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Fragmentos de un mensaje final


Nuestra historia colonial nos señala que en el Istmo, desde inicios de este período, existía un sistema legal sujeto a rígidas reglamentaciones, cuyos fines eran el de consolidar el régimen jurídico colonial y con ello, descentralizar el poder real que emanaba de España.
Entre las tantas instituciones vigentes en nuestras colonias españolas, estuvo La Residencia, como práctica administrativa de cierto valor y que según nos dice el historiador C.H. Haring, era "un examen judicial de la conducta de un funcionario real en América, al término de su mandato".
Muchos de estos funcionarios "residenciados" sin embargo, si tenían amigos o allegados en la corte, podían evadir el Juicio de Residencia.
Este ejercicio judicial tendía a suprimir las venalidades, malversaciones e incumplimiento general de la Ley, por parte de los administradores locales.
Actualmente, dicha práctica ha caído en desuso en nuestro medio, debido a la complejidad de actividades que se desarrollan en un país y en lugar de ello, los altos funcionarios públicos con mando y jurisdicción, estilan clausurar su período administrativo, con un discurso o mensaje final en donde hacen un recuento sucinto de su labor.
Con la conclusión del período de gobierno del Sr. Pérez Balladares, éste emite mensaje al país sobre lo que según él conceptúa, en términos generales, fue una labor altamente fructífera para el Estado panameño.
Entre otras cosas, expresó en su discurso que "se iba con la frustración de no haber podido beneficiar más a la mayoría", agregaríamos a ello, que efectivamente fue así, por haberse dedicado a enriquecer aún más a la minoría en detrimento de aquella mayoría. Agrega además, sobre "los esfuerzos y desvelos de su esposa a favor de los más necesitados", no dice sin embargo, que tales tan divulgadas dadivosas contribuciones terminaron abruptamente días antes de la celebración del referéndum para su frustrada reelección.
De igual manera expone y ello es cierto, "que nunca clausuró un medio de comunicación", más sin embargo, dejó gravitando sobre la libertad de expresión cual espada de Damocles, los decretos mordaza contenidos en la ignominiosa Ley 11 de 10 de febrero de 1978.
En otro aparte de su discurso, acota que "deja un Panamá distinto, tranquilo y próspero". Planteamos que no es distinto, puesto que en la educación y en la salud, factores que equilibran y condicionan el desarrollo y la tranquilidad social, continúa la postración y el desasosiego. No comprendemos por otra parte, a qué tranquilidad se refiere el Sr. Pérez Balladares cuando justamente al abandonar la Presidencia, se producen manifestaciones callejeras de descontento, a raíz de sus últimas y maquiavélicas ejecutorias administrativas, amén de la intranquilidad generada debido a la campeante pobreza en la población y la justificada disconformidad de los sectores de producción agrícola a la cual ha hecho él deficitaria por la precipitada baja de aranceles. Tampoco puede ser un Panamá próspero, cuando el saldo de la deuda externa ha aumentado, sin observarse inversiones determinantes, dirigidas a la solución de los más apremiantes problemas que afectan nuestra sociedad.
Finalmente, concluye señalando en su alocución que "aguarda tranquilo el dictamen final de la historia". Seguro que se hará, censurando su prepotencia y falta de humildad, por más lágrimas que hubiese derramado al final de su mandato.

101 años de Panamá América

 
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