"Gases que matan" a "niveles peligrosos en Panamá". ¿Qué hacer?
En tales circunstancias, ¿debemos cruzarnos de brazos y asumir una actitud indiferente? Para la operación adecuada de un sistema de gestión ambiental que reduzca los riesgos de enfermedades por la contaminación del aire, cuya gravedad se asocia cada vez más con el cáncer, es necesario integrar elementos administrativos que, coordinadamente, permitan controlar los efectos nocivos de la contaminación. Se requiere una nueva normativa ambiental, sin limitaciones y para conseguir el cumplimiento de las normas, de sistemas de medición y monitoreo complementarios.
Las alarmas del deterioro de la calidad ambiental surgen del trabajo, que amparado en la Ley 36 de 1996 ejecuta el IEA (Instituto Especializado de Análisis); sin embargo, el monitoreo debe ser más amplio, incluyendo las emisiones vehiculares directas, así como la evaluación continua de la calidad de los combustibles importados.
Ya que los vehículos de gasolina nuevos importados deben disponer de catalizadores, y que en nuestras calles y avenidas la más latente y grosera contaminación que percibimos proviene de vehículos diesel, conviene establecer prioritariamente el control de contaminación de éstos últimos.
Una de las formas de reducir la contaminación por partículas en los vehículos diesel es mediante el uso de dispositivos que, para su operación, requieren que el contenido de azufre en el diesel sea muy inferior al actual diesel importado, lo cual conforme a las directrices del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) vigentes desde 1996 es de .5 % o 5000 partes por millón de azufre.
Se espera que en los próximos años, los vehículos diesel importados que dispongan de equipos de control de contaminación no podrán operar con los porcentajes de azufre existentes actualmente y se deteriorarán al ser expuestos a un combustible de la calidad del actual diesel consumido en Panamá, inclusive con otros agravantes operativos.
Reducir el porcentaje de azufre en el diesel, disminuye, igualmente, la contaminación proveniente de los óxidos de azufre, responsables de la "lluvia ácida" y también afectan el sistema respiratorio, tal como ocurriera a nivel de epidemia hace algunas décadas en Japón, forzando como respuesta la reducción sustancialmente del contenido de azufre en sus combustibles.
A pesar de que la tecnología para reducir el contenido del azufre en combustibles está disponible y a costos razonables, por lo regular los procesadores de petróleo, necesitan recibir las directrices y el mandato de los organismos reguladores.
Al representar a la SPIA (Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos) en el VI Encuentro de Unidades Ambientales Latinoamericanas del Sector Transporte, que se efectuó a inicios de diciembre de 2003, sugerimos la conveniencia de que fuese exigido globalmente por los países de la región latinoamericana, viabilizando así por consenso un mejor combustible para nuestros países.
Alternativamente, si no se logra la reducción del contenido de azufre en el diesel, convendría desestimular el consumo de éste, por lo menos, para los vehículos privados, por la vía de la penalización fiscal, ya fuere por el incremento en el arancel de importación de vehículos operados con este combustible o por el incremento en el impuesto del mismo.
Otro grave problema asfixiante es el congestionamiento de autos. Como referencia, veamos lo expuesto en el estudio del Banco Mundial, en el cual se expresa que una reducción de los "tranques" en las horas pico y una reducción de la contaminación de 20 %, genera beneficios en salud por el orden de 400 millones a 1.5 billones de dólares y en un 10 % de tranques, un ahorro en productividad del orden de 400 millones, en una ciudad como Bangkok (cinco millones de habitantes y 514,000 kilómetros cuadrados).
Atendiendo a esta otra faceta del problema de contaminación, se sugiere la planificación y construcción de una "red de pasos elevados ", eficaz y técnicamente concebidos. No se deben reiterar errores del pasado, como ejemplo, el paso elevado de San Miguelito, que por sus deficiencias en diseño de distribución direccional, omitiendo la construcción de vías alternas, se recurrió a semáforos, provocándose entonces tranques interminables en la espera de que algún día se resuelva este tipo de problemas que afecta incesantemente a los ciudadanos, víctimas de estos exabruptos políticos. Conviene, igualmente, para aliviar los "tranques automovilísticos", el empleo de sistemas masivos de transporte, por lo que estos pasos elevados vehiculares deben contemplar la debida asignación de carriles para el uso exclusivo del transporte masivo, tal como el ejemplo, del estilo del transmilenio.
En fin, los problemas de contaminación del aire y del tráfico vehicular en la ciudad de Panamá, se agravan. Por ello, necesitamos generar soluciones inteligentes urgentes.
Las alarmas del deterioro de la calidad ambiental surgen del trabajo, que amparado en la Ley 36 de 1996 ejecuta el IEA (Instituto Especializado de Análisis); sin embargo, el monitoreo debe ser más amplio, incluyendo las emisiones vehiculares directas, así como la evaluación continua de la calidad de los combustibles importados.
Ya que los vehículos de gasolina nuevos importados deben disponer de catalizadores, y que en nuestras calles y avenidas la más latente y grosera contaminación que percibimos proviene de vehículos diesel, conviene establecer prioritariamente el control de contaminación de éstos últimos.
Una de las formas de reducir la contaminación por partículas en los vehículos diesel es mediante el uso de dispositivos que, para su operación, requieren que el contenido de azufre en el diesel sea muy inferior al actual diesel importado, lo cual conforme a las directrices del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) vigentes desde 1996 es de .5 % o 5000 partes por millón de azufre.
Se espera que en los próximos años, los vehículos diesel importados que dispongan de equipos de control de contaminación no podrán operar con los porcentajes de azufre existentes actualmente y se deteriorarán al ser expuestos a un combustible de la calidad del actual diesel consumido en Panamá, inclusive con otros agravantes operativos.
Reducir el porcentaje de azufre en el diesel, disminuye, igualmente, la contaminación proveniente de los óxidos de azufre, responsables de la "lluvia ácida" y también afectan el sistema respiratorio, tal como ocurriera a nivel de epidemia hace algunas décadas en Japón, forzando como respuesta la reducción sustancialmente del contenido de azufre en sus combustibles.
A pesar de que la tecnología para reducir el contenido del azufre en combustibles está disponible y a costos razonables, por lo regular los procesadores de petróleo, necesitan recibir las directrices y el mandato de los organismos reguladores.
Al representar a la SPIA (Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos) en el VI Encuentro de Unidades Ambientales Latinoamericanas del Sector Transporte, que se efectuó a inicios de diciembre de 2003, sugerimos la conveniencia de que fuese exigido globalmente por los países de la región latinoamericana, viabilizando así por consenso un mejor combustible para nuestros países.
Alternativamente, si no se logra la reducción del contenido de azufre en el diesel, convendría desestimular el consumo de éste, por lo menos, para los vehículos privados, por la vía de la penalización fiscal, ya fuere por el incremento en el arancel de importación de vehículos operados con este combustible o por el incremento en el impuesto del mismo.
Otro grave problema asfixiante es el congestionamiento de autos. Como referencia, veamos lo expuesto en el estudio del Banco Mundial, en el cual se expresa que una reducción de los "tranques" en las horas pico y una reducción de la contaminación de 20 %, genera beneficios en salud por el orden de 400 millones a 1.5 billones de dólares y en un 10 % de tranques, un ahorro en productividad del orden de 400 millones, en una ciudad como Bangkok (cinco millones de habitantes y 514,000 kilómetros cuadrados).
Atendiendo a esta otra faceta del problema de contaminación, se sugiere la planificación y construcción de una "red de pasos elevados ", eficaz y técnicamente concebidos. No se deben reiterar errores del pasado, como ejemplo, el paso elevado de San Miguelito, que por sus deficiencias en diseño de distribución direccional, omitiendo la construcción de vías alternas, se recurrió a semáforos, provocándose entonces tranques interminables en la espera de que algún día se resuelva este tipo de problemas que afecta incesantemente a los ciudadanos, víctimas de estos exabruptos políticos. Conviene, igualmente, para aliviar los "tranques automovilísticos", el empleo de sistemas masivos de transporte, por lo que estos pasos elevados vehiculares deben contemplar la debida asignación de carriles para el uso exclusivo del transporte masivo, tal como el ejemplo, del estilo del transmilenio.
En fin, los problemas de contaminación del aire y del tráfico vehicular en la ciudad de Panamá, se agravan. Por ello, necesitamos generar soluciones inteligentes urgentes.