Globalización, mercado laboral y candidatos presidenciales
En los últimos 14 años, la cesantía en Panamá no ha bajado de los dos dígitos, siendo en el presente, según cifras oficiales, de 13%, aunque estadísticas particulares la colocan en 16%; mientras que, por otro lado, la suma del desempleo abierto y el subempleo es de 25%. Si a los montos relativos de la inactividad laboral involuntaria le agregamos el 40% de la población panameña que vive en condiciones de pobreza, y le adicionamos el hecho de que los empleos generados en este mismo período son de suma precariedad, es lógico que la sociedad en su conjunto perciba la desocupación y la pobreza como las más graves calamidades sociales que debe enfrentar el futuro Presidente de la República.
Sin embargo, todo intento de interpretación de la dimensión del drama de los istmeños pasa, indiscutiblemente, por el tamiz de la globalización. No es cierto, como algunos erróneamente piensan, que la crisis económica y social que ha vivido el país en la postrera década del siglo pasado y albores del presente, es consecuencia de las arbitrariedades de los militares o de las repercusiones de la cruenta invasión militar estadounidense de 1989 o de los desaciertos de la joven democracia.
En todo caso, dichos eventos se inscriben en la lógica de un desarrollo más universal; esto es, en la lógica de la globalización. Y, ¿qué es la globalización? Aunque es un fenómeno que afecta la vida cultural, política, social, económica y el ecosistema de todos los rincones de la tierra, desde la perspectiva económica, ésta se puede definir como "la etapa actual por la que atraviesa el capitalismo mundial". Ciclo que se inicia a fines de la década del 60 e inicios del 70 del siglo pasado y que se caracteriza, entre otras cosas, por ser una "etapa de crecimiento lento", por la transnacionalización de la economía, centralización del capital, desconcentración territorial de los procesos productivos, externalización y desterritorialización de los procesos productivos y la flexibilización del mercado laboral. Esa nueva modalidad de acumulación capitalista a escala planetaria obedece fundamentalmente al lento crecimiento de la economía mundial y su respectiva tendencia a la disminución de las ganancias, que originan, a su vez, una competencia salvaje entre las empresas transnacionales. Como consecuencia de esta nueva crisis estructural del capitalismo global, dichas empresas -a objeto de maximizar las ganancias- se abocan a la disminución de sus costos de producción. Y como los costos fijos vienen prácticamente dados, recurren al camino fácil de abaratar los costos variables, o lo que es igual, los costos salariales.
¿Cómo se expresa la globalización en Panamá? Como hemos mencionado ya, la globalización en su etapa actual comprende un período relativamente largo, desde finales de 1960 hasta nuestros días, en medio del cual se han producido otras crisis cíclicas de más corta duración, por ejemplo, la insolvencia de 1974-1976, mejor conocida como crisis del petróleo o fase de endeudamiento. A propósito, Panamá pasó de una deuda en 1968 de 250 millones de dólares a más cinco mil millones de dólares a mediados de 1970. El otro gran desequilibrio de la economía planetaria fue el de 1982. Con la primera se iniciaron los "ajustes estructurales"y, con la segunda, la costosa deuda económica y social, así como también la denominada "década perdida" en América Latina.
En Panamá, la economía nacional es sometida a nuevos ajustes estructurales y a la reestructuración de la deuda externa, cada vez más onerosa para la ciudadanía y de forma particular para los asalariados y más pobres; dejando poca capacidad a la economía para producir nuevos empleos en calidad y cantidad suficientes. Y aunque parezca patético, sin la correspondiente síntesis de la crisis de la globalización y su repercusión en el terruño patrio, sin el debido debate crítico y sin la adecuada discusión académica, la intelectualidad panameña entregó sus "armas" al neoliberalismo criollo. Este último, expresión ideológica del proyecto de globalización que sustenta una visión hegemónica que explica, justifica y empuja el "capitalismo salvaje" y la exclusión social.
Así se inició en nuestro país el desmantelamiento del Estado keynesiano (privatización de las empresas de energía eléctrica y de teléfonos, de los puertos, del ferrocarril, eliminación de las jubilaciones especiales de los educadores y de otros servidores públicos, eliminación de los aranceles, la flexibilización del mercado de trabajo mediante las modificaciones del Código de Trabajo, etc.)
Por ello resulta sumamente importante que los trabajadores, y en particular los líderes de las asociaciones sindicales, presten puntual atención a los programas electorales de los candidatos a la presidencia de la República, sobre todo, en lo relativo a las políticas de empleo. Observar si los proyectos que impulsan, impugnan la forma en que la globalización se concretó en Panamá o si, por el contrario, la defienden e intentan profundizarla. Porque ahora se sabe, sin duda, que la llamada flexibilización del mercado laboral, supuestamente, para mejorar la competitividad del país e impulsar la inversión extranjera, no es más que el eufemismo detrás del cual se oculta el interés de las empresas transnacionales para aumentar sus tasas de ganancias, por la vía exclusiva de la disminución del salario base y del aumento del salario variable, de la prolongación de la jornada de trabajo, del reemplazo de trabajadores antiguos por jóvenes y más "baratos", de la implementación de legislaciones especiales de trabajo como la de la zona económica de Howard, del aumento del empleo informal y de la precariedad laboral. ¡Así de sencilla es la cosa! *Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT).
