Equilibrio para educar
Alguna vez oí que criar hijos es como sostener en la mano una barra de jabón muy húmeda. Si se aprieta demasiado, sale disparada; y si no se oprime lo suficiente, se nos resbala de los dedos. Una presión firme y suave permite el control.
La clave de la educación está en el equilibrio. Quien más logra de las personas sabe cuándo exigir y cuando transigir. Difícil, pero no imposible. Es tan nociva la rigidez, como la blancura. Hay que balancear ambas actitudes, tenemos que educar con amor y cariño, corregir el mal, acompañado con un buen consejo; es decir, mantener un término medio, equilibrado. Es como el secreto para elevar cometas: saber cuándo soltar o recobrar la cuerda en el momento justo.
A la mejor domadora de fieras de un circo en Europa le preguntaron: ¿Cuál era la fórmula para triunfar? Ella respondió: "La mezcla adecuada del látigo y el azúcar". Si los papás dialogaran diariamente, harán la mezcla oportuna. Si no se ponen de acuerdo, afectarán a los hijos al exagerar cada uno en su blandura o su severidad. Debemos aprender a negociar y reconocer los valores, lo positivo de los hijos.
Todo educador debe darle amor y aprecio a los alumnos, siempre hablar de la grandeza de Dios, donde reine la humildad, obediencia, respeto, honestidad y otros valores morales, que se encuentran en el Libro de Sabiduría.
Digamos a nuestros alumnos: ¡Qué bien!, ¡tú puedes!, ¡ánimo! ¡adelante! ¡Vuelve a empezar! ¡Eres inteligente! ¡Confía en ti! ¡Lo lograrás!, porque el poder motivador del estímulo es ilimitado.
Seamos ricos en elogiar y educar. Donde el camino del éxito trae consigo su propia recompensa.
La pedagogía es el arte de enseñar; y la ciencia del saber, enseñar.