 de agosto conmemoramos otro aniversario de la muerte del Dr. Arnulfo Arias; al igual que para la memoria de Harmodio Arias, la recopilación de sus objetos es importantísima. Nos enseña que las fuerzas que nos amoldan no son de dioses olímpicos ni super héroes, sino personas normales con visión y con madera, que pensaban y preparaban leyes línea por línea; que tenían acuerdos y desacuerdos, amigos y enemigos, que eran perfectamente humanos. Que no son de épocas lejanas ni de tumbas monumentales, sino que eran personas de carne y hueso como todos".
Ese gran hombre, cuyo máximo orgullo fue ser simplemente el más humilde servidor de la nación panameña, nunca demandó nada para sí, nunca exigió ni reclamó prebendas ni beneficios personales, ni a sus copartidarios ni al Estado, que dirigió con honor, entereza y creatividad.
Para mí, como compañera de Arnulfo Arias, como parte de esta familia y como miembro de este movimiento político, me llena de satisfacción ver cómo el amor y el respeto por la memoria de Harmodio y Arnulfo Arias, han permitido hacer de este objetivo una feliz realidad.
A los miembros de la Fundación Arias Madrid y a los colaboradores en esta obra, ofrezcámosle nuestro eterno agradecimiento.
Queridas amigas y amigos: el Museo Arias Madrid será un bien muy valioso para este país, pero será, además, la fuente de un compromiso que unirá a todos a quienes nos vincula la memoria de estos dos grandes hombres. el compromiso de servir a la nación, de cultivar nuestros valores, de hacerla orgullosa de su historia y cultura, de ser productivos y eficientes; de ser, sobre todo, hombres y mujeres de bien, y estar siempre al servicio de la patria.
Qué mejor tributo podemos brindarle que cumplir con su deseo y ofrecer a Panamá y al mundo este museo que servirá para mantener viva permanentemente su memoria y ese legado maravilloso que nos dejaron Harmodio y Arnulfo Arias Madrid".