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¿Fin del torrijismo?


El nuevo gobierno enfrenta un enorme reto derivado de las expectativas generadas en la población a consecuencia del "marketing" electoral, aspiraciones particulares y colectivas que chocan con la realidad objetiva y subjetiva del país. Es muy probable que en este quinquenio, además del gobierno de Torrijos, se produzca el colapso político de dicho apellido. Pero ello sería lo menos relevante, lo grave, políticamente, es la desaparición del torrijismo.
Dicha hipótesis se fundamenta en: La nueva administración presidencial debe atender la paradoja económica de un crecimiento económico del orden del 5% y un déficit fiscal que para mayo de 2004 ya era de B/. 593 millones, una deuda pública de B/. 9 mil millones, un sobregiro del gobierno en el Banco Nacional estimado en B/. 900 millones y una deuda flotante con proveedores de B/. 458 millones.
En el aspecto social, los indicadores son aterradores: La pobreza se incrementó de 37% en 1999 a 44% en el 2004, la extrema pobreza subió de 19% a 23%, el desempleo abierto se mantiene por el orden del 13% a costa de un aumento geométrico del subempleo y la precariedad salarial.
Mientras que desde la óptica subjetiva, las señales vienen dadas por sendos editoriales de dos de los más importantes medios de comunicación (11/08/2004 y 25/08/2004, respectivamente), empresas mediáticas donde algunos de sus directivos son aliados políticos del nuevo Jefe de Estado o prominentes dignatarios del gobierno. Se suman las medidas anunciadas por la nueva administración, particularmente, por el denominado "Gabinete Económico"; es decir, la modernización del status quo y la continuidad de las políticas neoliberales de "ajustes estructurales", reformas fiscales, reducción del tamaño del Estado, esto último, mediante el despido masivo; acciones que ya han sido calificadas de "duras" o "antipopulares" por algunos miembros del nuevo equipo gubernamental.
Nombrados los integrantes del Ejecutivo, se aprecia una correlación de fuerzas a favor de los fundamentalistas de mercado en el gobierno y, ello nos permite inferir que el "Gabinete Social" va a tener serios problemas en su desempeño.
Visualizamos dos escenarios posibles de una lucha política que se dará en dos niveles: Medidas "duras" económicas sin mitigación social, y disposiciones antipopulares con compensaciones sociales. Ambos contextos configuran una política neoliberal que serán confrontadas en el PRD y en el país por la sociedad civil.
En el seno del partido fundado por Omar, la lucha no se producirá en función de los principios social democráticos ni de la convicción torrijista; ya que no se puede olvidar que con el maniqueo argumento de "modernizar" al PRD, en los últimos años el liderazgo "cupulario" y unipersonal aceleró la desideologización y la destorrijización del colectivo; esto es, convertir al partido en uno tradicional, de gamonales y de clientela. En consecuencia, el deslinde político no se caracterizará por el combate ideológico sino por el desencanto que producirá la gran expectativa creada por el clientelismo y la demagogia del período electoral.
En el caso del país nacional, las cosas son más complejas, pero, los pronunciamientos de algunos actores políticos nos permiten aproximar estas teorías: La izquierda radical, dada su alta dosis de ideologización antisistémica, arremeterá contra el neoliberalismo sin haber clarificado un proyecto alternativo popular y la respectiva política de alianzas. Ello propiciará que los sectores más conservadores del poder impongan una política de represión policíaca; tal como ocurrió en los dos postreros mandos de la Policía Nacional. Ahora se estrena un banquero (graduado en la Academia militar de West Point) que en su primera comparecencia pública dijo no saber nada de seguridad pública, aunque probablemente sepa mucho de represión. Finalmente, los representantes locales del "capitalismo salvaje" -dentro y fuera del gobierno- se aprestan para ver pasar el cadáver político del torrijismo, al cabo del régimen.
A los demócratas-revolucionarios y torrijitas sólo les queda un camino: Convocar a las fuerzas auténticamente democráticas y humanistas de la sociedad civil para construir una alianza estratégica o alternativa popular de nueva nación, capaz de derrotar el proyecto salvaje y excluyente de la oligarquía neoliberal criolla, responsable directa del desmejoramiento -en los últimos 10 años- de la calidad de vida de la mayoría de los panameños. Disyuntiva cuyo modelo, visión o paradigma, en esta etapa de imperialismo global y planetario: es la lucha por una democracia participativa.
(*) Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT).

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