Evitemos caer en el caos social
La incapacidad manifiesta de la gran mayoría de la dirigencia política y la corrupción en varios órganos del Estado está llevando al país a una situación de peligro para la institucionalidad del mismo. El gobierno navega, al parecer, sin rumbo y al menos cinco ministros actúan buscando, desde ahora, la postulación presidencial con una agenda propia de trabajo que le resta cohesión a la administración. Además estamos en el campo internacional abriendo innecesariamente en forma simultánea, varios frentes muy peligrosos. La Asamblea Nacional, sumida en un gran desprestigio por las constantes exigencias de muchos de sus integrantes que buscan mayores prebendas y toda clase de beneficios personales, es calificada por algunos como "un cáncer que no reacciona ni a la quimioterapia". Un Organo Judicial carente de confianza. Todo esto unido al desempleo, la pobreza alarmante y al incremento de la criminalidad con tendencias a agravarse de día a día, está creando los elementos que, de no detenerse, pueden llevarnos a una explosión social de efectos dañinos incalculables.
Hemos perdido el respeto por nuestros dirigentes y, lo que es peor, estamos cayendo como sociedad en la desidia y como pueblo en la desesperanza. No hay fe en nuestro presente y muchos dudan aún de nuestro futuro. Nadie cree hoy día en nadie, ni en nada; se ha perdido el respeto de todo. Cada cual hace lo que a bien quiere sin importarle si su proceder es legal o a quien afecta. Nos abocamos, si seguimos así, a la anarquía.
Esa situación de sicosis negativa que se está generalizando es a diario acrecentada por algunos dirigentes de gremios obreros que contribuyen con sus acciones de violencia a crear mayor incertidumbre, al parecer buscando el caso social como su objetivo final.
Panamá hoy día, con sólo dos fronteras y sin el tutelaje norteamericano, está bajo la mira de la comunidad internacional que ve con ciertas reservas nuestra capacidad de administrar la vía acuática en forma eficiente. El funcionamiento normal del Canal, una de las maravillas de la ingeniería y paso obligado del comercio mundial, puede estar en peligro si en nuestro país impera el caos y del desorden. Esto provocaría acciones externas que no queremos y rechazaríamos, pero que, inconscientemente, podemos forzar a que se den con nuestras acciones irresponsables.
No he sido nunca, ni soy un pesimista. Siempre he creído en la capacidad de los panameños de superar situaciones adversas, por más difíciles que éstas sean. Nuestra historia así lo demuestra.
Ha llegado el momento, pues, de hacer un alto. Analizar dónde estamos como país y hacia dónde vamos. Tenemos que iniciar esfuerzos colectivos para concientizar a nuestra sociedad de los efectos negativos que para todos tiene el relajamiento moral en que estamos cayendo y la carencia de una ética que nos regule y oriente nuestros actos.
No podemos perder la confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad para corregir rumbos. La rectificación de nuestra conducta no puede esperar indefinidamente. Hay que comenzar ahora lo que debe ser "la gran cruzada moralizadora" con la participación de todos: Gobierno, Iglesia, grupos cívicos, profesionales, trabajadores, etc. Debe el gobierno aprovechar la coyuntura que se le presenta y la necesidad muy sentida de hacer cambios en nuestra conducta para nombrar una comisión oficial integrada por personalidades de los distintos sectores que elaboren un plan integral para la recuperación de nuestros valores cívicos y morales. Esa comisión podría tomar como punto de partida los objetivos que don Luis H. Moreno y un grupo de ciudadanos muy conscientes del relajamiento de nuestras costumbres, han iniciado un gran esfuerzo, pero, por supuesto, en forma limitada, para poder concientizar a la comunidad sobre la necesidad de inculcarle al ciudadano, especialmente a la juventud, los principios que antaño teníamos.
Tener ideas significa muchas cosas y buscan engrandecer a un país. Entre esos ideales por supuesto está el que la sociedad sea justa, que los abismos entre los que mucho tienen y lo que tienen muy poco o nada, se estreche cada vez más, en lugar de ampliarse. La legislación tributaria debe ser equitativa para que contribuya a este fin. Ahora mismo se discute el aumento del salario mínimo. Todos los sectores están de acuerdo en que éste debe ser aumentado. Debemos luchar en un esfuerzo colectivo, que él sea razonable, que mejore la situación económica de los hogares panameños, pero que también el mismo no les cierre las puertas a quienes hoy no tienen trabajo y lo buscan con desesperación. Esta cruzada moralizadora que lucha por tener un código de ética que sea un escudo contra la injusticia, la corrupción y la falta de moral debe, entre sus objetivos, buscar que los gobiernos y los dirigentes políticos establezcan una relación más estrecha con grupos cívicos, laborales, estudiantiles, etc., para que todos juntos podamos luchar con éxito por el mejoramiento de nuestra nación y que nadie se sienta marginado en el esfuerzo.