Sin embargo, todo intento de interpretación de la dimensión del drama de los istmeños pasa, indiscutiblemente, por el tamiz de la globalización. No es cierto, como algunos erróneamente piensan, que la crisis económica y social que ha vivido el país en la postrera década del siglo pasado y albores del presente, es consecuencia de las arbitrariedades de los militares o de las repercusiones de la cruenta invasión militar estadounidense de 1989 o de los desaciertos de la joven democracia.
En todo caso, dichos eventos se inscriben en la lógica de un desarrollo más universal; esto es, en la lógica de la globalización. Y, ¿qué es la globalización? Aunque es un fenómeno que afecta la vida cultural, política, social, económica y el ecosistema de todos los rincones de la tierra, desde la perspectiva económica, ésta se puede definir como "la etapa actual por la que atraviesa el capitalismo mundial". Ciclo que se inicia a fines de la década del 60 e inicios del 70 del siglo pasado y que se caracteriza, entre otras cosas, por ser una "etapa de crecimiento lento", por la transnacionalización de la economía, centralización del capital, desconcentración territorial de los procesos productivos, externalización y desterritorialización de los procesos productivos y la flexibilización del mercado laboral. Esa nueva modalidad de acumulación capitalista a escala planetaria obedece fundamentalmente al lento crecimiento de la economía mundial y su respectiva tendencia a la disminución de las ganancias, que originan, a su vez, una competencia salvaje entre las empresas transnacionales. Como consecuencia de esta nueva crisis estructural del capitalismo global, dichas empresas -a objeto de maximizar las ganancias- se abocan a la disminución de sus costos de producción. Y como los costos fijos vienen prácticamente dados, recurren al camino fácil de abaratar los costos variables, o lo que es igual, los costos salariales.
¿Cómo se expresa la globalización en Panamá? Como hemos mencionado ya, la globalización en su etapa actual comprende un período relativamente largo, desde finales de 1960 hasta nuestros días, en medio del cual se han producido otras crisis cíclicas de más corta duración, por ejemplo, la insolvencia de 1974-1976, mejor conocida como crisis del petróleo o fase de endeudamiento. A propósito, Panamá pasó de una deuda en 1968 de 250 millones de dólares a más cinco mil millones de dólares a mediados de 1970. El otro gran desequilibrio de la economía planetaria fue el de 1982. Con la primera se iniciaron los "ajustes estructurales"y, con la segunda, la costosa deuda económica y social, así como también la denominada "década perdida" en América Latina.
En Panamá, la economía nacional es sometida a nuevos ajustes estructurales y a la reestructuración de la deuda externa, cada vez más onerosa para la ciudadanía y de forma particular para los asalariados y más pobres; dejando poca capacidad a la economía para producir nuevos empleos en calidad y cantidad suficientes. Y aunque parezca patético, sin la correspondiente síntesis de la crisis de la globalización y su repercusión en el terruño patrio, sin el debido debate crítico y sin la adecuada discusión académica, la intelectualidad panameña entregó sus "armas" al neoliberalismo criollo. Este último, expresión ideológica del proyecto de globalización que sustenta una visión hegemónica que explica, justifica y empuja el "capitalismo salvaje" y la exclusión social.
Así se inició en nuestro país el desmantelamiento del Estado keynesiano (privatización de las empresas de energía eléctrica y de teléfonos, de los puertos, del ferrocarril, eliminación de las jubilaciones especiales de los educadores y de otros servidores públicos, eliminación de los aranceles, la flexibilización del mercado de trabajo mediante las modificaciones del Código de Trabajo, etc.)
Por ello resulta sumamente importante que los trabajadores, y en particular los líderes de las asociaciones sindicales, presten puntual atención a los programas electorales de los candidatos a la presidencia de la República, sobre todo, en lo relativo a las políticas de empleo. Observar si los proyectos que impulsan, impugnan la forma en que la globalización se concretó en Panamá o si, por el contrario, la defienden e intentan profundizarla. Porque ahora se sabe, sin duda, que la llamada flexibilización del mercado laboral, supuestamente, para mejorar la competitividad del país e impulsar la inversión extranjera, no es más que el eufemismo detrás del cual se oculta el interés de las empresas transnacionales para aumentar sus tasas de ganancias, por la vía exclusiva de la disminución del salario base y del aumento del salario variable, de la prolongación de la jornada de trabajo, del reemplazo de trabajadores antiguos por jóvenes y más "baratos", de la implementación de legislaciones especiales de trabajo como la de la zona económica de Howard, del aumento del empleo informal y de la precariedad laboral. ¡Así de sencilla es la cosa! *Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT).