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Exitoso viaje del Pontífice


Mientras la zozobra, la perplejidad y las detonaciones de guerra están a la orden, el Pontífice de la Iglesia Católica en medio de voces de aliento y esperanza culmina su última visita tan anunciada a Kazajstán y Armenia recordando la gloriosa memoria de tantos mártires que a través de los siglos sellaron con su sangre el tesoro heredado de su fe cristiana.
Si hubiera estado en el grupo de asesores del viaje más bien lo hubiera desaconsejado, sin embargo, el Papa Juan Pablo II impulsado por una fuerza interior superior y más en estos instantes mundiales siguió adelante valiente y mantuvo su voluntad de realizarlo, pese a las fatigas e inconvenientes de su edad.
Estuvo cerca relativamente del teatro de los acontecimientos mundiales en donde están en juego tantas cosas pero su voz surge entre las humaredas y estallidos de odio, con notorio énfasis y sonoro clamor a favor de la paz y la comprensión y no a la violencia y represalia por supuesto no muy al gusto de muchos.
El Pontífice de esa gran masa de creyentes occidentales celebraba la Eucaristía ante una multitud islámica y no precisamente cristiana y menos católica y en su mensaje verbal y actual de su presencia nos invita a todos a acercarnos y a respetar a los hermanos islámicos.
A mi juicio, siento que de todas estas desgracias humanas y otras que aún seguramente han de venir, tiene que salir algo bueno. El giro que lleva al mundo en diversos aspectos de libertinaje moral y social y ambición económica, de discriminaciones raciales y de insensibilidad ante millares que mueren de hambre como consecuencia de sus injustos fondos monetarios internacionales y deudas externas y bruscos y caprichosos movimientos de la bolsa necesita varios remezones para sacarnos de esa larga y placentera siesta de la autocomplacencia de que somos buenos, de que el sistema funciona, que todo va bien, de que "¡siga el fiesto!".
Subyace en toda esta crisis, aunque muchos quieren ignorarlo, el factor religioso. Algunos lo llaman el "factor Dios".
Por tanto saldo positivo de todo esto es lo que proclama el Papa, que tenemos que conocer, entender y orar por el Islam.
El 27 de octubre de 1986 la humanidad entera oró por la paz a través de los principales religiosos del mundo en Asís, Italia, convocados por el Papa Juan Pablo II, durante 24 horas en muchos de los 43 países de la Tierra donde había guerra o terrorismo callaron las bombas, las metralletas y los artefactos de goma 2.
El Papa decía entonces: "La Santa Sede desea contribuir a suscitar un movimiento mundial de oración por la paz que, pasando por encima de las fronteras de las naciones y alcanzando a los creyentes de todas las religiones, llegue a abrazar al mundo entero".
¿Cuántos de nosotros recordamos este esfuerzo laudable? ¿Cuántos creemos que hay que orar por la paz? ¿Cuántos hemos orado sinceramente por la paz? Muy pocos. Incluso algunos lo consideran una ociosidad. Y hasta sienten vergüenza. Hubo una marcha y acto solidario por la paz, asistió mucha gente pero no hubo notorias ausencias. Si no creemos en la paz, ni hacemos nada a favor de ella, entonces ¿Cuál es la angustia? No al terrorismo de los demás, decimos, pero sí al nuestro.
La búsqueda de Dios por parte del hombre desde tiempos remotos ha dado lugar a diversas religiones. Existen las religiones animistas, propias de muchos pueblos primitivos que aún no han alcanzado una cultura desarrollada. Creen en la presencia de los espíritus en las fuerzas de la naturaleza, a las que dan culto y adoran estatuas u objetos fabricados por ellos mismos.
Las religiones más universales, que practican pueblos antiguos y de vieja cultura de Asia, Africa, Europa y América, las más importantes son el hinduismo, el budismo, el islamismo y el cristianismo. Por su riqueza y por ser precursora del cristianismo, entre esas religiones cabe también mencionar el judaísmo.
En números según el Anuario Estadístico, el Cristianismo (Católicos 1,000.000; Protestantes 400,000; Ortodoxos 280,000) suman 1,680.000; Musulmanes 1,000.000; Judíos 20 millones, Hindúes 700 millones, Budistas 400 millones, Confucianos 340 millones, Sintoistas 100 millones, Taoistas 60 millones y otras religiones y no creyentes 900 millones.

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