Hemos perdido el respeto por nuestros dirigentes y, lo que es peor, estamos cayendo como sociedad en la desidia y como pueblo en la desesperanza. No hay fe en nuestro presente y muchos dudan aún de nuestro futuro. Nadie cree hoy día en nadie, ni en nada; se ha perdido el respeto de todo. Cada cual hace lo que a bien quiere sin importarle si su proceder es legal o a quien afecta. Nos abocamos, si seguimos así, a la anarquía.
Esa situación de sicosis negativa que se está generalizando es a diario acrecentada por algunos dirigentes de gremios obreros que contribuyen con sus acciones de violencia a crear mayor incertidumbre, al parecer buscando el caso social como su objetivo final.
Panamá hoy día, con sólo dos fronteras y sin el tutelaje norteamericano, está bajo la mira de la comunidad internacional que ve con ciertas reservas nuestra capacidad de administrar la vía acuática en forma eficiente. El funcionamiento normal del Canal, una de las maravillas de la ingeniería y paso obligado del comercio mundial, puede estar en peligro si en nuestro país impera el caos y del desorden. Esto provocaría acciones externas que no queremos y rechazaríamos, pero que, inconscientemente, podemos forzar a que se den con nuestras acciones irresponsables.
No he sido nunca, ni soy un pesimista. Siempre he creído en la capacidad de los panameños de superar situaciones adversas, por más difíciles que éstas sean. Nuestra historia así lo demuestra.
Ha llegado el momento, pues, de hacer un alto. Analizar dónde estamos como país y hacia dónde vamos. Tenemos que iniciar esfuerzos colectivos para concientizar a nuestra sociedad de los efectos negativos que para todos tiene el relajamiento moral en que estamos cayendo y la carencia de una ética que nos regule y oriente nuestros actos.
No podemos perder la confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad para corregir rumbos. La rectificación de nuestra conducta no puede esperar indefinidamente. Hay que comenzar ahora lo que debe ser "la gran cruzada moralizadora" con la participación de todos: Gobierno, Iglesia, grupos cívicos, profesionales, trabajadores, etc. Debe el gobierno aprovechar la coyuntura que se le presenta y la necesidad muy sentida de hacer cambios en nuestra conducta para nombrar una comisión oficial integrada por personalidades de los distintos sectores que elaboren un plan integral para la recuperación de nuestros valores cívicos y morales. Esa comisión podría tomar como punto de partida los objetivos que don Luis H. Moreno y un grupo de ciudadanos muy conscientes del relajamiento de nuestras costumbres, han iniciado un gran esfuerzo, pero, por supuesto, en forma limitada, para poder concientizar a la comunidad sobre la necesidad de inculcarle al ciudadano, especialmente a la juventud, los principios que antaño teníamos.
Tener ideas significa muchas cosas y buscan engrandecer a un país. Entre esos ideales por supuesto está el que la sociedad sea justa, que los abismos entre los que mucho tienen y lo que tienen muy poco o nada, se estreche cada vez más, en lugar de ampliarse. La legislación tributaria debe ser equitativa para que contribuya a este fin. Ahora mismo se discute el aumento del salario mínimo. Todos los sectores están de acuerdo en que éste debe ser aumentado. Debemos luchar en un esfuerzo colectivo, que él sea razonable, que mejore la situación económica de los hogares panameños, pero que también el mismo no les cierre las puertas a quienes hoy no tienen trabajo y lo buscan con desesperación. Esta cruzada moralizadora que lucha por tener un código de ética que sea un escudo contra la injusticia, la corrupción y la falta de moral debe, entre sus objetivos, buscar que los gobiernos y los dirigentes políticos establezcan una relación más estrecha con grupos cívicos, laborales, estudiantiles, etc., para que todos juntos podamos luchar con éxito por el mejoramiento de nuestra nación y que nadie se sienta marginado en el esfuerzo.