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Entramos en la lista blanca, y ¿ahora qué?


Hace un año no escribo en los periódicos sobre ningún tema. Hoy vuelvo a escribir y lo haré sobre un tema que me concierne: el sector marítimo y la función que está llamada a desempeñar la Autoridad Marítima de Panamá (AMP) en el desarrollo económico del país. Lo que me motivó, principalmente, a mantener esta sabática es la falta de interés que ha demostrado la sociedad panameña en el tema marítimo.
Un tema que es fundamental para un país que, como el nuestro, es líder en el sector portuario latinoamericano, es líder de la marina mercante mundial (por lo menos en tamaño) y en la unión artificial de los dos mayores océanos del planeta.
Hace ya diez años que, bajo el auspicio de APEDE, se iniciaron discusiones más serias sobre el tema marítimo. Participaron gremios, agrupaciones cívicas, entidades internacionales y gubernamentales. Resaltó en esas discusiones, la necesidad de agrupar las competencias marítimas bajo una sola dirección. Surgió como resultado CONDESMAR, durante el gobierno del presidente Guillermo Endara. El objetivo era encontrar la mejor forma de realizar esta unión. Esta comisión tuvo un nuevo impulso y fue llamada COMAR en el gobierno del presidente Ernesto Pérez Balladares, con funciones meramente consultivas y para coordinar la redacción del proyecto de Ley Orgánica de la Autoridad Marítima de Panamá.
En fin, que desde 1990 hasta 1998 diferentes sectores de la sociedad se involucraron en la creación de la AMP. Se esperaba con esto que la misma fuera una entidad altamente especializada y alejada de los vaivenes políticos, al estilo de la Autoridad del Canal de Panamá. Como primer administrador de la AMP, nombrado por el presidente Pérez Balladares, en mayo de 1998, y ratificado por la Asamblea Legislativa unánimemente en junio de 1998, afronté los compromisos internacionales que estaban por entrar en vigor y que exigían que la institución cumpliera normas de calidad y eficiencia, que usualmente no son alcanzables en entidades gubernamentales que se manejen con criterios convencionales. Además estaba en ciernes la transferencia del canal, lo que ponía más presión a la modernización del sector marítimo.
Hace un año pude constatar que a la sociedad le importa poco que la recién creada entidad sea otro botín político a reclamar en cada cambio de gobierno. Lo considero un grave error que más temprano que tarde nos costará nuestra posición de liderazgo en la marina mercante.
Ya en otro escrito abundaré sobre esto, pero mientras tanto, debo aclarar que administré la AMP poniendo empeño en mantener un ambiente técnico en el cual, haciendo carrera, se ascendiera a las posiciones superiores. También en otro escrito relataré los incidentes y conversaciones que precedieron mi salida de esa institución, pero por ahora quiero concentrarme en un punto actual e importante. La lista blanca y las responsabilidades que se derivan de ella.
A la fecha de la toma de la AMP por las fuerzas de elite de la Presidencia de la República, el 30 de noviembre de 1999, teníamos todo listo para ser incluidos en la lista blanca de la OMI, asunto de vital trascendencia para nuestro país. Ahora que acaba de anunciarse la inclusión de Panamá en la lista blanca, junto con otros 72 países, cabe recordar que cuando se creó la AMP teníamos dos temas cruciales, pero además inminentes. La entrada en vigor del código de la Gestión de la Seguridad, mejor conocido como el ISM y el código STCW que tiene que ver con el entrenamiento, la certificación y la guardia de la gente de mar. Se había terminado ya la época de las promesas y había que presentar resultados e implementar los programas con los cuales Panamá se había comprometido.
El documento de cumplimiento sobre el STCW que debíamos presentar en la OMI, se había efectuado en la oficina de SEGUMAR, con sede en Nueva York y mientras, ésta fue una dependencia del entonces Ministerio de Hacienda y Tesoro. Era lo único con que contábamos y la fecha de presentación estaba ya encima. Los defectos en el documento que había preparado SEGUMAR eran tales, que en lugar de presentar manuales de procedimientos el documento, hacía solamente mención a los mismos en escuetas cinco líneas.
