Fe y ciencia con los mineros
Fe y ciencia con los mineros
Para muchos mineros en el mundo, San Lorenzo es su patrono; para otros, Santa Bárbara es la protectora a la que encomiendan las arduas labores que se realizan a diario en miles de minas grandes, medianas y pequeñas en todas las latitudes del planeta.
San Lorenzo de Roma, diácono y mártir del siglo III, es considerado patrono tradicional de los mineros en buena parte de Latinoamérica. Fue martirizado en el año 258, quemado vivo por negarse a revelar dónde se guardaban los tesoros de la Iglesia, entre los que, según la tradición, se encontraba el Santo Grial. Por otro lado, Santa Bárbara fue virgen y mártir del siglo III. Según la tradición habría nacido en Nicomedia, cerca del mar de Mármara. Fue encerrada en por su padre en una torre para luego ser decapitada en la cima de una montaña un 4 de diciembre por abrazar la fe católica. La Iglesia la nombró protectora ante los peligros repentinos como explosiones y derrumbes.
La fecha de conmemoración de San Lorenzo es cada 10 de agosto, mientras que a Santa Bárbara se le venera el 4 de diciembre, clásica patrona de los mineros, además de todos los que trabajamos con explosivos.
La minería es una profesión en la que la fe y la ciencia han caminado juntas desde tiempos remotos, contribuyendo al progreso de la humanidad desde sus orígenes. No olvidemos que el ser humano conoció primero la piedra; luego descubrió la aleación del cobre con el estaño, dando paso a la Edad de Bronce, hasta dominar el hierro, un avance que transformó la historia y sentó las bases de lo que mucho después se conocería como Revolución Industrial.
La aleación de hierro y carbono dio origen al acero, que en el siglo XX sirvió de base para los primeros acuerdos entre antiguos enemigos, Francia y Alemania, y fue columna vertebral de lo que hoy conocemos como la Unión Europea.
Cada concepto aquí esbozado muestra como pueblos antiguos, naciones y Estados modernos evolucionaron de la mano de la industria minera. Mal podría señalarse, como lo intentan algunos fanatizados monjes y sacerdotisas de la secta antiminera, que la minería es satánica o contraria a la moral cristiana.
En las postrimerías de la copa mundial de fútbol, al analizar a l os 48 participantes, los muy grandes, los medianos y los más pequeños, todos son países en donde la actividad minera es completamente legal, incluyendo a Panamá.
Países en donde no importan latitudes frías, templadas y tropicales, lluviosos y desérticos, la ciencia ha aportado los mecanismos que permiten prepararse para llevar adelante las labores, cada vez con mayor seguridad, con menor huella ambiental y con los controles rigurosos, como los estudios de impacto ambiental que permiten abastecer al planeta de las materias primas metálicas y no metálicas, necesarias para la vida normal de todos esos países.
Entre la ciencia por un lado y la fe por el otro, no existe ninguna incongruencia ni incompatibilidad, como tampoco la hay con otras actividades económicas vitales para todos, como la agricultura, la ganadería, la pesca, la construcción, el turismo, lo portuario y el transporte mundial. Destaca aquí el Canal de Panamá, alma, vida y motor de la economía y subsistencia de nuestro país.
Por otro lado, si la industria minera fuera satánica, tal como la describen las sectas antimineras y los otros fanáticos accesorios y sucedáneos, como los llama un amigo, no existirían universidades ni escuelas de minería en el mundo entero, ni tendría santos patronos mártires de la iglesia.
El Estado panameño se encuentra analizando a través de una comisión designada por el ejecutivo, los resultados de la auditoría integral gestada por el ministerio de ambiente y realizada y presentada por la empresa suiza SGS, mucho más antigua que el Estado panameño, concluyendo con una calificación final de 87,73 % con recomendaciones para mejorar y corregir aquellos aspectos que así lo requieran, ya que son subsanables y no inhabilitantes.
Ni hablar de los aspectos económicos que se vieron afectados por el "cierre a lo loco", tal como lo calificó el ministro de ambiente, dados los riesgos que ese cierre implicó. Y por más que quieran mal interpretar los enemigos de esta industria, la decisión que llevó a este mal cierre no elimina el derecho nacional de los panameños a explotar sus recursos minerales responsablemente, con transparencia y el visible y rastreable uso de las riquezas que se vayan generando, tal como lo establece la Constitución.
En esta etapa de discusiones positivas y toma de decisiones, los mineros van de la mano, unos con San Lorenzo, otros con Santa Bárbara y todos con la ciencia por un mejor Panamá.