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Factor oculto tras las encuestas


Un funcionario de la embajada americana nos preguntaba el por qué ninguna encuesta hecha en nuestro país, independientemente de la seriedad y profesionalismo de quien la realiza, lograba anticipar un resultado dentro del previsto margen de error.
Mientras meditábamos la respuesta, recordábamos que algunos profesionales del ramo, de muy seria trayectoria, que ejecutan ordinariamente encuestas sobre temas diversos para la misma legación, nos habían participado su frustración sobre lo mismo. Ningún encuestador serio, podía arriesgarse a anticipar que el 70% de los que apoyan supuestamente la presencia norteamericana en nuestro suelo, ratificaría el resultado en las urnas. Ello explicaba la cautela norteamericana.
Cuando ocurrió lo de la reelección, aquello debió haber tenido características de sonora carcajada en los muchos despachos sobre asuntos latinoamericanos existentes en Washington adonde habrían llegado las predicciones cifradas tipo CIA y las opiniones de expertos bajo el ropaje de diversas fundaciones. Pérez Balladares no podía perder y perdió.
Después, nadie se atrevió a seguir hablando de eso y las conversaciones sobre el CMA se dieron por terminadas con un lacónico comunicado conjunto, sin mayores explicaciones. No podían hacerse planes ni proyectos con un pueblo impredecible, cuya opinión y consultas no siempre se registran en las encuestas.
Sabiendo pues que nuestro interlocutor era más ilustrado que lo común de las personas, obviamos las justificaciones y excusas usuales, y ensayamos una explicación que pareció disipar las dudas, al menos por ese momento.
Le dijimos que las encuestadoras serias hacen bien su trabajo, seleccionando la muestra adecuada y escogiendo cuidadosamente sus integrantes, las preguntas y el marco geográfico. Todo está perfecto, incluyendo porcentajes de error, nunca mayor del 5% y a veces mejor, como los de CID/Gallup de 2.5%.
Pero el problema es que todas, absolutamente todas, tropiezan con un factor oculto de distorsión, que hace que un número variable de encuestados no responda sinceramente. Y eso es legado de los 21 años de dictadura, en los que el pueblo aprendió a sobrevivir mimetizándose en el medio ambiente, como mecanismo de defensa para proteger su integridad y la de los suyos. Todavía hay miedo.
Por fortuna, las encuestadoras más idóneas son conocedoras de ese factor y cada vez están tomando más medidas para neutralizarlo, con preguntas de prueba en el momento de seleccionar la muestra. Ello está permitiendo mejorar en exactitud, la cual será mayor con el tiempo, a medida que el pueblo sienta más segura su democracia.




101 años de Panamá América

 
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