El día que se vencía el término de presentación, ese documento tan sólo nos sirvió para acuñar la puerta de la OMI cuando ésta se nos estaba cerrando. Sí, igual que el vendedor impertinente que mete el pie para que no le tranquen la puerta.
Mientras transcurría el proceso de evaluación del documento por parte de la OMI, le pedí al capitán Encarnación Samaniego que se integrara al equipo de la AMP. A pesar de que el pago salarial era notablemente inferior al que recibía en la Comisión del Canal, el capitán Samaniego mostró entusiasmo ante el reto, solicitó una licencia en la Comisión del Canal y se incorporó a la AMP para ayudarnos a crear y dirigir la nueva Dirección de Gente de Mar. Enseguida se organizó el grupo de trabajo, con Napoleón Smith, Rafael Caro, Beatriz de González, Blanca de López, Héctor Mojica y Héctor Peñalba. Todos, bajo la dirección del Capitán Samaniego, pusieron gran empeño e hicieron un estupendo trabajo. De los diferentes equipos humanos que integramos en la AMP, éste se cuenta entre los mejores y su trabajo fue de gran trascendencia.
Ellos se ocuparon de hacer un documento totalmente nuevo, voluminoso, completo y altamente profesional que reemplazó el entuerto que anteriormente había sido presentado y que había recibido una lista de más de 50 inconformidades de fondo, por parte de la OMI. El nuevo documento que se preparó incluyó en su presentación, cómo Panamá implantaría el STCW, las reformas al plan de estudios de la Escuela Náutica, manuales de procedimientos para la revisión de la documentación de los marinos, eliminación de los famosos certificados "transitorios" con los cuales alguien podía conseguir una provisionalidad de 8 meses en cada consulado y pasarse así hasta 30 años como marino "provisional", sin estar realmente capacitado para ello. En fin, el documento que preparamos establece cómo Panamá maneja de manera responsable, a la Gente de Mar. Recibió dos inconformidades por parte de la OMI, que le tocó responder a la administración que se hizo cargo de la AMP el 1° de diciembre de 1999. Incluir la descripción de las materias del nuevo currículo de la Escuela Náutica y el número de horas anuales de cada materia.
Hoy, el capitán Samaniego ya no está al frente de Gente de Mar, la nueva administración no sólo no le agradeció su trabajo, sino que lo ofendieron al insinuarle que si había aceptado trabajar en la AMP por una paga inferior a la que recibía en la Comisión del Canal, era porque estaba en algún "negocio turbio". Parece que para algunas personas es difícil entender que haya quienes están dispuestos a ciertos sacrificios, a cambio de la gran satisfacción de lograr algo positivo y necesario para nuestro país.
La nueva administración de la Autoridad Marítima de Panamá debe poner mucho empeño en hacer realidad lo que plasma el documento. La lista blanca no es un diploma de graduación, es un compromiso permanente que Panamá debe cumplir. Es necesario e impostergable que la AMP fortalezca con personal y equipo los cuatro centros regionales para la certificación de marinos, que son Panamá, Londres, Manila y Nueva York. Deben adquirirse los equipos para sistematizarlas y debe implantarse el sistema de calidad y pasar las auditorías de normas ISO en la Escuela Náutica, la Dirección de Gente de Mar y la Dirección de Marina Mercante. Esto es parte del compromiso y no se puede lograr con un manejo burocrático.
La AMP debe manejarse como una empresa privada o irá pasando poco a poco a mejor vida, con el consiguiente perjuicio para el sector marítimo panameño. Hoy, que vuelvo a escribir, quiero agradecer al equipo humano que me acompañó en esa ardua tarea que fue poner a funcionar la AMP. A ellos les debemos el que, en este tema, a Panamá lo hubieran tomado en serio en el mundo entero.

101 años de Panamá América

 
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